domingo, 14 de septiembre de 2014

BUENOS DÍAS, LAGO KHOVSGOL




 
El lago Khovsgol nos dio los buenos días. Habíamos llegado después de diecisiete horas de viaje en furgoneta colectiva desde Ulan Bator hasta Moron, más otro tramo de dos horas y media hasta Khatgal, la población a orillas del lago. En Mongolia cuando se acababa el asfalto las carreteras eran pistas de tierra en mal estado, y el trayecto se convertía en una batidora de huesos.
Nos alojamos en una coqueta y sencilla cabaña de madera con estufa de carbón, que encendimos, y dormimos doce horas seguidas. El baño estaba en otra cabaña exterior y era ecológico, a falta de cisterna había que echar una pala de serrín


 
Lo llamaban la Perla Azul de Mongolia, y estaba considerado el hermano menor del lago Baikal, con sus 23 millones de años de antigüedad. Estaba rodeado de altas montañas y sus aguas eran profundas y claras. Además era el segundo lago de Mongolia, con 2.760 km2 y estaba repleto de peces como el esturión, que vendían en salazón.
Decidimos coger un barco tipo ferry atracado en el muelle, que llegaba a Khank a 20km. de la frontera rusa. Subimos a bordo con varias familias de mongoles, algunos nos pidieron que posáramos con ellos para sus fotos, les resultábamos exóticos. Entre la tripulación estaba una señora gordita madura, uniformada con gorra de plato, a quien bautizamos “la Capitana”. Más tarde, la Capitana hizo de animadora del trayecto, y micrófono en mano animó a los pasajeros a cantar. Uno de esos momentos naïfs de los viajes.


 
El barco navegó hacia el norte del lago y contemplamos en las orillas los campamentos de blancas gers, las tiendas tradicionales de los nómadas. El paisaje era verde y casi alpino, montañas y colinas salpicadas de bosques de abetos. Por algo llamaban a la región de Khovsgol la Suiza de Mongolia. El agua azul brillaba con los rayos de sol intermitente. Cerca del lago pastaban rebaños de ovejas y enormes yaks de pelo largo, como en el Tibet. En Mongolia, con una superficie equivalente a casi tres veces la superficie de España y una población de menos de tres millones de habitantes, había más animales que personas. Un territorio solitario y misterioso.
 
© Copyright 2012 Nuria Millet Gallego

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