domingo, 22 de enero de 2017

LAS CHIMENEAS DEL LAGO ABBÉ



 

El paisaje era desértico, con algunos matojos esparcidos rodando al viento, pedreras y acacias aisladas. Encontramos algún camello y rebaños de corderos o cabras de los nómadas. La carretera cruzaba dos extensas llanuras que en su día fueron una lago, las llamaban la Grand Barre y Le Petit Barre. Tenían 27km. de largo y 12km. de ancho.  El Toyota cruzó sobre la Grand Barre de arcilla blanca seca y agrietada bajo el sol del desierto. Paramos y comprobamos que la superficie era dura, estable para conducir. Las grietas formaban dibujos geométricos, un puzzle que no debería haberse formado. 






La primera imagen fue una franja de formaciones rocosas picudas, siluetas extrañas recortadas contra el cielo. Nos aproximamos y nos rodearon las chimeneas del Lago Abbé. Caminamos entre ellas, admirando las extrañas formas de las rocas. Decían que era como una porción de paisaje lunar. En la puesta de sol una luz anaranjada, casi irreal, envolvió las chimeneas picudas. Dormimos en un curioso y sencillo campamento con chozas de esteras de cáñamo, tomamos té de canela y contemplamos el firmamento estrellado.




Al día siguiente nos levantamos temprano para contemplar la salida del sol entre las chimeneas. El paisaje era volcánico, con piedra oscura y porosa de lava. En las grietas de las rocas surgían riachuelos subterráneos de agua hirviente con burbujas. Alguna chimenea se elevaba más de 50m. de altura. La luz dorada bañó las aristas de las rocas picudas. Vimos varias fumarolas con el agua hirviente burbujeante. Para que se formara más humareda Alí echaba humo de un cigarrillo; debía producirse una reacción porque al instante se formaban nubes sulfurosas. Gran parte del Lago Abbé estaba seco y la superficie del suelo estaba cubierta de una costra de sal blanca, caminábamos por el lecho del lago. Nos llevamos un recuerdo imborrable de las picudas chimeneas del Lago Abbé.




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