sábado, 4 de octubre de 2014

APOCALIPSIS MAO

 



En el centenario del nacimiento de Mao Zedong, Manuel Leguineche aportó su visión de la China actual en su libro "Apocalipsis Mao", una mirada actual contemplando el pasado. El libro se editó en 1993, lo leí con interés y posteriormente viajé a China, uno de mis grandes países míticos.  China, la nación más grande de la tierra después de la antigua Rusia y Canadá, y la única que se ha mantenido unida desde hace tres mil años.

Quiero reflejar aquí algunas de las lúcidas observaciones de Leguineche.

Crítica de Mao y de la “Maolatría”:

“Mao ha envejecido mal, aunque el mito resiste (...) Fue un dictador como Stalin (...) No hizo sino frenar la evolución de China (...) Convenció a los chinos de que no había salvación fuera del dogma. Receloso de los modelos occidentales, saturó el país con el culto a su personalidad (...) Atropelló todos los derechos humanos (...) Mao es hoy una chapa de hojalata más que una doctrina, un talismán, un fetiche, más que una ideología, una curiosidad más que una ideología, una curiosidad más que una militancia (...) Frente a Mao, China ríe con un ojo y llora con el otro (...) El péndulo chino se mueve entre el “Mao que ha cometido errores pero ha sido el revolucionario más grande de la historia de China” y el “Mao ha sido una gran revolucionario, pero ha cometido errores”

“Pasar de política, ser muy bueno  profesionalmente y llevar una vida cómoda eran las tres herejías. Mao condena el hedonismo, las tentaciones materiales”.

Crítica a los Guardias Rojos:

“Asesinos a sueldo del maoísmo, con licencia para torturar y matar” “Prohíben la ducha porque es burguesa, condenan la masturbación porque apaga el celo revolucionario” “No estaban de acuerdo con que en los semáforos el rojo sea el color del stop. Por eso pretendían que el verde fuera el rojo, y el rojo, verde. Los vehículos debían detenerse en el verde y seguir adelante en el rojo por respeto al orden revolucionario”

- Consejos publicitarios: armonía familiar, control de nacimientos, educación de los hijos y unión con los camaradas.

- Los chinos bebían licor de arroz en los cráneos de sus enemigos, y los montones de orejas cortadas, atadas de dos en dos, las transportaban a lomo de mulos.

 Y una última idea final:

“La fuerza convence provisionalmente, la idea encadena para siempre.”

Desde este modesto rincón quiero agradecer a Manu Leguineche su mirada sobre la China milenaria. Él fue un auténtico viajero vocacional, un pionero de su época, y supo contar y reflejar lo que vivió. Creo que merece más reconocimiento del que tiene.

Apuesto por la fuerza de las ideas, pero no las ideas de partidos, de religiones o de sectas; sino por las ideas que hacemos propias, por el pensamiento crítico individual ante el tiempo que nos ha tocado vivir.

Un beso, Manu.
 
 
 
© Copyright 2011 Nuria Millet Gallego
 

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