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domingo, 7 de junio de 2026

TIMOR-LESTE

Teníamos curiosidad por conocer el pequeño país de Timor-Leste o Timor Oriental, que se independizó de Indonesia en 2002. Llegamos en un vuelo de Air Dili (la aerolínea local) desde Singapur, un trayecto de 4h.

Dili es la capital de Timor-Leste, con casas bajas y calles amplias. Es agradable su paseo marítimo que llaman la Costanera, bordeado de palmeras, junto al azul mar de Timor. Vimos la línea de costa desde un ferry.



Visitamos el Mercado de tais, los tejidos tradicionales de algodón, hechos a mano y con tinturas naturales.  Aunque también hay otros mas económicos con materiales sintéticos. Los tejen las mujeres solo en temporada seca. 

Se utilizan en ceremonias importantes como nacimientos y funerales. Cuando alguien muere es tradición que se le entierre envuelto en un tai. Y se usan como faldas, vestidos, cinturones o cruzados en el cuerpo. Por su importancia cultural los tais fueron declarados Patrimonio de la Humanidad.



Circulan pequeñas y coloridas furgonetas locales que llaman Mikrolets, de 25 plazas. Algunos también las llaman en portugués aluguer. 

La arquitectura de Dili no es nada destacable, solo vimos alguna casa colonial aislada y el Palacio Presidencial. Hay alguna iglesia como la Catedral de la Concepción y la Iglesia San Motael.



El  Cristo Rey es un símbolo de la ciudad y un buen mirador. Se asciende por 570 escalones y pasando las 14 estaciones de un Vía Crucis. Y el Museo de la Resistencia muestra los 24 años de lucha contra la ocupación indonesia, desde la llegada de las tropas en 1975, hasta el referéndum de 1999 y las masacres que hubo en medio. No pudimos ver ninguno de los dos por falta de tiempo y los horarios no nos fueron favorables. Otra vez será.

Al día siguiente fuimos a Baucau en Mikrolet. El trayecto es de 123km y tardamos unas tres horas en recorrerlo.



Baucau es un pueblo-ciudad, es la segunda ciudad de Timor-Leste, con casas bajas entre vegetación tropical y ambiente tranquilo de pueblo. En el entorno hay palmeras, plataneros y grandes árboles con lianas colgantes. Se conservan algunas casas coloniales, del periodo colonial portugués, pero son pocas y hay que buscarlas. 

El Antiguo Mercado es una de ellas, con arcos en la fachada y dos plantas. Resultó destruido durante el conflicto indonesio, lo habían restaurado y pintado de amarillo, pero estaba cerrado con una verja.




La Pousada Baucau es otra de las casas coloniales bonitas, con doble escalinata, arcos y pintada de salmón rosado. Es un lugar histórico, fue construida en 1960 por un hombre de negocios portugués, Jose Ricardo. Se usó como fábrica de jabón, y durante la ocupación indonesia se usó como barracón militar. Después cambió el nombre a Hotel Flamboyán y se utilizó como centro de detención entre 1975 y 1979, cuando hubo muchos desaparecidos.

En la actualidad se ha transformado en un hotel con encanto. Nos instalamos en la sombra de su terraza ajardinada a tomar algo, descansar y escribir.




Otro día fuimos a la isla Atauro en el Ferry Succes, con salida los martes a las 8h y regreso el mismo día a las 15h, por 5$. Los jueves y sábados sale el Dragon Boat, y los sábados, cuando van más locales a pasar el día, también el Nakroma. El trayecto dura entre 2,5-3h. Avistamos la silueta de la isla, bastante montañosa, con verdes picos.




Al desembarcar vemos una bonita playa junto al Puerto. Paseamos por la costanera con palmeras. Y buscamos un lugar donde organizaran el snorkel y nos alquilaran la máscara con tubo y las aletas; lo encontramos en el Atauro Dive Resort. También organizan buceo con bombona. El tour con el barco y el material nos cuesta 65$ los dos.



El Atauro Dive Resort está frente al mar y tiene bonitas cabañas entre jardines. Cuesta 50$. Nuestro barquero se llama Marcelo y su barca es azul con dos maderos laterales estabilizadores, habituales en estas latitudes.



El agua es transparente color turquesa, con tonalidades azules y verdosas. La zona de inmersión está muy próxima a la costa. Nos sumergimos y entramos en el maravilloso mundo subacuático. Hay gran variedad de corales, los tubulares, ramificados, con forma de laberinto, valvas succionadoras, corales tipo esponja mullidos, etc.


Los peces abundan, nadan entre los corales y se esconden en las cavidades. Tienen gran colorido: amarillos, verdes, azules, naranjas con rayas negras. Vemos dos peces payaso rojos con rayas blancas, posados junto a una anemona. Los corales están a poca profundidad y se extienden por una franja del mar. Nadamos sobre ellos, recorriéndolos y bordeándolos, hasta la zona más profunda donde la pared se inclina. Nos alejamos de la barca, pero Marcelo nos vigila. 

Lástima que no llevamos cámara submarina, otras veces hemos utilizado una desechable de Fotoprix, con buenos resultados. Los peces y corales que vimos nos recuerdan el snorkel de Malaysia. Fue fantástico, volvimos eufóricos. Para nosotros isla Atauro es lo mejor de Timor-Leste. Estuvimos poco tiempo, pero recordaremos todos los lugares de Timor y la sonrisa de los timorenses.




jueves, 23 de noviembre de 2023

NADANDO ENTRE TORTUGAS EN CABO VERDE


En  la Isla Sao Vicente nos esperaba otra sorpresa del viaje. En la playa de Sao Pedro, cerca de Mindelo, tuvimos la oportunidad de ver y nadar entre tortugas. Contratamos una excursión con Dilson. Le preguntamos si era temporada para verlas y dijo que estaban todo el año. Éramos un poco escépticos, pero Dilson tenia razón y superó todas nuestras expectativas.

La barca de unos pescadores nos llevó hasta unas boyas, no muy alejadas de la costa. Las vimos nadando en la superficie. El barquero les tiró pescado troceado y aparecieron un grupo de cinco o seis tortugas grandes nadando junto a la barca.



Nos colocamos la máscara y tubo y nos sumergimos. Fue increíble. Las tortugas nadaban a nuestro alrededor muy cerca, sin temernos, y a veces nos rozaban.

Los caparazones eran marrón dorado y tenían la piel de cabeza y aletas con un dibujo reticulado. La cabeza era pequeña comparada con el caparazón. Nos dijeron que no tocáramos la cabeza para evitar mordiscos. Ellas nos rozaban con las aletas, como jugando con nosotros. 


Dilson nos prestó una funda impermeable para el movil, y pudimos hacer fotos y vídeo, aunque la pantalla no me obedecía del todo, tal vez entró aire. 

Se acercaban y alejaban con su movimiento de aletas ondulante, nadando entre otros peces rayados, con el fondo azul del mar. En el silencio submarino nos parecía oir los sonidos de su deslizamiento. Al fondo vimos una manta raya. Fue una gran experiencia viajera, la disfrutamos mucho. 





Por la tarde visitamos el Faro de playa Sao Pedro y hablamos con el farero, que llevaba siete años trabajando allí. Nos dejó subir por la escalera de caracol y desde allí contemplamos la puesta de sol. 



jueves, 2 de febrero de 2017

LA ISLA MOUCHA



Junto a la costa de Djibouti, estaba la pequeña Isla Moucha, a media hora en barca desde la capital. Era una agradable excursión de fin de semana para los escasos turistas y las familias francesas que residían allí. La infraestructura en la isla en la época que fuimos era cero. Ningún hotel ni ningún restaurante o bar. Tenías que llevar tus propias bebidas y víveres para pasar el día. 

Fuimos al Muelle de Pescadores que estaba muy ambientado. Algunos vendían pescado fresco, como dos grandes rayas. Otros compraban khat a horas tempranas, tal vez por ser viernes, día festivo. Contratamos una barca sencilla, sin toldillo, blanca por fuera y azul por dentro. El mar estaba azul y muy calmado, la superficie totalmente lisa. Hacía calor y agradecimos la brisa al navegar. Fue un trayecto corto, de media hora.



La Isla Moucha era una franja de arena dorada con algunos arbustos. El mar tenía tonos azul verdosos y era translúcido. Una buena zona para hacer buceo con tubo, aunque se conservaban pocos corales. No era de las playas más bonitas que habíamos visto pero tenía encanto. Había varias barcas ancladas que había llevado a familias francesas residentes a pasar el día o el fin de semana. Traían sus neveras y víveres, y hacían barbacoas de pescado. Los que se quedaban a dormir tenían tiendas y carpas con colchonetas, no había infraestructura. 



Nos instalamos en el pareo a la sombra de una roca que formaba una pequeña gruta. En seguida nos dimos un buen baño. El agua estaba deliciosa y tenía tonalidades verde esmeralda. Se veían los corales más oscuros. Curioseamos un poco por la isla, que tenía rincones bastante fotogénicos, y permanecimos en remojo como garbanzos casi todo el tiempo. En un cobertizo con mesa de picnic tomamos nuestros víveres, y tras el último baño regresamos al bote y a Djibouti. Aquellas eran las escapadas de fin de semana de los militares y familias francesas que residían en Yibuti. Nos imaginábamos su vida allí, no sería fácil, sobre todo en los meses de verano cuando la temperatura alcanzaba los 45º a la sombra (hasta 60º en ocasiones). Eso había hecho al país merecedor del sobrenombre de “el infierno”. Pero habíamos ido en una buena época, el invierno africano, con máximas de 30º y mínimas de 22º. Para nosotros Djibouti no fue ningún infierno; al contrario, disfrutamos de su gente y sus paisajes, el país tenía mucho que ofrecer.




© Copyright 2017 Nuria Millet Gallego

miércoles, 13 de abril de 2016

GUARDALAVACA Y OTRAS PLAYAS CUBANAS

 

Como resistirse a visitar un lugar llamado Guardalavaca. El nombre nos llamó la atención y fuimos para allá. Además leímos en la guía que Colón describió aquel tramo de la costa como el lugar más hermoso en el que se habían posado sus ojos, con playas tropicales, frondosas colinas verdes y arrecifes coralinos con abundante vida marina. Guardalavaca era más extenso que Varadero y menos aislado que Cayo Coco. 



El arrecife estaba a 200m de la costa y había 32 enclaves de buceo accesibles en barco, con grutas, pecios y formaciones coralinas. Una descripción atractiva.

La playa tenía arena blanca fina, palmeras, arbustos casuarinas y mar verde azul translúcido. Nos instalamos con el pareo a la sombra de uno de los arbustos de tronco retorcido. El baño refrescante en aquellas aguas transparentes fue una delicia. Había algunas familias cubanas bañándose y haciendo picnic bajo los árboles. En el pasado los cubanos no tenían permitida la entrada a Guardalavaca.

Al día siguiente fuimos a Playa Esmeralda y Playa Pesquero, que estaban adyacentes. Fuimos en guagua, el bus que conectaba las playas por 5 pesos. Playa Pesquero no era más bonita que Guardalavaca, y tenía más gente, más hamacas y más parasoles de cañizo. 

Playa Esmeralda nos enamoró. Sus aguas tenían ese color esmeralda o verde turquesa. Las familias hacían picnic instaladas bajo la sombra de los árboles, con sillas y tumbonas. Comían, bebían, dormían la siesta y pasaban el día allí.

Desde Camagüey fuimos a Playa Santa Lucía, otra de nuestras favoritas. Era una playa larga con algas. Nos dijeron que antes las limpiaban, pero ya no se hacía por motivos ecológicos. Cubría poco y en algunos lugares las algas dejaban un claro circular, como una piscina. Hicimos buceo con tubo en la zona de corales. Salimos en un pequeño catamarán.

El buceo en Playa Santa Lucía fue fantástico. Los peces más abundantes eran amarillos con franjas negras y verdes con la cola azul. Vimos estrellas de mar y corales. Había corales lilas ramificados o en abanico, corales de dedo, y corales con forma de cerebro o laberintos. Los corales amarillos de fuego recibían ese nombre porque al tocarlos producían una quemadura muy intensa.  





Al día siguiente fuimos a Playa los Cocos en una carreta de caballos. Era preciosa, con bastantes palmeras cocoteras. El mar era como una acuarela de tonos azules y verde transparente. Disfrutamos un montón del baño y descansamos en el pareo extendido a la sombra de una palmera. Al otro extremo se veía el Faro Colón en el Cabo Sabinal.

Pepito, el cochero, nos habló de una zona donde podía hacerse buceo sin barco, viendo peces y los restos de un barco naufragado. El pecio estaba a pocos metros de la costa, en una zona que no cubría. Fue una sorpresa descubrir un montón de peces arremolinado en torno al barco y sus oquedades. Había corales pegados al casco oxidado, y grupos de peces nadaban y se resguardaban entre sus hierros. Había peces grises con rayas amarillas horizontales, plateados y azules con la cola amarilla. No esperábamos tal cantidad de peces allí. Disfrutamos del buceo entre el barco hundido.



Otra zona de playas preciosas eran los Jardines del Rey y Los Cayos, islas conectadas por tierra por una calzada elevada sobre el mar de 24km. La zona era muy verde y exuberante. La calzada era una construcción sorprendente, muy recta y asfaltada, como un puente, la llamaban pedraplén, y apenas se elevaba un metro sobre el nivel del agua. La construyeron en 1984.

Había otros 20km hasta Cayo Guillermo. Su playa nos encantó, tenía un muelle de madera con pabellones de cañizo. Nos alojamos en un complejo de villas dispersas en un jardín, era la única posibilidad porque el alojamiento en casas particulares no estaba permitido en aquella zona. Playa Pilar estaba a 8km de Cayo Guillermo y tenía fama de ser la más bonita de la isla.


Pasamos por otro pedraplén hasta Cayo Coco. En realidad era otro islote unido a tierra, que formaba parte del Archipiélago de Sabana-Camaguey o Jardines del Rey. Era la cuarta isla más grade de Cuba y el principal destino turístico después de Varadero. Antes de 1990 no era más que un manglar repleto de mosquitos. Cayo Coco nos encantó, igual que Cayo Guillermo. Tenía muchas palmeras, arena blanca y agua verde azul. Todas las playas cubanas rivalizaban en belleza.