miércoles, 4 de septiembre de 2024
LA BENGUELA COLONIAL
sábado, 3 de diciembre de 2022
LES CHUTES DU CORBET
Las Chutes du Curbet estaban a 24km de la capital Point-a-Pitre, Las cascadas estaban dentro del Parque Nacional
Guadalupe, en la parte de Basse Terre. El trayecto fue precioso, muy verde,
con palmeras y alguna montaña. Todo estaba repleto de vegetación, hasta
los troncos de los árboles estaban forrados de hojarasca verde.
Fuimos hasta la Primera
Cascada, la más alta de las tres, con 115m de altura. Era el
trayecto más largo, con un desnivel de 350m. El sendero era espectacular, bordeado
por árboles de hojas gigantes, helechos, musgo, flores del paraíso.
Pisábamos hojarasca seca, anaranjada y amarilla, y saltábamos entre las raíces
gigantes de los árboles, que invadían el sendero, como tentáculos. Era una
selva húmeda, con lianas colgantes.
Había tramos de pasarelas y escaleras de madera. Otros saltábamos entre las rocas y atravesamos riachuelos. El terreno estaba embarrado a veces y resultaba resbaladizo. Nos habían avisado y llevábamos calzado adecuado. El último tramo fue el más duro, con grandes rocas que subimos con ayuda de cuerdas y cables que habían colocado allí. Tardamos tres horas en llegar.
La Primera Cascada
caía en un salto de 115m de altura, imponía. Nos pareció que tenía poco caudal.
La pared central del salto era rojiza, por las rocas sulfurosas de la zona volcánica.
El volcán La Soufriere estaba cerca. Pero todo el entorno y las paredes
de roca estaban tapizadas por vegetación verde, como una alfombra mullida. A
los pies había un pequeño estanque natural, que no llegaba a piscina. El
sonido del agua nos envolvía. Nos sentamos en unas rocas y comimos algo
contemplando la cascada. Era un paisaje espectacular.
martes, 5 de noviembre de 2019
EL PARQUE NACIONAL CHITWAN
Sauraha era la población base para visitar el Parque Nacional Chitwan, a los pies del Himalaya y con clima tropical, una buena combinación. Era el primer parque nacional de Nepal, considerado Patrimonio de la Humanidad. En los dos días que estuvimos contratamos excursiones para hacer caminatas por la jungla, recorrido en jeep, paseo en elefante y canoa por el río.
Cruzamos el río en una canoa estrecha, hecha de un tronco vaciado. El barquero la manejaba con una pértiga, ya que el río no era muy profundo. Era temprano y había una neblina baja sobre la superficie del agua; luego las brumas se disiparon y salió el sol. Fue un trayecto plácido contemplando la vegetación de las orillas. Todo estaba tapizado de verde hojarasca, formando un muro vegetal. El agua estaba tranquila y reinaba el silencio, sólo roto por algunos trinos de aves. Vimos cocodrilos descansando en la orilla fangosa y en el agua, próximos a la canoa, dejando asomar sus ojos vigilantes.
Desembarcamos y caminamos
por aquella jungla más densa. Fuimos con un guía, Khrisna, que nos mostró
los termiteros gigantes. Rompió un trocito de un lateral y se veía el
laberinto de las galerías y pequeñas termitas blancas correteando. También
vimos algunos cervatillos huidizos, con sus manchas blancas en el lomo.
El baño de elefantes fue un espectáculo. Nada más montar el elefante me lanzó un buen chorro de agua con su trompa, a modo de bienvenida. Acabamos empapados, pero fue divertido. Al acabar nos columpiamos en un columpio hecho con bambúes y largas lianas. Los elefantes podían verse paseando por el pueblo de Sauraha, y una noche hasta vimos a un rinoceronte caminando tranquilamente por la calle.
Paseo por la jungla con elefante. Un tuk-tuk nos llevó hasta el punto de partida. Los elefantes estaban adornados con dibujos en colores en la cabeza y en la trompa o en la cola. Llevaban una silla de montar de madera, para transportar cuatro pasajeros. Nos tocó con otra pareja de indios de Mumbai. El adiestrador iba sentado sobre la cabeza del elefante, a pelo.
Desde la altura pudimos contemplar mejor la jungla. El sendero era estrecho, a veces rozábamos las ramas de los árboles. El elefante iba lento y un poco bamboleante. Primero cruzamos el río por un paso poco profundo, el agua cubría las patas del animal llegando a la barriga. Luego nos adentramos en la jungla con lianas, helechos, todo tipo de plantas y hojarasca, y el silencio alrededor, sólo roto por el canto de las aves.
Nos dijeron que un
elefante pesa unos 800kg y que cada día come 150kg de hierba y bebe unos 100
litros diarios. Vimos algún ciervo, un mono y dos rinocerontes. De vez en
cuando, nuestro elefante hacía sonar la trompa fuertemente, como resoplando. El
adiestrador nos dijo que era una hembra, y estaba contenta porque estaba con
otro elefante que nos seguía, que era amigo suyo.