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viernes, 10 de noviembre de 2023

SAO NICOLAU, LA ISLA TRANQUILA

Llegamos a Sao Nicolau con el Ferry Dona Tututa de la compañía Interilhas en un trayecto de 5 horas desde Sao Vicente. Sao Nicolau era la isla más tranquila. Nos alojamos en la población marinera de Tarrafal, y desde allí hicimos excursiones a otras zonas de la isla, con transporte local, las furgonetas que llamaban aluguer, y haciendo senderismo.


En Tarrafal visitamos el pequeño Museo de Pesca. El edificio era bonito, pintado de amarillo y con una escalinata de doble entrada. Mostraba redes, fotos de los antiguos balleneros y las latas de conserva de atún, rojas y con la imagen de un barco en la lata. Las latas eran de la industria conservera Sociedade Ultramarina de Conservas (SUCLA), ubicada en Tarrafal. También había piezas de marfil con barcos tallados.




Ribeira Brava estaba a solo 27km de Tarrafal. Llegamos en aluguer. Pasamos cerca de Monte Gordo, de 1312m de altura y origen volcánico, y por por Faja de Baixo, muy verde, la zona más fértil de la isla.. Aprovechamos las paradas para hacer fotos del paisaje y de algunos burros del camino. 




Ribeira Brava nos gustó más que Tarrafal como pueblo. Tenía una plaza con una bonita iglesia, Nossa Senhora de Rosario. Al otro lado de la plaza una escuela con una columna alta con un busto.
Callejeamos y vimos algunas casas coloniales, verdes y azules, el antiguo hospital, un parque con una glorieta verde y el Mercado. 



Las mercearias eran las tiendas de colmados o ultramarinos, que vendían un poco de todo, con estantes llenos de productos y básculas antiguas. 



sábado, 20 de mayo de 2023

EL PARQUE NACIONAL KENTING

Kenting era una pequeña ciudad al sur de Taiwán, situada 1600km por debajo del Trópico de Cáncer. Eso se reflejaba en su entorno de naturaleza exuberante. Era conocida como el “Hawai taiwanés”, lugar de descanso de mucha población local.

Tenía varias playas frente al Mar de China Meridional. Paseamos por la larga playa de Kenting, de arena fina y dorada. Se veía desierta y sin bares ni chiringuitos. Hacía viento y lucía la bandera roja. Luego seguimos un camino bordeado de palmeras paralelo a la carretera, hasta South Bay en forma de media luna. Allí nos bañamos. Otra playa bonita era la Little Bay flanqueada por una montaña.

En el Arch Kenting, una puerta oriental de la ciudad, cogimos un bus amarillo hasta el Parque Nacional Kenting. Unos monos nos contemplaron desde las ramas de los árboles. En el Centro de Visitantes nos dieron un mapa y vimos una pequeña exposición. Caminamos solos por sus senderos en el bosque y por las pasarelas de madera. 


Los árboles tenían raíces aéreas que invadían el camino, rodeados de hojarasca. Otros crecían sobre las rocas, aferrándose con sus raíces a ellas. Había arces, banianos, higueras, algunas palmeras y una colección de cactus. Vimos el Arce Otoñal Gigante, de 15m de altura y un tronco de 3m de diámetro. 




Subimos a una torre con vistas al mar. Se veía la montaña Dajian, emblemática en Taiwán. Luego entramos en la Silver Dragon Cave, nos sorprendió lo grande que era. La recorrimos entre sus estrechas paredes con algo de iluminación y salimos al otro lado. Otra cueva más pequeña era la Fairy Cave. Después vimos la zona llamada Valley of Hanging Fig Roots, con raíces y lianas colgantes  por todas partes. Estuvimos unas tres horas en el parque.


          

Al salir fuimos al Faro Eluandi, era el único faro fortificado existente en el mundo, rodeado de un muro, ya que los indígenas de la zona atacaban al invasor chino. Era blanco en un bonito entorno muy verde, con vegetación y rodeado del mar azul. Paseamos por senderos y vimos cuervas, una pequeña garganta y un bosque con vistas al mar. Tomamos batidos de pulpa de mango recién hechos, muy ricos.


Por la noche paseamos por el Mercado nocturno de Kenting, con mucho ambiente. Los puestos estaban instalados en la calle principal y riadas de gente caminaban en ambas direcciones. Los puestos callejeros ofrecían pinchos de pulpo, calamar, carne, salchichas, mazorcas de maíz, albóndigas, bolas de patata dulce y de taro, helados, frutas y otros bocaditos no identificables. 


Los restaurantes de la calle principal tenían ostras, almejas, cangrejos y pescados en recipientes en la entrada, como reclamo. Cenamos almejas con salsa de ostras, riquísimas, gambas a la plancha y noodles fritos, y de postre una especie de churro relleno de chocolate. También había máquinas recreativas de pinball para niños. Familias enteras paseaban por el mercado, disfrutamos mucho del ambiente de Kenting.





jueves, 18 de mayo de 2023

LU DAO (GREEN ISLAND)

                                                                           


En el Puerto de Taitun cogimos un catamarán grande hasta la isla volcánica Lu Dao, conocida como Green Island. Había oleaje en el Océano Pacífico y el barco cabalgaba las olas, fue un trayecto de 50 minutos. 

Green Island hacía honor a su nombre, era muy verde y montañosa. Se veía desde lejos el promontorio de la isla sobre la superficie del mar. El pueblo no nos gustó, una calle principal de edificios bajos, con restaurantes y supermercados; lo bonito era el entorno. Había cientos de scooters alineados y trajes de neopreno para el buceo, preparados para alquilar a los turistas chinos y taiwaneses; occidentales no vimos.


La isla tenía solo 19km de perímetro. Llegamos al atardecer y fuimos a ver el Faro, de un blanco impoluto, entre el verdor del entorno. Cerca había una playa que formaba una laguna circular de aguas calmas. Sólo había una persona bañándose, y algunas parejas sentadas en la arena. También nos sentamos en la arena, ante la laguna, con el faro de vigía.


Al día siguiente amaneció despejado y con cielo azul. La isla lucía en todo su esplendor. Nuestro plan era rodear toda la isla caminando por la carretera panorámica que bordeaba la costa. Primero vimos la cercana Playa Dabaisha, una media luna con arena blanca. Era uno de los puntos de buceo de la isla.




A una hora de distancia del pueblo estaban las Zhaori Hot Springs. Eran varias pozas circulares de agua termal, junto a la playa y las verdes montañas. Era una de las tres únicas fuentes termales de agua marina del mundo, una peculiaridad. Las pozas exteriores estaban más templadas, y en un pabellón había una piscina con agua más caliente y duchas para masajear la espalda. La temperatura oscilaba entre 53º y 83º, aunque no nos pareció tan caliente. Fue muy agradable bañarse en las pozas y en aquel entorno.





Seguimos caminando por la carretera con poco tráfico que bordeaba la costa. El mar tenía un color azul intenso, y el fuerte viento formaba olas de blancas crestas espumosas. Vimos la Confucio Rock, un pináculo oscuro de roca volcánica, bastante picudo, que decían recordaba la figura de Confucio. Pasamos por Youzhi Lake, el primer asentamiento de la isla. Quedaba restos de algunas casas de piedra.





Otro punto del camino fue la pequeña cueva Guanyin. Primero se traspasaba una puerta oriental de tres arcos, con columnas y tejadillo, y se descendían los escalones de piedra hasta la cueva. El interior tenía ofrendas de flores y varitas de incienso. La cueva tenía un río subterráneo, que quedaba en la oscuridad. Descansamos en una cafetería junto a la cueva.



La última parada fue el Parque Memorial del Terror Blanco, un campo de trabajo donde en el pasado internaban a los disidentes políticos. Les obligaban a realizar trabajos forzados y los “reeducaban”. Era un recinto enorme, con barracones y un Museo de los Derechos Humanos. Vimos fotos antiguas de la colonia penal, de los prisioneros y los que fallecieron, de las celdas donde vivían, las celdas de castillo y aislamiento. Fue un periodo histórico duro durante la ley marcial de Taiwán.


En contraste con tanto sufrimiento, el campo estaba ubicado frente a un paisaje de una belleza especial. Una playa rocosa y de arena blanca, bordeada por hierba y con tres pináculos oscuros, junto al mar. Una maravilla natural. 

De la zona de piedras, los prisioneros extrajeron roca coralina para construir el muro de la prisión-campo de trabajo, de 1,5km de perímetro. Nos impresionó la belleza y el dolor que simultáneamente transmitía el lugar. Al día siguiente regresamos a Taiwán con el recuerdo de todo lo que vimos en aquella pequeña isla.