En Honduras visitamos Copán, el sitio arqueológico de la antigua civilización maya. Del siglo V al siglo IX Copán estuvo vinculado con Tikal (Guatemala), y fue la capital de un importante reino del periodo Clásico y una poderosa ciudad-estado.
Caminamos por un sendero
desde la población hasta las ruinas. El entorno era selva de bosque tropical
con grandes ceibas, el árbol sagrado maya. De los árboles caían cientos
de hojas doradas, que volaban como mariposas. Las grandes raíces de los árboles
se incrustaban en las piedras milenarias.
Leímos en la guía de Lonely Planet que el Conjunto Principal era el núcleo de la antigua ciudad con un área de 600 por 300 metros. Lo formaban la Acrópolis, el complejo real construido en el lado sur, y un conjunto de estructuras más pequeñas. Llegamos a la Gran Plaza con varias estelas de piedra con grabados.
Las estelas eran
del periodo entre el año 613 y 738, y estaban identificadas con letras: A, B,
C, D, F o H. En la parte anterior tenían esculpida la efigie de un rey,
como el llamado Dieciocho Conejo. Por detrás tenían columnas de jeroglíficos,
de dibujos geométricos intrincados. En alguna se veían restos de la pintura
roja original. Los relieves en la piedra estaban muy bien conservados. Nos
gustó especialmente la estela B.
Cerca estaba el Juego de Pelota mesoamericano, en una explanada con rampas. Lo decoraron con imágenes del guacamayo rojo, un ave destacada en la mitología maya, que vimos por allí. Junto a él la Escalinata de los Jeroglíficos, construida durante el reinado de Humo Caracol. Estaba protegida de las lluvias y soles por un tejadillo. Eran 63 escalones con la historia contada mediante varios millares de glifos de la casa real de Copán, flanqueados por rampas decoradas con más relieves y jeroglíficos. El altar frente a la escalinata tenía una serpiente emplumada con una cabeza humana emergiendo de su boca.
Paseamos por el
resto de estructuras y descansamos a la sombra de los árboles, tumbados en la
hierba, o sentados en las piedras. Escribí el diario de viaje y hasta puede hacer algunos dibujos de los relieves. Leímos que en uno de los altares los arqueólogos
habían descubierto huesos de 15 jaguares y varios guacamayos, probablemente sacrificados
allí.
Bajo las ruinas
habían excavado túneles abiertos al público desde 1999. Leímos que visitarlos podía
ser una experiencia emocionante y tal vez una ocasión única por si los cerraban
en el futuro. El túnel Rosalila era corto y tenía unas ventanas con
cristales para poder ver la gran máscara esculpida en la piedra y bastante deteriorada.
El Templo de Rosalila estaba construido sobre otra estructura, ya que
los mayas al cambiar los reinados solían destruir los templos y construir sobre
lo destruido. El túnel de los Jaguares era más largo, con 700m, pero no
estaba abierto al público totalmente. En él estaba la Tumba Galindo, donde se
habían hallados huesos, cuchillos y cuentas de collar de obsidiana.
Estuvimos varias horas paseando entre las ruinas mayas entre la naturaleza, y admirando los históricos grabados tallados en la piedra, hasta que cerraron el recinto. Un merecido Patrimonio de la Humanidad.