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lunes, 22 de junio de 2026

PARQUE NACIONAL KOMODO: ISLAS, BUCEO Y DRAGONES

Desde Labuan Bajo visitamos el Parque Nacional de Komodo, que incluye tres islas más grandes Komodo, Rinca y Padar, decenas de islas más pequeñas y la reserva marina de alrededor. Contratamos el Komodo tour de un día en barco, con seis paradas en Isla Padar, Komodo, Pink Beach, Taka Makasar, Manta Point y la isla Sibelu.

Navegamos en un barco rápido. La primera parada fue Isla Padar. Caminamos por un sendero ascendente hasta la cima de la isla. Las vistas de las tres bahías en lados opuestos, son espectaculares




Seguimos la travesía en barco y paramos en la Pink Beach, llamada así por el color levemente rosado de su arena. Lo más bonito es el color del agua azul translúcido. Nos damos varios baños gloriosos. En un cobertizo a la sombra bebemos y descansamos entre baño y baño. 

La tercera parada es Komodo, que también es una isla. Desembarcamos para ver los dragones de Komodo, unos reptiles prehistóricos, los últimos dinosaurios vivos, y  los lagartos más grandes del mundo. Pueden alcanzar 3m de longitud y más de 100kg de peso. El parque es Patrimonio de la Humanidad.




Vamos con un guía "armado" con un palo. Curiosamente al caminar por el sendero lo primero que vemos son dos grandes ciervos, que conviven con los dragones en el mismo espacio. Si los dragones atacaran, los ciervos son mucho más rápidos.


Primero encontramos una pareja de dragones en una charca. Están comiendo carne, la base de su alimentación. Los vemos de cerca y se distingue su piel recia y rugosa con protuberancias, y sus patas con largas uñas curvas. De vez en cuando sacan su lengua bífida y uno levanta el cuello, tal vez husmeando a los visitantes.




Encontramos otros dos dragones en la playa, caminan lentamente sobre la arena y sacan su lengua bífida. Su silueta se recorta junto al azul del mar. Uno de ellos extiende sus patas perezosamente y acaba tumbándose para descansar al sol, nos hace reir a todos. Nos informan de que en la isla viven unos 1600 dragones. En total vimos cinco dragones y pudimos observarlos de cerca. Comimos en un cobertizo de la misma isla, pescado y de bebida agua de coco recién cortado. Volvimos al barco eufóricos.



Otro punto es Taka Makassar, un islote ovalado con vegetación y playa de arena blanca en forma de media luna, rodeado por anillos de agua de distintas tonalidades. Tiene el arrecife más largo del Parque Nacional Komodo.




En el Manta Point hacemos snorkel con tubo y aletas. Se ven muchos peces, corales y estrellas de mar azules. Lo más impresionante es ver aparecer tres enormes mantas rayas con su larga cola. Tienen la espalda negra y el vientre blanco. Nos dicen que son inofensivas porque su cola no tiene aguijón, como otras. 

No son mamíferos, son de la especie tiburón. Sus bocas son filtradoras de plancton. Tienen gran capacidad de regeneración, si sufren un mordisco sus tejidos se regeneran rápidamente. Vemos unos pequeños peces sobre la aleta de una de ellas; son peces limpiadores que les ayudan a regenerar el tejido muerto.




También encontramos tortugas marinas con grandes caparazones, nadando muy cerca. Las mantas gigantes pueden medir de 3 a 5m. Las que vemos son mucho más grandes que el tamaño de una persona; algunos bajan en apnea hasta ellas y se ven diminutos a su lado. Las mantas rayas nadan juntas con movimientos ondulantes de sus aletas, es como un baile acuático en el silencio submarino. Un espectáculo de la naturaleza. Impresionantes!


Al día siguiente hacemos otra excursión en barco por las Islas Kelor, Menjerite y Kalong. La primera parada es Isla Kelor, con un anillo de aguas verdosas alrededor. Subimos a su parte alta para contemplar las espectaculares vistas con los islotes y picos de alrededor. Después nos bañamos y buceamos en sus aguas transparentes.



En Isla Menjerite hacemos snorkel con la máscara con tubo y con aletas. La luz del día nublado envuelve el fondo marino en una atmósfera azulada muy especial, el espectáculo submarino es hipnótico, una maravilla. El agua es más profunda que en otros lugares, vemos corales, bastantes peces nadando alrededor y estrellas de mar azules en el fondo. Estoy tan absorta contemplándolo todo y nadando, que me alejo de Javier y del grupo, y no sé reconocer cuál es nuestro barco. Finalmente lo encuentro. A bordo reponemos energías con plátanos, cacahuetes y té, cortesía del tour.





La tercera y última etapa es la Isla Kelong, al atardecer. Se filtran rayos de sol entre las nubes y el cielo sobre el perfil montañoso de la isla se tiñe de tonalidades doradas y anaranjadas. De repente empiezan a volar cientos, miles de murciélagos que surgen de las montañas hacia el mar, buscando fruta. Nos dicen que es una especie de murciélago gigante, que mide un metro con las alas extendidas. Estamos un buen rato allí, todos los barcos iluminados, contemplando el espectáculo de la naturaleza.


domingo, 8 de septiembre de 2024

NAVEGANDO EL RÍO CONGO

Desde Luanda cogimos un avión hasta Soyo, una ciudad petrolera, al norte de Angola. Fue un trayecto corto de 45 minutos, y desde el aire pudimos ver por primera vez los meandros del río Congo, rodeados de verde vegetación.

El río Congo, también conocido como Zaire, era el más largo de África (después del Nilo) y el séptimo del mundo, con 4.700m de longitud. Además era el primero en África y el segundo del mundo en volumen de agua. El mítico río de "El corazón de las tinieblas" de Conrad.





Partimos a las diez de la mañana del Puerto Fluvial Manel Antonio de Soyo, con el barquero Santos, por la desembocadura, el Delta del Congo en el Atlántico. La barca era muy precaria, con tres tablones como asiento para pasajeros.

El agua del río era marrón con los sedimentos, y con zonas de plásticos acumulados y suciedad por los residuos de las petroleras. Era de gran anchura y las orillas estaban llenas de manglares y vegetación.



Vimos pescadores con sus redes y alguna embarcación de vela blanca.

Pasamos varios controles militares de Guardia Costera, que nos pidieron el pasaporte, ya que la frontera con República Demócratica del Congo estaba muy próxima, y la marcaba el propio río.


Fuimos a la Ponta Pedrao, una isla con una cruz de piedra, rodeada de palmeras. Un monumento erigido por navegantes y exploradores portugueses. El primero en llegar fue el portugués Diego Cao en 1482, iniciando la conquista de Angola. La cruz tenía un simbolismo político, de ocupación colonial, y religioso.

Cerca, habia un proyecto de conservación de tortugas, con zonas de arena parceladas, donde anidaban. La playa era alargada, solitaria y salvaje. El Atlántico alli tenía oleaje y fuertes corrientes.




Luego nos metimos por canales más estrechos con manglares con las raíces aéreas a ambos lados, reflejándose en el agua. Era un trayecto precioso y plácido. 

Pasamos por pequeños poblados de pescadores, muy modestos. Cabañas de cañizo entre palmeras y otros árboles que se reflejaban en la superficie del río. Algunos pescadores estaban arreglando sus redes, había niños jugando y ropa colgada. La vida en las orillas del río Congo. 





jueves, 20 de febrero de 2003

BUCEO EN CAYO CAULKER


Desde Flores, en Guatemala, cogimos un autobús hacia Belize. Atravesamos la capital, Belmopan, de casas de dos plantas. Luego llegamos a Belize City y desde allí cogimos una barca hasta Cayo Caulker, un trayecto de unos 45 minutos. 

Los Cayos eran islas dentro de la barrera del arrecife. Al llegar a la playa se veían a lo lejos las crestas de espuma y se oía el rugido de las olas. El color del Mar Caribe era muy bonito, alternando franjas de verde y azul turquesa. Nos alojamos en los bungalows de Ignacio, un hippie de la isla. Los bungalows pintados de lila, eran palafitos frente al mar, entre palmeras. Compartimos el bungalow con otro inquilino, una iguana de casi dos palmos. Salía a tomar el sol en los tablones del porche y huía cuando nos acercábamos demasiado.


Las palmeras inclinaban sus troncos hacia el mar. En la playa habían construido varios embarcaderos, ya que la marea baja dificultaba el acceso de las embarcaciones. Nos bañamos junto al muelle principal. Cerca había grupos de pelícanos, bañándose como nosotros en el mar. En primera línea de playa había un cementerio, con las mejores vistas para la eternidad. 

El pueblo de Cayo Caulker estaba formado básicamente por dos calles paralelas. Eran calles de arena, sin pavimentar, y los únicos vehículos eran bicicletas y buggies eléctricos y silenciosos. Había pocos buggies y no molestaban. Unos cuantos bares y restaurantes, algún supermercado y un banco. Algunos hablaban español con acento cubano. Había población negra y bastantes rastafaris con su estilo inconfundible, con las gorras coloridas abultadas por las trenzas.


Al día siguiente contratamos una excursión en el chiringuito de Carlos Ayala, para hacer buceo en el Parque de los Corales. Alquilamos las aletas y las máscaras. Fuimos en una lancha unas doce personas, con Carlos y Oswaldo, un chileno de larga melena que le ayudaba. Hicimos dos inmersiones por la mañana, nos dejaron una hora para comer en Cayo San Pedro, y por la tarde hicimos la última inmersión. 

Nada más sumergirnos vimos grandes tortugas marinas cerca de nosotros. Flotaban ligeras en el agua con su gran caparazón, moviendo la cabeza y las aletas. También vimos varias rayas de color gris oscuro, con su afilada cola y movimientos ondulantes. Casi siempre iban en parejas, una estaba camuflada, semienterrada en la arena blanca del fondo. Tuvimos la suerte de ver una raya águila, tal vez un poco más ancha y con manchas en su piel.




Hubo momentos en que estábamos rodeados de grandes peces que se cruzaban entre nuestras piernas. Vimos peces trompeta alargados, otros amarillos, rayados, azul eléctrico y el pez rainbow, con todos los colores del arco iris. Cerca nadaba un pequeño tiburón con las aletas dorsales, se perdió en el límite del abismo de la barrera de coral. A veces íbamos nadando bordeando el límite de ese abismo, envueltos en ese silencio acústico que siempre nos impresionaba.  Si sacabas la cabeza fuera del agua, oías el rugido de las olas cuando rompían en el arrecife. Hicimos las fotos con una cámara submarina desechable de Fotoprix. Fue un gran snorkel.




Entre los corales vimos corales tubulares como dedos que se movían con la corriente, de color verde claro, corales ramificados (como uno que llamaban “abanico real” de color lila) y los corales con surcos en forma de laberintos. También había plantas acuáticas en el fondo arenoso, las praderas de posidonia submarina


Javier persiguiendo peces azules



Después de la primera inmersión hicimos una parada en Cayo San Pedro. Era la “isla bonita” de la canción de Madonna. Era más grande y urbanizada que Cayo Caulker, con más hoteles, bares y restaurantes. Y bastante más caro. Como lo habíamos leído, llevábamos víveres en la mochila. También vimos pelícanos por allí. Nos tumbamos en el pareo a la sombra de una palmera y contemplamos del mar verdeazulado. 

Regresamos a Cayo Caulker contentos y cansados. Nos duchamos en el bungalow lila y cenamos en “The poorman” pescado al grill con fríjoles y puré de papas con ajito. Al día siguiente partimos hacia Punta Gorda, en el extremo sur, para cruzar de nuevo a Guatemala. Fue una breve incursión en Belize, de un par de días, pero la disfrutamos.









Viaje y fotos realizados en 2003