Las casas nubias tradicionales
están hechas de adobe. Son construcciones bajas con puertas y ventanas
arqueadas, y algún dibujo geométrico ornamental. En la región nubia de Egipto suelen estar más decoradas. La puerta de entrada es
metálica, pintada de colores, y sobre ella tenía una mandíbula de ganado. Son
alojamientos sencillos con el baño exterior. Aunque no hay carencia de agua,
por la proximidad del río Nilo, en las casas que fuimos no había ducha, sino un
baño tipo “mandi”, de cacitos. Así nos quitamos el polvo del camino.



Esta que muestro se llamaba Masansharti,
que significa el idioma sudanés, según nos dijeron, y estaba junto al Templo
Soleb. Mohamed fue nuestro anfitrión, vivía con su familia compuesta por su mujer,
su hija, marido y nietos. Las dos mujeres se encargaron de la cocina y debo
decir que comimos estupendamente, especialmente las berenjenas con tahina
(pasta de semillas de sésamo), la sopa de lentejas amarillas y el pollo guisado acompañado
de pan de pita. También probamos el ful (habas negras). carne estofada, para
acabar con un delicioso café con genjibre. En el patio tenían varias vasijas
con el grano almacenado, y dátiles secos.




A lo largo de la ruta hicimos fotos de
varias de las puertas metálicas de las casas. Y nos hospedamos en otros
alojamientos más turísticos. En la entrada de los pueblos y de muchas casas había
tinajas con agua para beber o lavarse las manos, en señal de hospitalidad.
El agua es el bien más preciado y es la manera de decir al huésped que es
bienvenido. En el porche sombreado de la casa hicimos tertulia, y con mi amiga Merche escribimos en nuestros diarios las impresiones del viaje. Había mucho
que escribir sobre el viaje por Sudán.
