lunes, 24 de febrero de 2025
EL LAGO BUYONYI
jueves, 17 de febrero de 2022
LAS RUINAS MAYAS DE YAXCHILÁN Y BOMPASAK
A las cinco y
media de la madrugada nos pasó a recoger la furgoneta. Desde Palenque hicimos
una hora y media de ruta por una carretera en la oscuridad de la selva, y vimos
amanecer. El trayecto fue bonito, con vegetación verde y árboles con los troncos
forrados de hojarasca.
Cogimos una barca por el río Usumacinta para llegar a las ruinas de la antigua ciudad maya de Yaxchilán. El río Usumacinta marca la frontera entre México y Guatemala. Era el río más caudaloso de México y el más largo de Centroamérica. En sus orillas vimos cocodrilos. Pasamos por las montañas del Petén y vimos la entrada del Cañón Usamacinta, llamada Boca del Cerro, una hendidura en la montaña. Las paredes tenían 300m de altura. Cerca estaba el Delta del río Usumacinta, el séptimo del mundo.
El Yacimiento
Yaxchilán estaba en plena selva y con acceso único a través de un
meandro del río. La barca tardó unos 40 minutos. Había unos 120 edificios
esparcidos entre la vegetación. Seguimos un sendero y llegamos a la Gran Plaza,
donde se ubicaban las estructuras y edificios más importantes.
La estructura 33 de la Acrópolis era la más impresionante y la más grande del recinto. Estaba sobre una colina y subimos sus empinadas escaleras. El edificio 17 se cree que fue una especie de baño de vapor. Frente a él estaba la estela 1, en cuyos lados había dos figuras de animales, un cocodrilo y un jaguar, muy desgastados. Otro edificio era el del Juego de la Pelota. Los dinteles de las puertas y estelas tenían inscripciones y figuras talladas en la piedra, de relieves muy bien conservadas, con algunos personajes femeninos. Todo el yacimiento era Patrimonio Cultural.
Las pinturas en paredes y techos estaban consideradas las mejor conservadas de la América Prehispánica. Para entrar en la pequeña cámara del Templo de las Pinturas había que dejar fuera las mochilas y entrar de uno en uno. Las fotos sin flash y vídeos estaban permitidos. Nos sorprendió la intensidad de los pigmentos rojos, azules y amarillos ocre. Las pinturas narraban guerras, historias dinásticas y celebraciones.
lunes, 14 de febrero de 2022
NAVEGANDO POR EL CAÑÓN DEL SUMIDERO
El plan del día era visitar el Cañón del Sumidero y Chiapa de Corzo. Partimos en una furgoneta desde San Cristóbal de las Casas hacia Tuxtla. Atravesamos varios tramos de carretera con una niebla espesa, entre montañas, pasamos un túnel y el tiempo mejoró, saliendo el sol. Paramos en tres miradores desde los que contemplar el bonito cañón, declarado Parque Nacional. Era una espectacular fisura en la roca vertical, una falla geológica que se abrió en la Sierra Norte de Chiapas.
El río Grijalva fluía a través del cañón, entre las paredes de piedra de hasta 900m de altura. En 1981 se completó la presa hidroeléctrica de Chicoasén, que represó el río y creó un embalse de 25km de largo. El río formaba un pronunciado meandro en forma de “U” y desde el mirador pudimos contemplar los dos brazos del río. El agua estaba verdosa, aunque el cielo no estaba despejado del todo.
Cogimos una barca
en un recorrido de dos horas hasta Chiapa de Corzo. Desde la barca las
paredes de piedra parecían más imponentes. Navegamos por la estrecha garganta,
haciendo algunas paradas. En un tramo del cañón vimos muchos zopilotes
(buitres negros) aleteando y descansando en la orilla. También otras aves
blancas, tipo garzas. En las ramas de los árboles encontramos monos araña. Y lo
más sorprendente fue encontrar dos cocodrilos en la orilla con las mandíbulas
abiertas, disfrutando del sol. Luego vimos un grupo de tres cocodrilos y más
adelante otro solitario. Eran enormes, de 2m.
Desembarcamos y comimos en Chiapa de Corzo, uno de los Pueblos Mágicos. Era una población coqueta y agradable, a orillas del río Grijalva, fundada por el conquistador español Diego de Mazariegos. La Plaza principal era enorme, rodeada de edificios con porches porticados. Tenía muchas tiendas de artesanía con sombreros, vestidos y coloridos textiles. En la plaza estaba la Fuente llamada La Pila o La Corona, del s.XVI y de arquitectura mudéjar, una original estructura de arcos de ladrillo rojo, que caracterizaba a la población.
martes, 2 de marzo de 2021
EL NILO Y EL DESIERTO
Partimos de Jartum hacia el norte de Sudán, en ruta hacia Old Dongola. Atravesamos el Desierto Bayuda, el nombre que recibe el Sáhara en territorio sudanés. Al principio el paisaje tenía un extraño contraste entre sus montañas negras y las dunas doradas; era un desierto con algunos arbustos y matorrales, con grupos de camellos y cabras. Los camellos mordisqueaban las ramas de los arbustos. Luego pasó a ser totalmente arenoso con dunas onduladas. En las paradas confraternizamos con otros conductores sudaneses.
La carretera asfaltada era una larga cinta
gris entre dunas, totalmente recta y sin apenas tráfico. Estaba en buen estado,
nos dijeron que la habían construido los chinos hacía unos diez años. Pero la
fuerza invasora del desierto se dejaba notar, y en algunos tramos la arena
invadía el asfalto, tapando un carril completo. Más adelante vimos excavadoras
que, a modo de quitanieves, se ocupan de retirar la arena. Si no fuera por las
excavadoras el desierto acabaría engullendo la carretera.

Sabíamos de la proximidad del Nilo por las
grandes franjas de verdor, vegetación y palmeras que avisaban de la presencia
del río. Eran como oasis fértiles con cultivos de habas, cacahuetes, mijo y
palmeras datileras.
Vimos la Tercera Catarata del Nilo, en realidad rápidos que impedían la navegación. Subimos a un montículo rocoso para contemplar las vistas. Se veían remolinos en la corriente de agua, transparente verdosa. Bajaban algunas barcas, y otras estaban varadas en una lengua de arena. Más adelante cogimos un Ferry para cruzar el Nilo y una barcaza azul para ir a la isla de Sai, donde nos esperaban otras ruinas nubias.