En Basrah vamos a la estación de autobuses, que llaman Garage, y cogemos un taxi compartido con una pareja iraquí, hasta Nasiriyah. Un trayecto de 190km que tardamos 2 horas en recorrer. El paisaje es árido y polvoriento. Pasamos varios controles de policía, con soldados armados con fusiles, cargadores en los chalecos y cascos con cámaras de visión nocturna. Por contraste, son amables, sonríen y bromean con el futbol y los equipos de Barça y Real Madrid.
viernes, 14 de noviembre de 2025
IRAK: EL ZIGURAT DE UR Y LA BODA DE NASIRIYAH
martes, 29 de junio de 2021
EL PELOPONESO
La Península del Peloponeso en Grecia estaba unida al continente por el istmo de Corinto. Su nombre derivaba del héroe mitológico griego Pélope que conquistó la región. Desde Atenas contratamos un tour de un día por Corinto, Micenas, Navplio y Epidauro. La primera parada fue en el Estrecho de Corinto, un canal artificial que unía el Golfo de Corinto con el Mar Egeo, permitiendo el comercio marítimo.
Lo
construyó a finales del s. XIX un ingeniero húngaro, Iván Turr, bajo el
proyecto de Ferdinand de Lesseps. Tenía 6,3km de longitud y solo 21m de
anchura. Se inauguró en 1893 y permitía evitar el rodeo de 400km por la Península
del Peloponeso. Se veían altas paredes de roca arenisca y una estrecha franja
de azul, cruzada por un puente alto. Leímos que cada año pasaban 11.000 barcos,
aunque muchos eran turísticos.
Después fuimos al Anfiteatro de Epidauro, construido en honor al dios-médico Asklipio en el s. IV a.C. Era el modelo de numerosos teatros griegos y el más icónico. Tenía capacidad para 12.000 espectadores y 32 filas de gradas. Era el más grande que habíamos visto, más que el de Herodes Ático en la Acrópolis de Atenas. Decían que su acústica era excepcional. Lo probamos dando palmadas.
Seguimos visitando
el yacimiento arqueológico de la Acrópolis de Micenas, declarada Patrimonio
de la Humanidad. Según la mitología griega, Micenas era el reino del héroe
homérico Agamenón, que luchó en la guerra de Troya para recuperar a Helena.
Homero la describió como una ciudad rica en oro.
Se entraba por la Puerta de los Leones, con dos leones subiendo a una columna, en el dintel. Los leones tallados en la piedra estaban desgastados, pero podía imaginarse la impresión en la antigüedad al atravesar la puerta para entrar en la ciudadela. La puerta pesaba doce toneladas. De la Acrópolis quedaban los llamados Muros Ciclópeos, grandes piedras que formaron una fortificación en ruinas, una cisterna, muretes y estructuras semicirculares.
Había varias
tumbas. Nos impresionó la Tumba de Atreo, llamada el Tesoro. Atreo fue
rey de Micenas. Un amplio pasadizo con murallas llevaba hasta la cámara funeraria,
y el interior era un alto recinto circular. La puerta tenía encima una
ventana triangular abierta en la piedra, por la que entraba la luz. Allí se
encontró la máscara de oro macizo que cubría la cara del finado, y que
se exhibía en el Museo Arqueológico de Atenas.
jueves, 17 de junio de 2021
LOS LEONES DE DELOS
En la parte derecha del yacimiento hay alguna estatua sin cabeza y sin brazos y la Casa de Dionisos, el dios del vino, que tiene una gran estancia con peristilo (las columnas alrededor del atrio), con un bonito mosaico central hecho con teselas. Muestra al dios Dioniso sobre un león.
martes, 16 de septiembre de 2003
LA ROCA DE SIGIRIYA
Desde el pueblo de
Dambulla fuimos a Sigiriya, un trayecto corto de 22km. Utilizamos los triciclos
mototaxis que llamaban tuk-tuk, un transporte cómodo, barato y fresquito.
Eran populares en Sri Lanka y toda Asia, y los utilizaban los escolares y hasta
los monjes.
La gran mole de roca de Sigiriya estaba en sombra, mejor para emprender la ascensión. Era de origen volcánico, negra con vetas rojizas y anaranjadas que resaltaban al sol. Sigiriya era un yacimiento arqueológico con las ruinas de un complejo palaciego. Fue un palacio-fortaleza, construido por el rey Dhatusena en el año 473 d.c. Luego sirvió de refugio monástico, y fue redescubierta por los arqueólogos durante la era colonial británica. Declarada Patrimonio de la Humanidad.
Tenía 200m de altura. Subimos por los escalones de piedra mientras soplaba un fuerte viento que aliviaba el calor. Unas escaleras metálicas en zigzag llevaban a la zona donde estaban los famosos frescos de Sigiriya. Leímos que en el s. XIII eran casi 500 figuras y que subsistían una veintena, resguardadas de la lluvia y el viento por la verticalidad de la roca. En buen estado solo vimos cinco o seis.
Cerca estaba el muro con grafitis antiguos, donde los visitantes de otros tiempos habían anotado sus impresiones sobre las pinturas murales.
En la cima de la roca el viento era muy fuerte. Se veían los restos de los muros que habían formado el palacio y sus habitaciones. Los peldaños eran de mármol tan desgastado que ya no se apreciaba. Vimos lo que quedaba del trono real y de la piscina. Solo había un arbolillo que ofrecía su sombra. Contemplamos las magníficas vistas de una llanura arbolada que se extendía a nuestros pies.
miércoles, 26 de febrero de 2003
LAS RUINAS MAYAS DE COPÁN
En Honduras visitamos Copán, el sitio arqueológico de la antigua civilización maya. Del siglo V al siglo IX Copán estuvo vinculado con Tikal (Guatemala), y fue la capital de un importante reino del periodo Clásico y una poderosa ciudad-estado.
Caminamos por un sendero
desde la población hasta las ruinas. El entorno era selva de bosque tropical
con grandes ceibas, el árbol sagrado maya. De los árboles caían cientos
de hojas doradas, que volaban como mariposas. Las grandes raíces de los árboles
se incrustaban en las piedras milenarias.
Leímos en la guía de Lonely Planet que el Conjunto Principal era el núcleo de la antigua ciudad con un área de 600 por 300 metros. Lo formaban la Acrópolis, el complejo real construido en el lado sur, y un conjunto de estructuras más pequeñas. Llegamos a la Gran Plaza con varias estelas de piedra con grabados.
Las estelas eran
del periodo entre el año 613 y 738, y estaban identificadas con letras: A, B,
C, D, F o H. En la parte anterior tenían esculpida la efigie de un rey,
como el llamado Dieciocho Conejo. Por detrás tenían columnas de jeroglíficos,
de dibujos geométricos intrincados. En alguna se veían restos de la pintura
roja original. Los relieves en la piedra estaban muy bien conservados. Nos
gustó especialmente la estela B.
Cerca estaba el Juego de Pelota mesoamericano, en una explanada con rampas. Lo decoraron con imágenes del guacamayo rojo, un ave destacada en la mitología maya, que vimos por allí. Junto a él la Escalinata de los Jeroglíficos, construida durante el reinado de Humo Caracol. Estaba protegida de las lluvias y soles por un tejadillo. Eran 63 escalones con la historia contada mediante varios millares de glifos de la casa real de Copán, flanqueados por rampas decoradas con más relieves y jeroglíficos. El altar frente a la escalinata tenía una serpiente emplumada con una cabeza humana emergiendo de su boca.
Paseamos por el
resto de estructuras y descansamos a la sombra de los árboles, tumbados en la
hierba, o sentados en las piedras. Escribí el diario de viaje y hasta puede hacer algunos dibujos de los relieves. Leímos que en uno de los altares los arqueólogos
habían descubierto huesos de 15 jaguares y varios guacamayos, probablemente sacrificados
allí.
Bajo las ruinas
habían excavado túneles abiertos al público desde 1999. Leímos que visitarlos podía
ser una experiencia emocionante y tal vez una ocasión única por si los cerraban
en el futuro. El túnel Rosalila era corto y tenía unas ventanas con
cristales para poder ver la gran máscara esculpida en la piedra y bastante deteriorada.
El Templo de Rosalila estaba construido sobre otra estructura, ya que
los mayas al cambiar los reinados solían destruir los templos y construir sobre
lo destruido. El túnel de los Jaguares era más largo, con 700m, pero no
estaba abierto al público totalmente. En él estaba la Tumba Galindo, donde se
habían hallados huesos, cuchillos y cuentas de collar de obsidiana.
Estuvimos varias horas paseando entre las ruinas mayas entre la naturaleza, y admirando los históricos grabados tallados en la piedra, hasta que cerraron el recinto. Un merecido Patrimonio de la Humanidad.



































