miércoles, 17 de junio de 2026
FLORES: ALDEA WAE REBO
martes, 16 de junio de 2026
FLORES: LA ALDEA BENA
La aldea Bena tiene casas tradicionales con altos tejados de paja, alineadas en dos hileras. Entre las casas hay totems ancestrales, tumbas megalíticas, sombrillas de paja llamadas ngadhu y pequeñas construcciones donde se guardan las reliquias. Antaño la base de las ngadhu estaban salpicadas de la sangre de animales sacrificados, pero no vimos ninguna huella en las piedras de aquella práctica.
Las casas están decoradas con cuernos de búfalo y mandíbulas de cerdo, restos de sacrificios rituales.
viernes, 12 de junio de 2026
TIMOR: LA ALDEA BENTENG NONE Y LAS CASCADAS
Cruzamos por tierra la frontera entre Timor Oriental y Timor Occidental, un largo viaje en las furgonetas Mikrolet, con múltiples paradas. Kupang es la capital de Timor Occidental. Desde allí pactamos precio con un taxista para ver la aldea Benteng None, a 126km, y unas cascadas en la zona.
Al llegar nos recibió un cartel de bienvenida a Benteng None. El pueblo lo forman diferentes chozas tradicionales de cañizo llamadas ume bubu. Son circulares, con tejado con forma de cúpula o colmena, sin ventanas y con pequeñas puertas de un metro de altura.
El pabellón central, techado y abierto, es el llamado lopo, el lugar de encuentro de la aldea. Tiene varios troncos con unas plataformas altas redondas, donde colocan la comida para protegerla.
En el lopo comunal se instalan unas mujeres alrededor de los troncos y nos muestran su artesanía: joyas (pulseras, collares y brazaletes), cuernos de madera negra tallados y cajas de bambú tallado.
lunes, 28 de octubre de 2019
MUSTANG 5. EL TIHAR EN GHANDRUK
Fuimos en autobús y jeep de Tatopani a Ghandruk, pasando por Beni y Naya Pul. A la salida de Tatopani paramos en un check point y nos sellaron el Permiso de salida de Mustang. La pista estaba en mal estado, con piedras, barro, socavones y arroyos. El paisaje era muy verde en aquella zona, con terrazas cultivadas.
El pueblo de Ghandruk estaba sobre una colina, con sus casas blancas escalonadas y tejados de pizarra negra. Paseamos por las calles, con casas adornadas con flores y mazorcas de maíz secas en la fachada. Se veían burros de carga por sus calles, algunos pajares y montones de leña apilados, preparados para el invierno.
Visitamos el Museo de Cultura Gunang. En el exterior tenía mazorcas de maíz secas y un bonito jardín. Era un pequeño museo que exhibía cestos para el cereal, recipientes para medir, vasos de latón, una rueca, armas para cazar, herramientas de carpintero, cacerolas de cobre.
Monasterio. Había un monje sentado en un poyete. El monasterio estaba cerrado y el monje le indicó a una mujer mayor que abriera. En el altar tenia cuencos de cobre con agua y flores naranjas y blancas Había dos bibliotecas acristaladas con los libros sagrados de tapas de madera envueltos en sedas. Nos gustaron las teteras de bronce adornadas con plumas de pavo real. En los asientos de los monjes estaban sus cuencos y utensilios, y unas gafas graduadas.
En los patios de las casas celebraban el Festival Tihar o Diwali, como en India. Las mujeres iban pintadas y con sus mejores galas, y los hombres llevaban guirnaldas de flores naranjas al cuello. Hombres, mujeres y niños iban adornados con la tikka, la marca roja en la frente. Simbolizaba celebración, amor, pureza y alejaba energías negativas.
Algunos hombres llevaban un pañuelo blanco atado a la espalda, que les servía de bolsa. Por la noche encendían luces, simbolizando la transición de la oscuridad a la luz. Se honraba a los animales (cuervos, vacas, perros, bueyes) y a las relaciones entre los hermanos, con reuniones familiares para celebrar y comer juntos.
Por la tarde nos instalamos en la terraza del hotel con una cerveza y tuvimos una sorpresa agradable. Con motivo del Festival Tihar un grupo de unas cuarenta personas se reunió para bailar. Pusieron música alta y bailaron mujeres solas, por parejas, dos parejas de chicos y chicas, todas las modalidades. Las mujeres llevaban brazaletes, diademas y adornos dorados.
También bailó un niño de 5 o 6 años que bailaba estupenda e incansablemente, con gran sentido del ritmo. Si no bailaba, tocaba el tambor. Era muy gracioso.









































