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miércoles, 24 de mayo de 2017

BARRIOS TRADICIONALES DE SEÚL





En la moderna ciudad de Seúl se conservan barrios tradicionales, como el Barrio Buchkon. Era un laberinto de callejuelas con casi 900 hanoks, las casas tradicionales de más de 600 años de antigüedad, de madera oscura con tejadillos negros. Como estaba sobre una colina los tejados quedaban escalonados a diferentes niveles y formaban una bonita composición. El barrio era Patrimonio de la Humanidad.

Las puertas de madera estaban rodeadas de macetas con flores, y los patios interiores ajardinados estaban repletas de plantas. El barrio tenía un Centro de Cultura Tradicional, teterías y talleres de artesanía y manualidades.


















Cerca estaba el Barrio Insa, con casas bajas, galerías de arte, pequeños restaurantes, casas de té y tiendas de artesanía. Ofrecían papel hanji, sellos de mármol labrado, mobiliario antiguo, joyas, lámparas de papel de arroz, dulces de pasta hilada y frutos secos. Nos gustó especialmente una tiendecita abarrotada de pinceles de todos los tamaños. Insa era otro buen lugar para alojarse en la capital, cerca de los magníficos Palacios con siglos de historia que nos esperaban.



































© Copyright 2021 Nuria Millet Gallego

jueves, 4 de mayo de 2017

EL ENCANTO DE JEONJU

 



Una de las poblaciones coreanas con encanto era Jeonju, con más de 800 hanok, las casas coreanas tradicionales de madera con tejadillos triangulares. Tenían un sistema de calefacción bajo el suelo para mantenerse cálidas en los crudos inviernos. Nos alojamos en una de esas casas tradicionales. El pueblo era muy coqueto con casas bajas, puertas de madera adornadas con hierro, y rodeadas por árboles, macizos de flores y tinajas en patios interiores ajardinados. 

El barrio histórico estaba junto al río. Callejeamos entre casas de té, de dulces, artesanía, floristerías, heladerías, galerías y talleres artesanales. Fue el lugar de nacimiento de la dinastía Joseon, y allí se celebraba el Festival Internacional de Cine. Visitamos varios museos: el Museo del Papel, el Museo del Vino, de la Caligrafía y otro de cámaras fotográficas.

 




En un ambiente festivo las mujeres vestían el hanbok, el traje tradicional con miriñaques y faldas abultadas de gasa o seda, de colores y floreadas. Los hombres iban conjuntados con sus parejas, con túnicas largas y altos sombreros negros. Las tiendas alquilaban esos trajes para los turistas coreanos. El atardecer tiñó las casas de color miel. Las calles eran un festival de color y parecía que habíamos retrocedido a los tiempos históricos de la dinastía Joseon.








Visitamos las Academias Confucianas Hyangyo, las escuelas de barrio fundadas por aristócratas en el s. XVI para preparar a sus hijos para el seowon, el examen gubernamental más importante. Eran pabellones entre patios rodeados de jardines boscosos. En uno de ellos se mostraban los pupitres con tablillas, presididos por una imagen de Confucio. Fueron consideradas Patrimonio de la Humanidad. Nos gustó pasear por aquellos recintos llenos de historia.





































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