Ganvié fue nuestra primera etapa en el viaje por Benín. Era una población lacustre dentro del lago Nokoué, y sólo se podía acceder a ella en barco, desde el Puerto de Cotonú. Era conocida como la Venecia africana, y fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1996. Sus pobladores se establecieron en el lago en el s. XVI y XVII porque la religión del Dahomey prohibía a los guerreros entrar en el agua. El agua arrastraba plantas acuáticas flotantes, jacintos con la flor lila, y los palafitos se reflejaban en la superficie.
Casi no había terreno firme; todo eran palafitos flotantes. Los niños nos saludaban y las mujeres se ocupaban de sus tareas domésticas a la puerta de sus palafitos, entre palanganas y ropa tendida. Los cerdos correteaban entre las franjas de tierra, buscando entre las basuras. También se veían pequeñas cabras.
Los palafitos que servían de cuarto de baño eran anexos y tenían las paredes hechas con plásticos de bidones de gasolina. Paramos en el hotel Chez Raphael, otro palafito del que decían bromeando que tenía siete estrellas, porque el dueño lo había adornado con siete pináculos rematados con estrellas, como capricho.
Desde allí contemplamos el mercado flotante, que cambiaba a cada momento, con las canoas entrecruzándose en una escena animada y colorista. Las canoas vendían sus productos, pescados, vegetales, frutas, galletas...algunos los llevaban en recipientes de plástico o tapados por lonetas. Había una Mezquita flotante con dos minaretes. Y vimos una estatua tallada en madera, representando una canoa con dos barqueros manejando sus pértigas.
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