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martes, 15 de junio de 2021

MYKONOS Y LOS MOLINOS GRIEGOS



Las islas griegas están salpicadas de blancos molinos de viento que adornan su paisaje. En la Isla Mykonos se agrupaan los Molinos Kato Milli, siete molinos construidos por los venecianos en el s. XVI para moler el trigo. Son molinos de planta redonda, con aspas de madera granates. Están alineados sobre una colina y rodeados de mar, con vistas de la población de Chora (o Hora), la capital de Mykonos.

Ante los molinos contemplamos la llamada Pequeña Venecia, una hilera de casas blancas con balcones azules y granates, asomados al mar Egeo. Es el paseo marítimo de la isla y tiene terrazas al borde del mar. Los comerciantes crearon el barrio en el s. XVIII para que sus casas tuvieran acceso al mar. Las Islas Jónicas fueron una posesión de ultramar de la República de Venecia desde el s. XIV hasta s. XVIII, por lo que la influencia veneciana se extendió también a las Islas Egeas.

Chora es un pueblo con calles laberínticas y estrechas encaladas, con balcones y ventanas azules y verdes, salpicadas de los colores lilas y morados de las buganvillas. Algunos balcones son granates, pero predomina el azul marinero. Una de las calles más bonitas es Agias Paraskavis, donde estábamos alojados, en el Studio Eleni. Las calles tienen pequeñas tiendas de artesanía de calidad y tabernas con encanto con sillas de colares y decoración marinera. 














El Molino Boni está en la zona más alta de Chora, formaba parte del Museo de Agricultura y podía verse como funcionaba antiguamente.

















Estos molinos fueron muy importantes en la economía local por ser una de las principales paradas en la ruta comercial entre Venecia y Asia. Los barcos descargaban el trigo en el puerto y los molinos convertían el cereal en harina para alimentar con pan a las tripulaciones. Las islas exportaban pasas, aceite de oliva y vino.




 

Entre las 800 iglesias de la isla de Mykonos destaca la Iglesia Panagia Paraportiani, la más singular y popular. Es de una blancura deslumbrante, las sucesivas capas de cal había redondeado sus formas y parecía que creciera en la roca. Se construyó entre los s. XV-XVII, en realidad eran 4 capillas y otra en un piso superior, con acceso por una escalera exterior. No pudimos ver el interior porque estaba cerrada.





















Es muy interesante el Museo Folklórico, en una casona de un lobo de mar. El propietario ha preservado mobiliario, objetos antiguos y material náutico. Exhibe baúles, cunas, ruecas, máquinas de coser, planchas, un fonógrafo un escritorio con compartimento secreto, armarios, camas con dosel, joyas, algún traje tradicional, una colección de platos de cerámica decorados. Nos gusta también la cocina antigua, muy bien equipada con sus recipientes y molinillos. Es un museo fantástico y muy completo.





La isla de Mykonos tiene otros atractivos en el interior, como el pueblo Ano Mera, a solo 7km de Chora. Fuimos en autobús una tarde. Allí visitamos el bonito Monasterio Panagia Turliani, con una bonita iglesia ortodoxa con lámparas de plata colgantes y un museo de arte religioso con cálices, cruces, casullas y libros con incrustaciones de plata.




















Dedicamos otro día a las playas de Mykonos. Desde la estación La Fabrika cogimos un bus hasta la playa Platys Gialos, de arena dorada y agua transparente de bonito azul verdoso. Casi toda la playa estaba invadida por toldillos o parasoles con colchonetas. Desde Platys Gialos sale un barco-taxi que hace un recorrido por varias playas de la isla. Primero fuimos a la más lejana, playa Elia, con acantilados escarpados en los extremos. El paisaje de fondo es bastante árido y terroso, pero el agua tiene una tonalidad verde azul transparente. Allí nos bañamos y picamos un aperitivo griego a la sombra.

Al lado está la playa Agari, que vimos desde el barco, y a continuación paramos en la playa Super Paradise una hora y en playa Paradise otra hora. Disfrutamos de todas las playas y nos dimos baños gloriosos. 










Pasamos tres días en la isla y cada atardecer contemplamos la puesta de sol entre los molinos y la pequeña Venecia. La vida nocturna era animada, pero somos poco noctámbulos y preferimos madrugar; con paseos tras la cena teníamos bastante. Y en sus bonitas tabernas disfrutamos de la gastronomía local: calamares, pulpo, pescados, zuchini (los buñuelos de calabacín) y vino blanco griego o cervezas Alfa y Mythos. Una isla de gran belleza, con muchos atractivos.