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sábado, 19 de junio de 2021

LA BELLEZA DE SANTORINI

Llegamos a Santorini en ferry de la compañía Seajets desde Mykonos, en un trayecto de dos horas. Desembarcamos en el Puerto Viejo de Fira (o Thira), la capital de Santorini. La ciudad está en la parte alta y se puede subir con funicular, en burro o en bus.


Elegimos el bonito Hotel Leta en el centro de Fira, con paredes encaladas azul y blanco, y una piscina con un delfín de mosaicos en el fondo. Cerca están la Catedral Católica de San Juan Bautista y la Catedral Ortodoxa Metropolitana.


Por la tarde vamos en bus a Oia, a 11km. Oia es el pueblo maravilla de Santorini, con casas blancas escalonadas y con iglesias de cúpula azul asomando entre las azoteas. Callejeamos por el laberinto de calles, subiendo y bajando escaleras, y viendo las piscinas azul transparente de algunas casas y hoteles, encaradas al mar. Las casas descienden por la ladera hacia el mar. 




Cada rincón de las calles de Oia es un mirador abierto al mar y ofrece una perspectiva diferente  Las vistas son magníficas, con el mar Egeo de un azul profundo con vistas a la caldera y la isla de Thirasia.



Al día siguiente bajamos al puerto por el camino con 500 escalones, que también se puede bajar en burro. En el puerto cogemos el barco Poseidón para hacer una excursión por la Caldera del Volcán. El Poseidón es un barco bonito de madera de color miel, con altos mástiles. 

Paramos en el Parque Natural Geológico Nea Kameni. Es un islote y un volcán activo con 8 erupciones, la última en 1950. Las erupciones formaron las Se ven piedras volcánicas negras y en alguna zona se huele el azufre de las fumarolas. Subimos al cono del volcán Nea Kameni, con vistas del mar azul intenso y de los acantilados con los pueblos blancos en la cima.


Luego vamos a las Hotsprings, las aguas termales de la Caldera. El barco ancla en la entrada de una cala con una ermita blanca. Se ve el cambio de color del agua, de verdosa a más rojiza por el lodo. Nos tiramos al agua y nadamos hasta la zona de aguas termales, más cálidas y con lodo pegajoso al fondo.

Paramos en la isla Thirasia para comer. La isla tiene un molino con las aspas girando, junto al mar. Al pie del molino está la terraza de un restaurante y nos instalamos allí. Pedimos ensalada griega con alcaparras, pepino, queso feta y tomates, y los buñuelos de tomate y calabacín típicos de Santorini. El pueblo está bastante arriba, subiendo escaleras.


La parte final de la excursión del barco es costear los acantilados de 400m de altura sobre los que está el pueblo de Oia. Verlo desde el mar es bonito. Es un contraste la blancura de las casas con la roca negra de los acantilados, desde lejos parecen cumbres nevadas.

Por la tarde paseamos por el camino costero de Fira al pueblo de Imerovigli, a 2km. En realidad los dos pueblos están casi unidos por una sucesión de casas blancas escalonadas. Las vistas del mar azul, la isla de Thirasia y las casas desde diferentes ángulos, son magníficas. Las terrazas blancas están salpicadas de pequeñas piscinas azules adornadas con cactus redondos, buganvillas  y flores.





La Caldera es el cráter de un volcán que está en el centro, rodeado de mar. La isla de Thirasia surgió de una erupción del año 1600 a.C, que destruyó 2000 viviendas y causó 500 víctimas. Fue una erupción casi legendaria, y luego en 1954 hubo un gran terremoto. 

En Imerovigli está la Skaros Rock, un peñasco rocoso piramidal, acabado en forma rectangular, como el muro de un castillo, en medio de la Caldera. Unas fantásticas vistas.


En el camino está la terraza-restaurante del cine Volcano, una de nuestras favoritas, donde paramos a cenar y contemplar la puesta de sol. Pedimos vino blanco griego y pulpo con fava. 



Otro día vamos en bus hasta la Playa Roja, de guijarros,  esta entre los acantilados rojizos por el óxido y piedra volcánica. Nos damos un baño delicioso en las aguas frescas. Desde allí vamos en barco a ver otras playas. Pasamos por Playa Blanca, llamada así no porque tuviera arena blanca, sino por los acantilados de piedra blanca. Es la que nos parece más bonita, con sus rocas calcáreas deslumbrantes y el mar azul. Nos quedamos en Playa Negra, de arena volcánica. Hay menos gente, dicen que es la mejor para el baño. Tiene arena gruesa negra y guijarros.


En la Isla Santorini también se conserva algún molino aislado, de blancura luminosa y erguido frente al mar Egeo, un vestigio de su pasado.




Pasamos tres fantásticos días en la isla de Santorini y disfrutamos sus pueblos, sus paisajes y su gastronomía. En cada puesta de sol las casas blancas se tiñen de luz dorada y vemos el cielo rojizo en el mar, con la isla de Thiresia en medio del mar Egeo. Santorini es, sin duda, una isla de gran belleza.




martes, 15 de junio de 2021

MYKONOS Y LOS MOLINOS GRIEGOS



Las islas griegas están salpicadas de blancos molinos de viento que adornan su paisaje. En la Isla Mykonos se agrupaan los Molinos Kato Milli, siete molinos construidos por los venecianos en el s. XVI para moler el trigo. Son molinos de planta redonda, con aspas de madera granates. Están alineados sobre una colina y rodeados de mar, con vistas de la población de Chora (o Hora), la capital de Mykonos.

Ante los molinos contemplamos la llamada Pequeña Venecia, una hilera de casas blancas con balcones azules y granates, asomados al mar Egeo. Es el paseo marítimo de la isla y tiene terrazas al borde del mar. Los comerciantes crearon el barrio en el s. XVIII para que sus casas tuvieran acceso al mar. Las Islas Jónicas fueron una posesión de ultramar de la República de Venecia desde el s. XIV hasta s. XVIII, por lo que la influencia veneciana se extendió también a las Islas Egeas.

Chora es un pueblo con calles laberínticas y estrechas encaladas, con balcones y ventanas azules y verdes, salpicadas de los colores lilas y morados de las buganvillas. Algunos balcones son granates, pero predomina el azul marinero. Una de las calles más bonitas es Agias Paraskavis, donde estábamos alojados, en el Studio Eleni. Las calles tienen pequeñas tiendas de artesanía de calidad y tabernas con encanto con sillas de colares y decoración marinera. 














El Molino Boni está en la zona más alta de Chora, formaba parte del Museo de Agricultura y podía verse como funcionaba antiguamente.

















Estos molinos fueron muy importantes en la economía local por ser una de las principales paradas en la ruta comercial entre Venecia y Asia. Los barcos descargaban el trigo en el puerto y los molinos convertían el cereal en harina para alimentar con pan a las tripulaciones. Las islas exportaban pasas, aceite de oliva y vino.




 

Entre las 800 iglesias de la isla de Mykonos destaca la Iglesia Panagia Paraportiani, la más singular y popular. Es de una blancura deslumbrante, las sucesivas capas de cal había redondeado sus formas y parecía que creciera en la roca. Se construyó entre los s. XV-XVII, en realidad eran 4 capillas y otra en un piso superior, con acceso por una escalera exterior. No pudimos ver el interior porque estaba cerrada.





















Es muy interesante el Museo Folklórico, en una casona de un lobo de mar. El propietario ha preservado mobiliario, objetos antiguos y material náutico. Exhibe baúles, cunas, ruecas, máquinas de coser, planchas, un fonógrafo un escritorio con compartimento secreto, armarios, camas con dosel, joyas, algún traje tradicional, una colección de platos de cerámica decorados. Nos gusta también la cocina antigua, muy bien equipada con sus recipientes y molinillos. Es un museo fantástico y muy completo.





La isla de Mykonos tiene otros atractivos en el interior, como el pueblo Ano Mera, a solo 7km de Chora. Fuimos en autobús una tarde. Allí visitamos el bonito Monasterio Panagia Turliani, con una bonita iglesia ortodoxa con lámparas de plata colgantes y un museo de arte religioso con cálices, cruces, casullas y libros con incrustaciones de plata.




















Dedicamos otro día a las playas de Mykonos. Desde la estación La Fabrika cogimos un bus hasta la playa Platys Gialos, de arena dorada y agua transparente de bonito azul verdoso. Casi toda la playa estaba invadida por toldillos o parasoles con colchonetas. Desde Platys Gialos sale un barco-taxi que hace un recorrido por varias playas de la isla. Primero fuimos a la más lejana, playa Elia, con acantilados escarpados en los extremos. El paisaje de fondo es bastante árido y terroso, pero el agua tiene una tonalidad verde azul transparente. Allí nos bañamos y picamos un aperitivo griego a la sombra.

Al lado está la playa Agari, que vimos desde el barco, y a continuación paramos en la playa Super Paradise una hora y en playa Paradise otra hora. Disfrutamos de todas las playas y nos dimos baños gloriosos. 










Pasamos tres días en la isla y cada atardecer contemplamos la puesta de sol entre los molinos y la pequeña Venecia. La vida nocturna era animada, pero somos poco noctámbulos y preferimos madrugar; con paseos tras la cena teníamos bastante. Y en sus bonitas tabernas disfrutamos de la gastronomía local: calamares, pulpo, pescados, zuchini (los buñuelos de calabacín) y vino blanco griego o cervezas Alfa y Mythos. Una isla de gran belleza, con muchos atractivos.