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miércoles, 19 de noviembre de 2025

IRAK: LOS CAFÉS Y BAZARES DE BAGDAD

Bagdad, la capital iraquí, está ubicada en las orillas del río Tigris. Desde el balcón de nuestra habitación en el Hotel Malik Dijhla se ve el río con algo de verdor. Vamos a ver el icónico Monumento a los Mártires, una enorme cúpula esmaltada color turquesa dividida en dos, que simboliza las lágrimas de las familias por los caídos en la guerra. En medio hay una llama que alcanza los 40 metros de altura, pero no está encendida. De hecho, el monumento está cerrado (aunque vemos entrar iraquís) y un policía nos impide el acceso sin dar razones. Pero seguimos el muro que rodea el recinto y encontramos una ranura para colarnos.

Fue diseñada por Ismail Fattah al-Tarki, y construida por el japonés Mitsubishi en 1983 como santuario dedicado al millón de iraquíes que fallecieron en la guerra de Irán-Irak, bajo el régimen de Saddam. En la época de Saddam había vitrinas llenas de pertenencias de los muertos como gafas, placas de identificación y hasta objetos como corta uñas o bolígrafos. En la actualidad se ha convertido en un Memorial de las víctimas chiitas y kurdas del régimen de Saddam.


La Plaza Tarhir o de la Liberación está a diez minutos andando de nuestro hotel. Es lugar de reunión, manifestaciones y protestas, y símbolo de la resistencia del pueblo iraquí. Allí está el "Monumento a la Libertad" (Nasb al-Hurriyah) con relieves en bronce, representando escenas de la Revolución del 14 de julio, que conmemora la declaración de independencia de Irak.

En una esquina de la plaza estaba el Hotel Palestina, donde un tanque americano disparó y asesinó al reportero español José Couso.


Paseamos por la Corniche hacia la ciudad antigua. Atravesamos unas calles que tuvieron otros tiempos de esplendor. Hay casas de dos plantas con porches, con adornos de estuco en la fachada y ventanas en arco, queda alguna con vidrieras de colores. Se ven muy deterioradas, con los cristales rotos y paredes combadas, parecen deshabitadas. Vemos la Madrasa Mustarisiriyah, cerrada por la tarde.



El casco antiguo está restaurado. Lo forman las calles peatonales Al-Mutanabbi, la perpendicular calle Rashid y algunas pocas más. Tienen casas de dos pisos con porches con columnas, parecen de construcción nueva, más que restauradas. En los porches se instalan puestos callejeros de libros, material escolar y de oficina y de recuerdos.

Hay algunos edificios más destacados como el Palacio del Gobierno, la Casa del Gobernador, el Centro Cultural iraquí-italiano de Arqueología y Conservación y varias Mezquitas.





En la calle Rashid hay una bonita Mezquita con cúpula azul con dibujos geométricos. Vemos otras Mezquitas en la ciudad, también con cúpulas decoradas: Haydar-Khana, Al-Asif-ya (mezquita y madrassa) o Al-Khulafa (más alejada y en obras).


          


Bagdad es una ciudad enorme y caótica con un tráfico infernal, pero aún circulan los viejos tuk-tuks amarillos.


El histórico Café Shabandar está en una esquina, al principio de la calle Al-Mutanabbi. Está en una casa otomana de más de cien años de antigüedad. Entramos y vemos su interior, muy acogedor y con encanto, tiene vidrieras de colores y está decorado con antigüedades. Hay varios samovares para el té, una gramola, una jaula colgada del techo. Está repleto de fotos con personajes locales que han pasado por allí y fotos con el dueño, que contempla sus dominios sentado en un rincón. 



La mayoría de clientes son hombres, pero también entran algunas mujeres modernas con el pelo al descubierto. El café-tetería tiene un ambiente bohemio y ha sido lugar de encuentro de poetas, filósofos y artistas. La gente toma té y fuma las shishas aromáticas, despidiendo nubes de humo, conversando y dejando pasar el tiempo. Eso hacemos, pedimos dos tés azucarados y contemplamos el ambiente.

Un atentado terrorista con coche bomba en 2017 destrozó el local y mató a más de cien personas, entre ellos parte de la familia del dueño. Pero Al Khasali,el propietario, quiso reconstruir el mítico Shabandar  y recuperar el espíritu del café, como símbolo de resistencia.



Hay otros cafés agradables con encanto, llenos de gente y animación. 







Los Bazares de Bagdad están llenos de animación. Las calles son una continuidad de tiendas y puestos de todo tipo. Hay puestos de granadas y melones, coloridos textiles y vestidos de fiesta de mujer, que deben llevar en fiestas o en bodas.





El Bazar Safafeer es el Bazar del cobre. Nos adentramos en sus callejuelas, con tráfico de personas acarreando fardos y carros. Los puestos son un batiburrillo de teteras, pebeteros para perfumes, cuencos, lámparas de Aladino, platos labrados, portavelas, fundas de espadas, cacitos, juegos de té...todo de cobre reluciente. 






Cogemos un taxi para ir al Museo Nacional de Irak. Es un gran recinto con una valla metálica. Vemos una gran puerta flanqueada por una réplica de las estatuas de toros alados, encontrados en la ciudad de Nimrud del s. IX. El toro con cabeza humana simboliza la sabiduría y la fuerza; las alas del águila simbolizan la velocidad. Eso es todo lo que vemos del museo, porque está cerrado por obras durante tres meses!!! Insistimos en entrar preguntando a trabajadores, encargados y policías, pero sin éxito. Cosas que pasan en los viajes y un motivo para volver a Bagdad. Los únicos toros alados que vemos, además de en la web del museo y en la puerta, son otra réplica en un puesto de control.


Foto de la web del Museo de Bagdad


El Museo Baghdadi sí está abierto. Está ubicado en una antigua y bonita casas otomana, con patio y balcones. Mediante figuras de cera representa escenas de la vida cotidiana de los iraquíes: bodas, celebraciones con músicos, comidas en la cocina, reuniones de hombres tomando té, niños en la madrasa con sus coranes en los atriles, mujeres hilando con ruecas...También representan los oficios tradicionales: alfareros, lustradores de zapatos, vendedores de especias, joyeros, herreros con los yunques, barberos, planchadores, sastres, etc. Interesante y un poco naïf




Tempus fugit

viernes, 31 de diciembre de 2010

TÁNGER

 

Tánger, al norte de Marruecos, estaba bañada por el Atlántico y el Mediterráneo. Desde el Paseo Martítimo con edificios de fachada blanca y palmeras, había vistas del estrecho de Gibraltar y de la Mezquita del Puerto o Mezquita Lalla Abla, con su minarete de mosaicos. 

Pasear por las calles de La Medina y La Kasbah era un placer. La Kasbah es un espacio fortificado, quedaban partes de la antigua muralla. Cruzamos la Puerta Bab Kasbah y entramos en el laberinto de callejuelas con arcos. Tenía puertas de madera con adornos metálicos.






La ciudad atrajo a escritores como Paul Bowles, William Burroughs, Jack Kerouac, Tennessee Williams, pintores como Matisse y Delacroix, y otros muchos artistas. Tenía un ambiente y una luz especial.




En toda la ciudad hay numerosos cafetines y teterías con terrazas, donde tomar té moruno con menta. Como el Café Hafa de 1921, en una colina con terrazas escalonadas con vistas  al Mediterráneo.



Cerca estaba la necrópolis fenicia con más de 50 tumbas talladas en la roca. Cuando fuimos las tumbas estaban inundadas de agua, como pequeños estanques. Los tangerinos paseaban y se sentaban entre las rocas a contemplar el mar.

El Zoco Grande y el Zoco Chico tenían multitud de tiendas de especias, babuchas, textiles y coloridos vestidos de mujer. En el mercado nos gustaron especialmente los puestos de pescado.