miércoles, 26 de febrero de 2025
LOS GORILAS DEL P.N. BWINDI
viernes, 6 de abril de 2018
LAS ALDEAS AKHA
Desde Phongsali
contratamos una excursión a las tribus de las colinas. Había 28 etnias
diferentes en la provincia. Nosotros fuimos a aldeas de la minoría étnica
Akha. Primero cogimos una barca por el río Nam Ou en un trayecto de una hora
aproximadamente; el río se abría ante
nosotros con paredes de vegetación en ambas orillas, con fondo de montañas. La
superficie del agua estaba lisa como un espejo.
Llegamos a un tramo con rápidos en el río y la barca no podía pasar. Los chinos habían construido una gran presa más arriba y desembarcamos en una aldea de cabañas. Una anciana nos preparó té y tallos de bambú asados; se pelaban como los calçots, eran tiernos, como los palmitos y sabían un punto amargo.
Desde la aldea
emprendimos en trekking de cuatro horas y media. El primer tramo fue un bosque
de bambús, había muchos cortados en el terreno. Luego empezamos a ascender. El
paisaje era precioso, muy verde y montañoso, con algunas flores blancas. El
sendero se abría paso entre la vegetación.
La llegada a la aldea Peryenxang fue espectacular. Estaba en la cima de la montaña y se veían unas cuantas cabañas con graneros y empalizadas entre hierba verde. En medio correteaban cerdos negros, gallinas y vacas. Los niños jugaban por allí y se agruparon para recibirnos entre risas. Dimos una vuelta por la aldea y saludamos a los vecinos con un “Sabaidee”.
Las mujeres
Akha cargaban sus hijos a la espalda y se caracterizaban por sus tocados
negros adornados con cadenas, bolas y monedas de plata. Las monedas eran de
diversa procedencia, algunas chinas. Su vestimenta era negra con cenefas de
colores, y sus rasgos de pómulos anchos. Cada tocado era diferente, recargado
de plata, cadenillas y monedas. Las hacía muy especiales.
Cenamos con la
familia a la luz de un quinqué sopa de champiñones, arroz, verduras, noodles y
el tubérculo taro, parecido a la patata. Hablamos un poco con ellos, a nivel
básico, y nos acostamos temprano. Al poco oímos la lluvia cayendo con fuerza
sobre el tejado.
Al día siguiente nos despertaron los cantos de los gallos. Pasamos el día caminando y viendo otras aldeas: Peryenxang Khao (Khao significa vieja) y Chakampa. Caminamos 16km. Una barca nos llevó hasta la presa y allí cogimos un bus hasta el pueblo de Hatsa. Por aquella zona las mujeres llevaban otros tocados coloridos y con forma puntiaguda. Luego tocó el regreso a Phongsali. Fue una excursión breve, pero curiosa y muy interesante.
jueves, 22 de noviembre de 2007
LAS TORRES DEL PAINE
El Parque Nacional Torres del Paine en Chile, estaba a 112km de Puerto Natales, donde nos alojamos. Estaba situado entre la Cordillera de los Andes y la estepa patagónica. Lo formaban montañas, valles, ríos, arroyos, lagos, lagunas y glaciares, y era una Reserva de la Biosfera. Pasamos dos días en el parque. La Patagonia era una zona ventosa, pero el día amaneció sin viento. Antes de llegar paramos en un lago donde se reflejaban las montañas nevadas en la superficie totalmente lisa.
El día estaba soleado y con un cielo azul limpio. Los senderos estaban bien marcados. Elegimos el sendero al Mirador de las Torres del Paine, que ascendía a través de bosque y colinas onduladas. El trekking empezaba desde el Hotel Las Torres, de fachada roja con tejadillos de pizarra negra, que fue una estancia de ganado vacuno.
Cruzamos un puente
sobre el río de aguas verdosas. Desde el principio tuvimos la impresionante
vista de las torres que se elevaban casi verticalmente más de 200m por
encima de la estepa patagónica. Eran espectaculares columnas de granito entre
picos nevados. Las torres tenían las paredes tan escarpadas que la nieve resbalaba
y no llegaba a cuajar. Tardamos unas cuatro horas en el trayecto.
Durante el camino rellenamos las botellas de agua fresca de los arroyos. Nos cruzamos con algunos senderistas que bajaban a seguir otra ruta después de haber dormido en los refugios altos. Comimos un bocata en un merendero del camino. El último tramo fue una ascensión empinada por una pedrera. De vez en cuando encontrábamos marcas rojas en las piedras grandes. Llegamos cansados y contentos. Las Torres del Paine se levantaban ante nosotros con sus 200m de altura, y al pie tenían una laguna verde. Bajamos a la laguna a tocar el agua. Estaba fría, pero apetecía mojarse los pies después de la caminata.
Al día siguiente
fuimos a la Laguna Pudeta y al Mirador de los Cuernos del Paine.
El día estaba soleado, pero hacía más viento, ya no se veía el reflejo de las
torres en la laguna de entrada al parque. El sendero hacia el Mirador de los Cuernos
era mucho más fácil, un paseo agradable. Caminamos entre plantas verdes de
aspecto esponjoso, que en realidad eran espinosas. Pasamos por una cascada
que caía con fuerza, con chorros de espuma blanca. Era una de las cascadas que
nacían del Campo de Hielo Patagónico Sur.
Los Cuernos eran
la parte superior de la montaña, recortados en un color más oscuro. La roca
estaba casi negra en la cima y contrastaba con la roca marrón de la parte
inferior. Había agua por todas partes. Llegamos en una hora al mirador, al pie
de una laguna azul.
Disfrutamos de la
belleza del paisaje. No era extraño que se considerara al Parque Nacional Torres
del Paine como la octava maravilla del mundo.