lunes, 30 de mayo de 2022
EL PUENTE DEL AMOR Y EL PARQUE DE ESCULTURAS
domingo, 29 de mayo de 2022
LA PENÍSULA DE KARPAS
Quisimos conocer la Península de Karpas, una zona poco poblada y tranquila, al noreste de la isla de Chipre. Desde Famagusta fuimos en autobús a Kimyali. Nos alojamos en el Nitovikla Garden, donde nos recibió Zecai, el propietario, un personaje amable y peculiar. Estaba cuidando el jardín con árboles frutales y una piscina, y nos ofreció albaricoques y moras. Nos sentamos con él y su mujer en el jardín a tomar limonada y charlar.
Zecai había sido profesor universitario y había escrito
varios libros sobre la cultura gastronómica y tradicional de la isla de Chipre.
Montó su hotel ecológico hacía unos diez años y les había ido muy bien,
con reconocimientos, hasta la pandemia. En 2021 empezaban a recuperarse poco a
poco.
Después de un rato de charla nos acompañaron a la habitación. Estaba en la segunda planta de una galería con arcos. Tenía cama con dosel, bonito mobiliario y un baúl.
El comedor del Nitovikla tenía una galería con arcos, decorada con objetos agrícolas: un trillo, calabazas colgantes, cacillos de metal, alacenas con platos de cerámica, aperos de labranza, y mucho más.

Llegamos al extremo de la península, donde estaba el Monasterio del Apostolous Andreas, frente al mar. Era de piedra blanca, con un campanario. En el interior había un iconostasio con muchos iconos del s. XIX. Andreas era el patrón de los sastres, famoso por sus milagros. Leímos que había sido uno de los lugares más importantes de peregrinación de la isla antes de 1974, cuando los turcos invadieron y se produjo la partición de la isla. Las autoridades turcas habían abierto la frontera para recuperar el peregrinaje, pero decían que no había vuelto a ser lo que era.
Luego fuimos a la Golden Beach, una preciosa y alargada playa, apenas sin gente. El mar estaba verde azulado, con aguas transparentes y muy calmas, como una piscina. Nos bañamos prácticamente solos. Caminamos hasta un recodo en curva, donde la playa quedaba cortada por las rocas.
Por la tarde nos despedimos agradecidos de
Zecai y su mujer, unos excelentes anfitriones y de la Península de Karpas.
jueves, 26 de mayo de 2022
KYRENIA, CASTILLOS Y ALREDEDORES
Luego fuimos al cercano Castillo de San Hilarión, a solo 16 km de Kyrenia. Era imponente, se erigía sobre un peñón y las murallas descendían por la ladera. Aunque estaba en ruinas, la silueta dentada se apreciaba perfectamente sobre la montaña, y sus altos muros con algún ventanuco y arcos resistían. Era muy extenso, leímos que tuvo 101 habitaciones con un jardín secreto. Y según la leyenda, la soberbia fortaleza sirvió de inspiración a Walt Disney para crear el espectacular Palacio de la reina malvada de Blancanieves.
El contorno dentado en el rocoso paisaje
evocaba el encanto gótico de la corte de Lusignon, que se reunía allí cada
verano. Destacaba la Torre del Príncipe John, desde donde había vistas espectaculares.
En otros puntos de la carretera también disfrutamos de las vistas, aunque era
zona militar y había que tener cuidado donde se paraba.
El pequeño pueblo de Bellapais
estaba cerca de Kyrenia, a 4km. Era muy tranquilo, con las casas adornadas con
macetas. Visitamos la Abadía del s. XII y estilo gótico, construida por
la Dinastía francesa de los Lusignanos. Era enorme y con vistas al mar. El
claustro se conservaba bastante bien, adornado con cipreses y macizos de flores.
La Iglesia de la Abadía había perdido el techado y mostraba sus arcos y la
obertura del rosetón. Bajamos a unos sótanos que debían ser las bodegas o zona
de almacenaje, con arcos de bóveda en buen estado.
Buscamos la casa del escritor Lawrence
Durrell, que residió en Bellapais de 1953 a 1956, después de vivir en Corfú
con su familia. Estaba en un callejón cuesta arriba llamado Bit Lemmons, como
su novela. Una casona amarilla con contraventanas verdes, vistas al mar y un
patio interior del que asomaba una palmera. Allí escribió parte de su obra y disfrutó
de la isla junto a sus muchos amigos. La casa estaba en venta.
Regresamos a Kyrenia y cenamos en uno de
los restaurantes del Puerto Viejo. Pedimos lubina y calamares con ensalada, patatas
y vino blanco. Seguro que a Durrell le hubiera gustado.
martes, 24 de mayo de 2022
LA NICOSIA TURCA (LEFKOSIA)
Cruzamos andando el Check-point situado
al final de la calle Ledra. Era una caseta militar, donde hicieron el control
de Pasaporte y la aduanera nos saludó bromeando en español. Caminamos unos
metros por una galería con techado de madera y pasamos el control turco. Rápido
y fácil, aunque más fácil sería ningún control. Salimos a una calle llena de terrazas
de restaurantes y tiendas de estilo turco, con dulces de miel y frutos secos. Ya
estábamos al otro lado.
Uno de los rincones con más encanto de la
Nicosia turca era el Caravanserai Buyuk Han, construido en 1527 por el
gobernador Lala Mustafa Pasha, el caravanserai otomano mejor conservado. En la
época fue alojamiento de mercaderes y peregrinos; en la planta baja había
establos para los caballos, almacén y sala de rezos. El caravanserai tenía dos
plantas con galerías con arcos ojivales, y en el centro del patio había una estructura
rematada con una cúpula. En la actualidad el gran patio tenía dos cafés
restaurantes, y en los arcos había tiendecitas de artesanía. Allí celebramos mi
cumpleaños; el mejor regalo era pasarlo
viajando.
Paseamos hasta la bonita Puerta Kyrenia
y alrededor de la muralla con los bastiones. Visitamos el Museo Mevlevi
Tekke, la casa de los Derviches Sufís Mevlevis, la rama mística del Islam,
del s. XV. Esta secta surgió en Konya (Turquía) en el s. XIII. Tenía una sala
circular con un altillo, en la que los derviches realizaban sus danzas giradoras
y sus rezos (el semahane), una reproducción de la cocina, su lugar de reunión y
las tumbas de piedra, cubiertas de terciopelo de colores y con sus sombreros en
una esquina de la tumba. En el exterior exhibían piedras blancas tipo estelas,
con caracteres arábicos labrados. Un museo curioso.
Luego visitamos la Mansión Derviche
Pasha, del s. XIX. Pasha publicó el primer periódico turco en Chipre. Era una
rica casa transformada en Museo Etnográfico. Reproducía la vida
cotidiana de la época con maniquíes en varias habitaciones: la cocina con sus
recipientes metálicos, la sal del telar, cerámicas, cristalería, trajes turcos
bordados, objetos de uso doméstico…En los alrededores había algún hammán, pero estaban cerrados.
Otra mansión que visitamos fue la Casa
Lusignan, de una familia noble francesa. Las habitaciones tenían alfombras,
quinqués y lámparas colgantes, baúles…Unos maniquíes reproducían la vida de la
familia en el comedor con chimenea, bordando y escuchando música de una gramola.
El jardín era pequeño y bonito.
En resumen, nos gustó más la Nicosia Norte
turca, con sus caravanserais, hammanes, mezquitas, bazar y ambiente algo más abigarrado,
aunque ambas eran atractivas y era un gusto pasear por sus callejuelas.






























