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jueves, 9 de abril de 2026

HUNGRÍA: PEST

La ciudad de Budapest está repleta de edificios históricos catalogados, de bella arquitectura. Pasear por sus calles es un auténtico placer, admirando las fachadas, a cual más bonita. Muchos fueron dañados en la II Guerra Mundial y posteriormente restaurados. Además conserva trolebuses y tranvías amarillos.

Resumir un itinerario por la ciudad es una tarea difícil. Así que he diferenciado la orilla de Buda y la de Pest. Uno de los edificios destacados es el Palacio Gresham de 1906 y estilo Art Noveau. Alberga el Hotel Four Seasons




El Palacio Anker fue construido en 1908 para un compañía de seguros, con columnas dóricas y dos estatuas de mujeres con los brazos extendidos en las cúpulas. La Catedral Basílica de San Esteban de 1905, es de estilo neoclásico y junto con el Parlamento es uno de los edificios más altos, con 96m. Tiene capacidad para 8.500 personas, siendo el segundo edificio religioso más grande del país. Desde su cúpula se tienen vistas panorámicas de la ciudad.



El Palacio Dreschler es de estilo renacentista. Fue sede del Instituto de Ballet y actualmente es el Hotel W Budapest. Está en la Avenida Andrassy, declarada Patrimonio de la Humanidad. En frente está la Ópera Nacional de Hungría o Ópera de Budapest, de 1884, renacentista con 16 estatuas en la parte alta de la fachada.



Otro edificio notable es el Pesti Vigado, una sala de conciertos de estilo romántico. Es la segunda sala de conciertos más grande de la ciudad y además, es un centro cultural donde tienen lugar danzas folclóricas y exposiciones de arte.


El edificio más espectacular es el Parlamento, a orillas del Danubio. De piedra blanca con cúpulas rojas. Alberga el Museo del Parlamento, que visitamos. Son impresionantes las salas palaciegas con techos artesonados en madera, mármoles, esculturas. La Corona es uno de los objetos expuestos más preciados. Están prohibidas las fotos, pero hacemos foto de un vídeo.





Paseamos por la orilla del río Danubio y encontramos los Zapatos del Danubio, el monumento conmemorativo de los judíos masacrados por los milicianos húngaros fascistas. Se les ordenó quitarse los zapatos, fueron fusilados al borde del agua y arrastrados por el río. Creado por el escultor Pauer Gyulia en 2005. Los zapatos están sueltos y en alguno han colocado flores.

En el barrio judío vemos la Gran Sinagoga de Budapest, la segunda más grande del mundo. Fue construida en 1859 en estilo neo-morisco. En el recinto al aire libre está el Árbol de la Vida, un monumento en forma de sauce llorón, dedicado a las víctimas del Holocausto.



Luego visitamos el Mercado Central, el mercado cubierto más grande de Hungría. De arquitectura estilo neogótico y techo con azulejos de cerámica. Inaugurado en 1897. Es bonito por fuera y por dentro, con sus coloridos puestos.




Al atardecer hacemos el Crucero por el río Danubio, admirando los bellos edificios de las orillas. Pasamos bajo el Puente de las Cadenas (Széchenyi Lánchid), el Puente de Isabel (Erzsébet hid) y el Puente de la Libertad (Szbadság hid), con sus torres verdes, y vemos el Puente Margarita al fondo. 




Una construcción curiosa es la llamada "La Ballena", una estructura moderna de vidrio y metal, junto a  dos antiguos almacenes de ladrillo del s. XIX. Inaugurada en 2013 y diseñada por un estudio holandés. Es un centro comercial con tiendas y restaurantes. El edificio del Parlamento es el colofón del crucero. 



Balneario Szécheny, uno de los baños termales meficinales mayores de Europa. De estilo neogótico con 12 piscinas. La gran piscina al aire libre, bordeada por los edificios amarillos es espectacular. También son bonitas las piscinas interiores entre columnas, con el agua a distintas temperatura. Bajamos a la sauna Dante, El Balneario Gellert esta cerrado por reformas.



La ciudad tiene numerosos cafés históricos con mucho encanto, como el Café Gerbaud en la Plaza Vorosmarty. El que nos pareció más bonito es el Café New York, de aspecto imperial con techos altos con dorados, lámparas y amplios ventanales con cortinajes granates. Los precios van en consonancia al ambiente; la consumición mínima puede ser capuchinos, servidos con galleta y vaso de agua, que es lo que pedimos nosotros. También se puede hacer un brunch o comer allí, según el presupuesto. 
 


También hay muchísima oferta gastronómica y restaurantes. Entre los restaurantes más especiales está el Restaurante Rústico. Es un auténtico museo repleto de instrumentos agrícolas y objetos domésticos expuestos en las paredes, y se come muy bien. Budapest es mucho más, y es sin duda, una ciudad que atrapa y enamora.




martes, 8 de abril de 2025

EL CANAL NYHAVN



Dinamarca está en la Península de Jutlandia y en el territorio de 443 islas en el Mar Báltico. Solo 79 islas están habitadas. Copenhague está en la isla de Selandia, y es su capital.

El Canal Nyhvan o "Puerto Nuevo" fue construido en el s. XVII, como entrada a la ciudad por el mar Báltico para los comerciantes. Durante muchos años fue habitado por marineros y prostitutas. Los tiempos modernos habían dejado paso a las terrazas de bares y restaurantes. Estaba flanqueado por casas coloridas, de tejadillos rojos, con buhardillas y chimeneas.



Disfrutamos paseando por el muelle del canal, viendo los antiguos edificios del s. XVIII  y los  barcos de madera atracados, de altos mástiles. Algunos edificios fueron sede de compañías navieras, y leímos que en el n°20 vivió Hans Christian Andersen.

Cogimos un barco por los canales, en un trayecto de una hora. Pasamos por edificios como la Ópera, la Bolsa, la Biblioteca o el llamado Diamante Negro, de mármol negro y cristal. 




Pasamos por varios puentes de piedra de poca altura, en los que había que agachar la cabeza y se podía tocar el techo de bóveda de sus arcos. 





Casi al final del recorrido en barco vimos la famosa Sirenita, emblema de la ciudad. La vimos de espaldas, sentada sobre la roca, y luego regresamos por tierra para verla mejor. Era una escultura de bronce no muy grande, de 1 metro de altura, creada por el escultor Eriksen a principios del s. XX por encargo de los Jacobsen, la familia propietaria de la fábrica de cerveza Carslberg. Estaba inspirada en un cuento de Hans Christian Andersen. 


lunes, 4 de noviembre de 2024

EL DESIERTO DE WADI RUM

El desierto de Wadi Rum era una maravilla natural, declarado Patrimonio de la Humanidad. Llegamos al Visitor's Center, junto al pequeño pueblo de Rum, y pagamos 7 dinares de entrada. Un beduino llamado Abdul nos explicó las opciones de excursión y elegimos la más completa, pasando una noche en el desierto. Fuimos en un Toyota pick-up, y nos montamos en la parte trasera con toldo. 

El paisaje era espectacular. Nos rodeaban grandes montañas rocosas. Primero vimos el Lawrence's Spring, un manantial de agua ubicado en una empinada ladera. Había abrevaderos donde bebia un rebaño de cabras.

Seguimos por las Dunas Rojas, una zona de dunas de unos 20m de altura y de color rojo anaranjado intenso. Subimos por la duna para contemplar las vistas del desierto y las montañas rocosas de alrededor. En la arena se veían pequeñas huellas de animales: lagartijas, escarabajos y algún zorro.


Luego fuimos al Jebel Khazali, un estrecho cañón con sus paredes llenas de petroglifos, grabados tamúdicos (los habitantes de la zona anteriores a los nabateos). Había figuras humanas con las extremidades anormalmente largas, animales , huellas de pies, inscripciones...

Paramos en la Lawrence'House, las ruinas de la supuesta casa del famoso coronel. Poco quedaba, pero las vistas eran magníficas.




Otra parada fue uno de los tres puentes de roca de Wadi Rum, el Umm Fruth Rock Bridge. Un arco natural formado en la roca por la erosión. Subimos hasta arriba para contemplar las vistas.

El Puente Burdah era espectacular, nos pareció el más bonito de los tres. Una gran obertura formada por el arco. La subida fue más difícil que la del primer puente, porque era una roca redondeada y había que subir a gatas, agarrándose a las oquedades de la roca. Lo conseguimos, las vistas lo merecían. Bajamos sentados para no resbalar con la arena.


Seguimos la ruta contemplando la belleza de los paisajes, con formaciones rocosas, con las paredes erosionadas por los regueros de agua, formando canales y oquedades.

Encontramos grupos de corredores y algunos aislados. Era una maratón del desierto internacional, con 425 participantes. Duraba cuatro días. Abdul nos dijo que el primero hacían 45 km  el segundo 65km  el tercero descansaban y el cuarto día hacían 35km. Agotador, por el recorrido y el calor. Los saludamos y animamos.




Comimos a los pies de un peñasco rocoso, a la entrada de un cañón. Abdul colocó una manta en la arena, hizo fuego para el té y preparó un picnic con pan árabe, atún, tomate, pepino, quesitos y un dulce.

Continuamos viendo las llamadas Rocas mushrooms, unas formaciones parecidas a champiñones gigantescos, bastante llamativas. 

Paramos en el Cañón Burrah. Abdul nos dejó en una de las entradas y caminamos una media hora entre las altas paredes rocosas. El suelo era un lecho arenoso, y en un tramo descendía con rocas acumuladas.  

Como final subimos a una colina a contemplar la puesta de sol. El disco naranja se ocultó tras las montañas. Nos alojamos en jaimas de campamento beduino, junto a las montañas rocosas. Nuestra jaima tenia cama grande y era muy espaciosa. 

La cena fue en un gran comedor adosado a la pared de roca. Las oquedades servían de decoración. Había alfombras, kilims y cojines alrededor de una bonita chimenea. Éramos diez huéspedes: dos australianos, un japonés, dos chinas, una holandesa, tres estadounidenses y nosotros.


Los beduinos cocinaron la cena en un horno excavado en la arena varias horas. Cenamos estupendamente el pollo con calabacines, zanahoria y patatas. Luego contemplamos el cielo estrellado y entablamos tertulia alrededor del fuego de la chimenea.