miércoles, 17 de junio de 2026
FLORES: ALDEA WAE REBO
jueves, 21 de abril de 2016
LOS VALLES DE VIÑALES Y DEL SILENCIO
Desde el pueblo de Viñales cogimos un bus turístico que hacía varias paradas por el Valle de Viñales. El Mirador del Hotel Los Jazmines ofrecía las mejores vistas panorámicas del Valle y los mogotes, formaciones rocosas redondeadas, que parecían el lomo de un elefante.
Paramos en el Mural
de la Prehistoria, pintado en la ladera del mogote Pita. Era un inmenso
mural con caracoles, dinosaurios, monstruos marinos y seres humanos, que
simbolizaban la teoría de la evolución. Era bastante colorista, sobre la piedra
gris y me pareció psicodélico. Leímos que fue diseñada en 1961 por Leovigildo
González Murillo, discípulo del artista mexicano Diego Rivera. La idea fue
concebida por Celia Sanchez, Aliosa Alonso y Antonio Nuñez Jiménez. La obra fue
llevada a cabo por 18 personas durante 4 años. Una curiosidad.
Visitamos la Cueva del Indio. Bajamos unas escaleras en la gruta y después de un corto recorrido iluminado, cogimos una lancha motora por el río subterráneo de aguas verdes y que atravesaba la cueva.
La Casa del
Veguero era un secadero de tabaco, con las hojas marrones colgando de los
palos. Allí nos mostraron como envolvían los habanos con tres hojas: una para
la combustión, otra para el sabor y otra para el aroma. Antes les extraían el
nervio central de la hoja con un machete. Todo lo que sobraba se convertía en
picadura para los cigarrillos.
Nos contaron que la
fermentación al aire libre era de 90 días, luego se metía en grandes pacas y
fermentaba en tres años. El 80% de la producción se lo quedaba el gobierno, y
el 20% era para los productores para la venta particular. El guajiro que nos lo
explicó era un campesino moreno y curtido, con sombrero.
Al día siguiente
hicimos una excursión por el Valle del Silencio, una caminata de unas
cuatro horas acabando con un baño en un lago. Paramos en una granja
productora de café y nos explicaron el proceso de elaboración. Después de
la recolección del grano lo dejaban secar, lo aventaban, separaban la cáscara y
lo molían. Allí tomamos un guarapo, el zumo de caña de azúcar, al que se
podía añadir zumo de piña y ron para rebajar el dulzor.
En el lago había
algunos nenúfares flotantes. Nos dimos un buen baño, el agua no estaba
demasiado fría. Los mogotes rocosos nos rodeaban en el camino, tapizados de verde
vegetación. Subimos a un mirador para contemplar las vistas. Entre el verde de
árboles y palmeras había claros de tierra roja, con las cabañas de los
secaderos de tabaco y ganado pastando.
lunes, 12 de octubre de 1998
EL CAÑÓN Y LOS POBLADOS ETÍOPES
Siguiendo la ruta sur de Etiopía visitamos la región de Konso y sus poblados, considerada Patrimonio de la Humanidad. En ella encontramos cultivos de café, Etiopía era un productor y exportador de café de excelente calidad. También cultivos de maíz, girasoles y algodón con campos de copos blancos, y nidos grandes colgando de los árboles. También vimos cestas que colocaban en las ramas los aldeanos para que las abejas usaran como colmenas, y poder recoger la miel.
Fuimos a visitar el poblado de Mecheke, el más bonito que vimos en Etiopía. Estaba en la montaña, en una zona con muchos cultivos en terrazas escalonadas. Las chozas estaban cercadas con vallas hechas con ramas y troncos de árboles, para proteger al ganado de las hienas, y con muros de piedras apiladas. El ganado estaba en la parte baja de las casas, aunque los bueyes, cabras y gallinas campaban a sus anchas. Cántaros de cerámica decoraban la parte superior de los techos de las chozas.
Vimos mujeres amamantando a sus hijos, lavando y cocinando al aire libre; hombres hilando el algodón con husos y ruecas, y ancianos fumando tabaco. Otros jugaban al juego africano awale, colocando semillas en un tablero con oquedades. Nos enseñaron la Casa de la Comunidad, donde se discutían los asuntos del pueblo.
Junto a unas
tumbas representaban al fallecido y sus esposas con tótems de madera llamados waka, en posición vertical. Las tribus de la zona del río Omo también usaban aquellos tótems. Eran de religión animista. La vida parecía seguir igual
que hacía siglos en aquel poblado.
Cerca había un cañón de pareces rojizas, llamado Ghesergiyo. La tierra roja intensificaba su color cuando brillaba el sol. Eran formaciones picudas, como pináculos estratificados, modelados por la erosión de las lluvias y el viento. Un paisaje mágico y especial que no esperábamos encontrar allí.


































