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sábado, 1 de octubre de 2005

PLAYAS VENEZOLANAS Y RÍO CARIBE















Río Caribe era un pueblo de pescadores en la costa del Mar Caribe. Fuimos al puerto a buscar una barca que nos llevara a las playas. Encontramos una barca de bonito nombre, el Pancito Carúpano. Nos llevó a Playa Medina, la más lejana y con fama de ser una de las más bonitas del país. Tenía forma de media luna y un gran palmeral denso y abundante. Por detrás de las palmeras cocoteras asomaban las altas montañas. El agua estaba tranquila y azul. Fue nuestra playa favorita del viaje por Venezuela.

Nos instalamos a la sombra de un chamizo o bohío, como los llaman los venezolanos, y nos bañamos en el mar. En la parte de atrás de la playa había chiringuitos que preparaban platos de pescado asado con “contornos”, que era como llamaban la guarnición: arepas, ensalada y banana frita. Un plato completo. Tras la comida nos recogió la barca Pancito Carúpano y nos llevó a la playa de Uva, más pequeña y también bonita, donde nos dimos otro chapuzón. La última del día fue la playa el Caracolito, con un buen palmeral, aunque no grande como el de Playa Medina. La costa entre las playas la formaban acantilados rocosos que fuimos bordeando con la barca.















El pueblo de Río Caribe nos gustó, con sus coloridas casas coloniales de planta baja, con rejas en las ventanas. Las fachadas estaban pintadas en tonos pastel: rosa, verde, azul, amarillo…La plaza Bolivar era el centro y tenía una iglesia colonial del s.XVIII, que destacaba por su blancura entre las verdes palmeras. Por las calles se veían coches antiguos, modelo Chevrolet, como en Cuba.
















Otra de las playas venezolanas que nos encantó fue Playa Colorada. Estaba bordeada por palmeras y con islas rocosas. La barca “El barón de Dios” nos llevó a hacer buceo con tubo a La Piscina, una barrera coralina de aguas tranquilas. Bordeamos las islas Arapito y Arapo. La barca nos dejó en un islote entre las dos islas y nos recogió horas después. El agua estaba tranquila y tenía tonalidades azul verdosas. Buceamos y nadamos desde la isla de Arapito a la de Arapo. Vimos corales laberinto y otros que parecían ramilletes de flores lilas y naranjas. Entre las rocas había muchos erizos negros de largas púas y con el cuerpo rojo. Había peces de rayas negras y amarillas, o azulados y bandadas de peces diminutos plateados que nadaban juntos. Fueron días fantásticos. Y Venezuela tenía muchos más atractivos, además de sus preciosas playas.







jueves, 21 de enero de 1993

NHA TRANG

La ciudad costera de Nha Trang era deliciosa. Tenía muchos tuk-tuk, los triciclos que trasladaban a los vietnamitas al mercado, la escuela y los alrededores. Allí viajé por primera vez en 1993, volví en 2001, comí baguettes con quesitos “La vache qui rit”, bebí cerveza San Miguel y celebré el Tet, el año nuevo lunar vietnamita.


La playa tropical de Hon Chong tenía muchas palmeras, arena blanca y aguas turquesas del Mar del Sur de China. Los míticos “mares del sur”. Estaba bordeada de cocoteros que se arqueaban hasta la orilla. La franja de costa era bastante montañosa; allí estaba el promontorio de granito de Hong Chong, y en la línea del horizonte se veían varias islas. 

En la playa había vendedoras de cocos, cangrejos hervidos y fruta. Lo transportaban a la manera tradicional vietnamita, en cestos llevados en equilibrio con la vara apoyada en los hombros.





Alquilé una bicicleta por unos pocos dongs para recorrer los alrededores. Crucé dos puentes sobre el río Cai. En uno de ellos se veían los palafitos bordeando las orillas, y desde el otro se veían cientos de barcos pintados de azul y rojo. 



Llegué a las Torres Cham o Templo Ponagar, de influencia hindú. Eran torres piramidales de piedra rojiza, con una capilla en el interior, donde estaba el altar. Una de ellas guardó en el s. X un lingam (pene) de oro de Buda, pero lo robaron los khmers rojos de Camboya. El lingam que encontré era de piedra. Las torres se erigieron en del s. VII y XI, y en ellas tanto los budistas vietnamitas como los chinos hacían ofrendas según sus respectivas tradiciones. 

Por la tarde fui caminando por la playa hasta el Obelisco, construido en memoria de la guerra. Por todo Vietnam se veían muchos de aquellos obeliscos, rodeados de tumbas.







Viaje y fotos realizados en 1993