La ciudad de Budapest está repleta de edificios históricos catalogados, de bella arquitectura. Pasear por sus calles es un auténtico placer, admirando las fachadas, a cual más bonita. Muchos fueron dañados en la II Guerra Mundial y posteriormente restaurados. Además conserva trolebuses y tranvías amarillos.
Resumir un itinerario por la ciudad es una tarea difícil. Así que he diferenciado la orilla de Buda y la de Pest. Uno de los edificios destacados es el Palacio Gresham de 1906 y estilo Art Noveau. Alberga el Hotel Four Seasons
El Palacio Anker fue construido en 1908 para un compañía de seguros, con columnas dóricas y dos estatuas de mujeres con los brazos extendidos en las cúpulas. La Catedral Basílica de San Esteban de 1905, es de estilo neoclásico y junto con el Parlamento es uno de los edificios más altos, con 96m. Tiene capacidad para 8.500 personas, siendo el segundo edificio religioso más grande del país. Desde su cúpula se tienen vistas panorámicas de la ciudad.
El Palacio Dreschler es de estilo renacentista. Fue sede del Instituto de Ballet y actualmente es el Hotel W Budapest. Está en la Avenida Andrassy, declarada Patrimonio de la Humanidad. En frente está la Ópera Nacional de Hungría o Ópera de Budapest, de 1884, renacentista con 16 estatuas en la parte alta de la fachada.
Otro edificio notable es el Pesti Vigado, una sala de conciertos de estilo romántico. Es la segunda sala de conciertos más grande de la ciudad y además, es un centro cultural donde tienen lugar danzas folclóricas y exposiciones de arte.
El edificio más espectacular es el Parlamento, a orillas del Danubio. De piedra blanca con cúpulas rojas. Alberga el Museo del Parlamento, que visitamos. Son impresionantes las salas palaciegas con techos artesonados en madera, mármoles, esculturas. La Corona es uno de los objetos expuestos más preciados. Están prohibidas las fotos, pero hacemos foto de un vídeo.
Paseamos por la orilla del río Danubio y encontramos los Zapatos del Danubio, el monumento conmemorativo de los judíos masacrados por los milicianos húngaros fascistas. Se les ordenó quitarse los zapatos, fueron fusilados al borde del agua y arrastrados por el río. Creado por el escultor Pauer Gyulia en 2005. Los zapatos están sueltos y en alguno han colocado flores.
En el barrio judío vemos la Gran Sinagoga de Budapest, la segunda más grande del mundo. Fue construida en 1859 en estilo neo-morisco. En el recinto al aire libre está el Árbol de la Vida, un monumento en forma de sauce llorón, dedicado a las víctimas del Holocausto.
Luego visitamos el Mercado Central, el mercado cubierto más grande de Hungría. De arquitectura estilo neogótico y techo con azulejos de cerámica. Inaugurado en 1897. Es bonito por fuera y por dentro, con sus coloridos puestos.
Al atardecer hacemos el Crucero por el río Danubio, admirando los bellos edificios de las orillas. Pasamos bajo el Puente de las Cadenas (Széchenyi Lánchid), el Puente de Isabel (Erzsébet hid) y el Puente de la Libertad (Szbadság hid), con sus torres verdes, y vemos el Puente Margarita al fondo.
Una construcción curiosa es la llamada "La Ballena", una estructura moderna de vidrio y metal, junto a dos antiguos almacenes de ladrillo del s. XIX. Inaugurada en 2013 y diseñada por un estudio holandés. Es un centro comercial con tiendas y restaurantes. El edificio del Parlamento es el colofón del crucero.
Balneario Szécheny, uno de los baños termales meficinales mayores de Europa. De estilo neogótico con 12 piscinas. La gran piscina al aire libre, bordeada por los edificios amarillos es espectacular. También son bonitas las piscinas interiores entre columnas, con el agua a distintas temperatura. Bajamos a la sauna Dante, El Balneario Gellert esta cerrado por reformas.
La ciudad tiene numerosos cafés históricos con mucho encanto, como el Café Gerbaud en la Plaza Vorosmarty. El que nos pareció más bonito es el Café New York, de aspecto imperial con techos altos con dorados, lámparas y amplios ventanales con cortinajes granates. Los precios van en consonancia al ambiente; la consumición mínima puede ser capuchinos, servidos con galleta y vaso de agua, que es lo que pedimos nosotros. También se puede hacer un brunch o comer allí, según el presupuesto.
También hay muchísima oferta gastronómica y restaurantes. Entre los restaurantes más especiales está el Restaurante Rústico. Es un auténtico museo repleto de instrumentos agrícolas y objetos domésticos expuestos en las paredes, y se come muy bien. Budapest es mucho más, y es sin duda, una ciudad que atrapa y enamora.




































