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domingo, 7 de septiembre de 2003

LAS PLAYAS DE SRI LANKA

Galle era una ciudad colonial en la que los portugueses y holandeses a partir del s. XVI dejaron huella en su arquitectura. Declarada Patrimonio de la Humanidad. Nos gustó el paseo por el perímetro de su muralla, con vistas al mar. Era una muralla alta que conservaba algún pequeño bastión. El terreno de alrededor estaba muy verde, formando suaves ondulaciones. Familias y grupos de amigos paseaban juntos.

El Faro blanco, entre palmeras y junto a un edificio colonial, formaba un bonito rincón. Nos sentamos en la parte de la muralla que daba al mar y contemplamos como rompían las olas contra las grandes rocas, envolviéndolas de blanca espuma.


Desde Galle alquilamos un tuk tuk para llegar a las playas Unawattana, Welligama y Mirissa. La playa Unawattana estaba muy cerca, a 4km de Galle. Decían que era una de las mejores de Sri Lanka, y era realmente bonita. Las palmeras se perdían en la espesura y encuadraban la curva de la playa. 

En una colina de la playa destacaba la blancura de una stupa budista, con su forma de campana. Nos bañamos y comprobamos que la corriente del Océano Índico era muy fuerte y arrastraba mar adentro. Había varios bares y restaurantes, ocultos discretamente en la vegetación. En uno de ellos tomamos zumos de piña naturales.


          

La playa de Welĺigama era preciosa, rodeada de palmeras y adornada por las estacas verticales de los pescadores. La mayoría de las estacas estaban próximas a la orilla, plantadas en el mar de forma dispersa. Según la marea costaba más o menos acceder hasta ellas. Las estacas se heredaban de padres a hijos

Nos acercamos y vino un pescador a ofrecerse para que le hiciéramos una foto por 100 rupias (1 euro). Como ya lo habíamos leído y no había nadie pescando, aceptamos. Fue a coger su caña y se encaramó a la estaca. Podía colocarse de pie o sentado en una madera transversal. El pescador nos dijo que aquella época no era buena para la pesca y además el mar estaba muy revuelto. Javier también quiso subir a la estaca. Debía ser incómodo estar allí varias horas hasta capturar la pesca.

Llegamos a la playa de Mirissa sobre las dos de la tarde, y decidimos alojarnos allí. Elegimos unas cabañas con porche, entre jardines con palmeras y frente al mar. Mirissa era otra preciosa bahía curva con vegetación frondosa de palmeras y muy tranquila. 

Paseamos por la playa y disfrutamos del baño en las aguas del Océano Índico. Al atardecer vimos la llegada de las barcas de los pescadores, como recogían la captura de las redes, mientras los niños alborotaban por allí. 













Viaje y fotos realizados en 2003
Nota: En 2004, un año después de nuestro viaje, sucedió el terrible tsunami que asoló Sri Lanka y causó miles de víctimas.