Mostrando entradas con la etiqueta Yuksom. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Yuksom. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de octubre de 2006

HIMALAYA, MONASTERIOS Y CASCADAS

Desde Pelling hicimos una excursión en jeep recorriendo las montañas de alrededor. Vimos los picos nevados del Himalaya. El sol iluminaba las cumbres blanquísimas y se distinguían las aristas que formaba la nieve, dejando sombras en la ladera. El blanco luminoso contrastaba con el azul del cielo. Cruzamos algún puente colgante muy bonito, sobre el río de aguas verdes. Cataratas, lagos y monasterios fueron el resumen del día.






El Lago Kchecheolpari estaba rodeado de montañas y repleto de banderolas de oración. Las banderolas más viejas, desgastadas por el tiempo y la climatología, se mezclaban con las de colores vivos. Era un lugar muy tranquilo. Un entarimado de madera con ruedas de oración a ambos lados, conducía a un pequeño mirador. Durante el Festival de Luminarias toda la superficie del lago se llenaba de lamparillas de mantequilla flotantes.



En el pueblo de Yuksom vimos el lugar llamado Trono de la Coronación, donde tres lamas tibetanos coronaron al primer chogyal de Sikkim en 1641. Eran tres piedras con inscripciones, frente a las que había una gran stupa blanca. 



Dentro del recinto había una pequeña escuela de monjes. Los niños no tendrían más de cinco años. Estaban sentados en el suelo sobre cojines granates, con sus libros delante y atendiendo al maestro, que nos dejó fotografiarlos. Luego los alumnos siguieron con su recitado en voz alta.


Vimos tres cascadas. Las más altas eran las cascadas de Khanchendzonga, la seguían las cascadas de Pharmong. El chorro caía con fuerza entre la verde vegetación y nos empapaba el vapor de agua. Eran realmente bonitas.

Fuimos al Dubdi Gompa, el monasterio más antiguo de Sikkim, de 1701. La última etapa fue el Tashiding Gompa de 1661. Estaba sobre una colina, a 2,5km de ascensión escarpada. Llegamos casi sin fuerzas para hacer girar las ruedas de oración. Los murales interiores eran bonitos y estaban bien conservados. En este monasterio nos dejaron subir al piso de arriba, donde un grupo de hombres se dedicaba a enrollar papel en forma de cilindros, posiblemente para escribir oraciones. Regresamos a Pelling cansados y contentos del día por las montañas del Himalaya.