domingo, 8 de septiembre de 2024
NAVEGANDO EL RÍO CONGO
jueves, 13 de febrero de 2020
LOS HAITISES Y CAYO LEVANTADO
Desde Samaná cogimos una barca para visitar el Parque Nacional Los Haitises. Estaba
formado por decenas de peñascos rocosos en el mar cubiertos de vegetación, eran islotes entre manglares y humedales costeros. Los montículos se formaron hacía
dos millones de años. La zona era lluviosa y tenía vegetación subtropical con 700
especies de flora y plantas como bambús y bromelias. El nombre “Haitises” significaba
“tierra de montañas” o “tierra alta” en lengua taina.
Navegamos entre los manglares de tres tipos: rojos, negros y blancos. Los indios tainos utilizaban los pigmentos de los manglares para dibujar sus pictogramas. Los manglares formaban un laberinto de ramas enlazadas que buscaban el agua. Las raíces aéreas eran como dedos que se hundían en las verdes aguas. Pegados a las ramas había conchas de moluscos, y cangrejos correteando.
El Parque tenía varias cuevas calizas en las que durante siglos los indios tainos vivieron en paz. Tenían petroglifos y pictogramas de escenas de caza, ballenas y otros animales. La Cueva del Ferrocarril se llamaba así por un ferrocarril que se construyó para transportar las mercancías que llegaban en los barcos a los pueblos del interior. Pero hacía mucho que había desaparecido. Tenía una gran entrada y un interior oscuro con formaciones de estalactitas y murciélagos. mu
La Cueva de Arena tenía grandes oquedades que dejaban ver el mar y la hojarasca verde del bosque tropical. Había pasarelas de madera que comunicaban varias entradas. En una de las entradas había guardianes divinos grabados en la piedra.
Seguimos navegando
hasta Cayo Levantado, con una playa de arena blanca y muchas palmeras
cocoteras. El mar tenía un color azul intenso con franjas verdosas. Una playa
de ensueño. Nos bañamos y buceamos en un extremo frente a dos rocas triangulares
en el mar. Comimos en la isla, pescado asado con ensalada, arroz con tostones y
gandulas, las habichuelas rojas. Delicioso.
miércoles, 30 de agosto de 2017
LA RESERVA NYONIÉ
Desde el Puerto Michel Marine de Libreville cogimos una barca hasta la Reserva Nyonié. Fue un trayecto corto, de una hora, pasando por zona de manglares con sus raíces acuáticas. En el muelle nos recogió un jeep abierto. El sendero era precioso. El hotel era un grupo de bungalows con porches, frente a una playa de arena blanca. Nos sentamos bajo la sombra de un mango y nos invitaron a un aperitivo de Martini blanco con olivas negras.
Por la tarde hicimos un pequeño safari. El paisaje era una mezcla de jungla y colinas alfombradas de verde. Encontramos garzas y varios elefantes, bastante huidizos, que se perdían en la vegetación. Y una manada de treinta búfalos de color rojizo. Paramos en una laguna, rodeada de selva e iluminada por la luz del atardecer. El guía apagó el motor y esperamos para ver a algún animal bebiendo. Pero aquella tarde no tenían mucha sed.
A la mañana
siguiente salimos de caminata por la selva. La selva se despertaba y caminábamos
por el sendero a ritmo ligero. Era nuestra última oportunidad para ver gorilas
en Gabón. Ente la hierba había unas formaciones curiosas de tierra parecidas a
champiñones, de dos palmos de altura. Eran termiteros. Toda la extensión estaba
salpicada de termiteros. Hicimos 13km en tres horas de marcha.
Junto a la pista encontramos un gran espejo entre la hojarasca. Los animales se paraban para ver su reflejo, y una cámara oculta en un tronco los fotografiaba. Pero sólo nos fotografiamos nosotros. En el hotel conocimos a Xavier Hubert Brierre, un fotógrafo francés que había fotografiado y grabado en vídeos a todo tipo de animales en la Reserva Nyonié: gorilas de espalda plateada, elefantes, búfalos y hasta panteras. Su sistema fue colocar en la selva varios espejos grandes, como el que vimos, que distraían a los animales cuando topaban con ellos. Les sorprendía su reflejo y a veces pensaban que era otro de su especie. Había conseguido captar algún pangolín y hasta leopardos en la noche. Sus fotos adornaban las paredes del comedor del hotel. Xavier y su mujer Anne Marie, llevaban años yendo allí por temporadas. No tuvimos la suerte de ver ningún gorila, pero disfrutamos mucho del paisaje selvático de la reserva Nyonié.