jueves, 10 de junio de 2021

LA GRANDEZA DE ATENAS

Llegamos a Atenas, la capital griega, en junio del 2021. Grecia acababa de abrir sus puertas al turismo a finales de mayo, tras los confinamientos de la pandemia del Covid. Nos alojamos en el céntrico barrio de Plaka y la primera noche, desde la terraza del Hotel Kimon, vimos el Partenón iluminado. Al día siguiente fuimos a visitar la Acrópolis, sobre una colina. Subimos por un laberinto de calles con casas de colores repletas de buganvillas y otras flores. Las tabernas en las escalinatas, con emparrados y sillas de colores, le añadían encanto. No compramos las entradas con antelación y encontramos una pequeña cola. La entrada incluye cinco lugares de interés de la ciudad.

Acrópolis quiere decir en griego la parte más alta de la ciudad. El conjunto arqueológico tiene casi 3000 años de historia. Pericles inició su construcción en el s. V a.C. y convirtió Atenas en la polis griega de referencia. Una obra maestra de la Historia del Arte, con diversos edificios destinados a residencia de reyes y morada de dioses. Era visible desde cualquier punto de la ciudad Considerado Patrimonio de la Humanidad.

Entramos por la gran puerta llamada los Propileos, el umbral más espectacular de la Acrópolis según leímos, con múltiples columnas de mármol blanco. La altura y gran número de columnas daban testimonio de sus tiempos de esplendor. Tuvo varias funciones, desde fortaleza y lugar de culto hasta residencia de arzobispos y arsenal de los turcos.

Seguimos hasta el Teatro de Dioniso, del s. VI a.C. Un enorme anfiteatro con capacidad para 6000 espectadores. Allí representaron obras de los grandes autores griegos de la antigüedad, como Sófocles, Aristófanes, Eurípides y Esquilo. También se celebraban los festivales anuales en honor del dios Dionisos.



En la cima está el Partenón, uno de los mayores templos dóricos de Grecia, símbolo de Atenas, dedicado a la diosa Atenea. Tiene 17 columnas dóricas estriadas de largo y 8 columnas de ancho. Lo diseñaron Ictino y Calícatres en el 438 a.C. Los escultores supervisados por Fidias trabajaron en los detalles arquitectónicos como los frontones triangulares rematando la fachada, o los frisos y las metopas, los paneles cuadrados tallados. Fue un templo de la espiritualidad griega clásica, y también fue iglesia cristiana en el s. VI y mezquita en el s. XV.




En frente está el coqueto Erecteón, el templo dedicado a Erecteo o Cécrope, un ser mitad hombre y mitad serpiente, que fue el primer rey de Atenas. Es reconocible por sus seis Cariátides, columnas en forma de doncellas, sosteniendo uno de los pórticos. A todas las cariátides les faltaban los brazos. 



Por detrás está el Olivo de Atenea, el árbol sagrado que Atenea creó para ganar la disputa sobre Atenas. Desde el mirador se tienen magníficas vistas de la ciudad de Atenas y el monte Licabeto, con los edificios a sus pies.



Otro templo es el Templo de Atenea Nike, consagrado a la Atenea Victoriosa. Fue proyectado por Calícatres, que también participó como arquitecto en la construcción del Partenón. Es un pequeño templo con pórticos con columnas jónicas. Fue concebido para conmemorar la victoria de los atenienses en la batalla naval de Salamina en el año 448 a.C.


Otro teatro que nos gusta es el Odeón de Herodes Atticus, un gran anfiteatro. En todas aquellas construcciones podía imaginarse la época de apogeo de la Acrópolis.


Al salir de la Acrópolis fuimos al Ágora Romana, un recinto con columnas, algún capitel, piedras entre la hierba, y la Torre de los Vientos del s. I a.C. La torre es lo más destacable, con el interior circular, y en la parte alta un relieve con grandes figuras talladas en la piedra. Cerca está la Librería de Adriano.




El Ágora Antigua fue el núcleo comercial, político y social de Atenas. Sócrates expuso allí su filosofía y San Pablo predicó en ella. Queda una Iglesia Bizantina entre jardines y un edificio grande llamado Estoa de Alelo, con un pórtico cubierto con 45 columnas dóricas. El interior alberga un Museo de cerámicas y bustos esculpidos. Otro templo del Ágora Antigua es el de Efesto, el templo dórico mejor conservado de Grecia.





Pasamos por el Arco de Adriano y el Templo de Zeus Olímpico (Olimpeion), que fue el más grande de Grecia con sus 104 columnas corintias de 17m de altura y 1,7m de diámetro. Quedaban 15 columnas, una de ellas tumbada en la hierba, derribada por un vendaval. El conjunto está en restauración, con andamios que lo afean.



Presenciamos el cambio de guardia en el Parlamento, en la Plaza Sintagma, que se hace rigurosamente cada hora. Los guardias presidenciales visten trajes tradicionales con falda blanca, bonetes rojos y zapatos con grandes pompones. Es una auténtica ceremonia. Hay dos guardias en cada extremos, con sus garitas blancas de techo azul. 

El relevo viene acompañado de otro guardia y dos militares vestidos de verde se ocupan de revisar el atuendo de los guardias y de secarles el sudor de la cara, lógico con la temperatura de 38º. Los pobres debían asarse dentro de los trajes con mallas ajustadas. Marcan el paso levantando la pierna lentamente y haciendo ruido con la suela metálica del zapato. Duró 11 minutos a pleno sol; si no los relevaran cada hora se desmayarían. Fue una ceremonia muy estética.




En la calle Benizelos vimos varias mansiones neoclásicas antiguas, con columnas y estatuas. Nos gustó el ambiente alrededor de la bonita Mezquita Tzistarakis en la Plaza Monastiriski, del s. XVIII y estilo otomano.


Otro día visitamos el espectacular Museo Arqueológico de Atenas. Estuvimos horas en sus numerosas salas dedicadas al arte micénico con máscaras funerarias de oro macizo, figuras antropomórficas de arcillas, joyas, armas, bajorrelieves, frescos, etc. Hay varias salas dedicadas a las vasijas, decoradas con colores negro, ocre y rojo, y con usos de recipiente ritual o funerario, para enterrar en las tumbas. Son preciosas, muchas enormes, con cenefas y dibujos originales. 



Son curiosas las figuras esquemáticas cicládicas, con cuellos largos, cabezas casi de extraterrestres y los brazos cruzados. Todo se encontró en varios yacimientos de Grecia, en las metrópolis de Tiryns, Delos, Acrópolis. Y otro detalle es la decoración de las vasijas con pulpos, con sus tentáculos y grandes ojos.




Otra planta está dedicada a la escultura preclásica, clásica y helenística. Las esculturas en mármol y alabastros son hiperrealistas, con detalle de músculos, venas, tendones (una lección de anatomía) y pliegues de las vestimentas. Aunque los hombres se representan desnudos y las mujeres vestidas. Un museo impresionante.


Curioseamos el Mercado Central con su sección de carne expuesta en vitrinas y con los carniceros vistiendo batas blancas. Los pescados se amontonaban con la boca hacia arriba. 




También visitamos el Museo Benaki era la obra de un coleccionista griego expatriado que nació en Alejandría. Una mezcla de museo histórico y folklórico. Exhibía cerámicas, esculturas, joyas, armas, objetos decorativos y trajes. La colección de trajes regionales fue lo que más nos gustó, con todos los detalles.


Paseamos por el barrio Monastiraki repleto de tabernas y terracitas encantadores. Curioseamos por las tiendas de artesanía  y acabamos el día cenando en una taberna blanca y azul del barrio. Pedimos musaka griega y risotto con champiñones, queso de cabra y aceite de trufa. Delicioso. Atenas tenía muchos lugares de interés histórico y muchos otros atractivos, sin duda. Nuestro viaje por Grecia acababa de empezar.





domingo, 7 de marzo de 2021

LA DANZA DE LOS DERVICHES







Los derviches se reunían cada viernes en un cementerio de Jartum. Fuimos al atardecer. El cementerio tenía pequeñas lápidas de piedra con inscripciones árabes, algunas pintadas de verde claro. Al fondo oímos cánticos. Eran un grupo numeroso entre los que tocaban unos panderos y cantaban, los que bailaban y los espectadores. Estaban junto a dos bonitos templos verdes con cúpulas. Los hombres vestían sus largas túnicas blancas y turbantes o casquetes musulmanes. Nos unimos al grupo y contemplamos extasiados la ceremonia. Parecía festiva, pero tenía sentido religioso, sin ser solemne. Decían que cuando llevaban horas cantando y bailando era cuando entraban en trance y giraban.

Los derviches eran un grupo religioso musulmán sufí, de carácter ascético o místico, con origen en el s.XII. En Turquía habíamos tenido oportunidad de ver a los derviches giróvaros, que giraban sobre si mismos con sus faldas al vuelo.



Además de los derviches había un par de santones con rastas y ropajes verdes, niños y un grupo de mujeres con velos de colores. Las mujeres ululaban de vez en cuando, animando los cánticos. Los espectadores se balanceaban al ritmo. Una mujer mayor salió al centro del corro bailando rítmicamente y poniendo los ojos en blanco. Otros hombres bailaban sonriendo, levantando los brazos, les ponían billetes bajo el turbante y bailaban sin que se les cayeran. Estuvimos absortos contemplando la ceremonia, entre la muchedumbre. Fue nuestra despedida del viaje por Sudán.





 



viernes, 5 de marzo de 2021

EL TEMPLO DEL LEÓN






Tras tomar un delicioso café con genjibre, algo picante, seguimos ruta por una pista arenosa. Llegamos al Templo Mussawart, dedicado al dios local Apodamak, el dios león. El recinto era la mayor construcción de la historia de Nubia. El guardián nos abrió la puerta, cuya cerradura tenía forma de cruz de Ankh, el símbolo de vida. En el interior había seis grandes columnas. Los bajorrelieves en las paredes eran espectaculares, estaban muy bien conservados. Vimos el león, carneros y hasta un elefante con colmillos.











Cerca estaba el Templo Naqa, del s. I d.C. No tenía techado. Era rojizo y tenía bajorrelieves curiosos, como una figura con ocho brazos, grandes figuras de faraones y una alta columna con una serpiente ondulante. Otros de los templos tenían un elefante esculpido, o una avenida de entrada con seis grandes carneros. Los imaginamos en sus momentos de esplendor.

Nos impresionaron los bajorrelieves de los templos Mussarawt y Naqa. Historia, arte, naturaleza y mucho más podían encontrarse en el sorprendente Sudán.