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lunes, 28 de junio de 2021

LA ISLA DE HYDRA

 


En el Puerto del Pireo cogimos un barco a la Isla de Hydra, un trayecto de dos horas. La isla está al sur de Atenas, en el Golfo Sarónico del Mar Egeo. Su nombre proviene de los manantiales que en la antigüedad abastecían a la isla, aunque se habían extinguido por la actividad sísmica a mediados del s. XX. En la actualidad el agua potable se traía del continente. Sus habitantes se llamaban "hidriotas".



Es una isla tranquila y ecológica. El tráfico de vehículos estaba prohibido, sólo había burros que transportaban garrafas de agua y mercancías. El Puerto era bonito con partes de la muralla y barcos de altos mástiles. La isla tuvo un pasado naval y comercial, y era conocida por sus constructores de barcos, hasta el s. XX cuando los habitantes pasaron a ser pescadores de esponjas.


El pueblo está sobre el Monte Eros. Sus calles de blancas casas ascienden escalonadas por la colina. Los muros con puertas y contraventanas azul marinero, están adornados por buganvillas y plantas 


En los años 70 la isla sedujo a muchos intelectuales y artistas, que construyeron sus mansiones allí. Entre ellos Leonard Cohen, los Rollings Stones o Pink Floyd. Buscamos la casa de Leonard Cohen, de paredes encaladas con un jardín interior. La calle tenía una placa con su nombre, pero la casa no tenía ninguna indicación al ser de un propietario privado.




Vimos otras mansiones de piedra como la de Tombazis, donde estaba la Escuela de Bellas Artes, o la Casa de Lázaros Kounderotis sede del Museo de Historia, pintada de amarillo. 




Comimos en una terraza del Puerto. Las tabernas interiores con sombra arbolada, emparrados y flores también eran muy agradables.



Al bajar fuimos a disfrutar de sus magnificas playas. Por el camino costero llegamos a la playa Aulaki, un rincón precioso. Era una playa de guijarros y unas escalerillas bajaban a una plataforma entre las rocas. El mar se veía verde azul transparente. La zona tenía arboleda de pinos y era un paisaje muy bonito, algún rincón nos recordó la Costa Brava. Nos instalamos allí con los pareos y nos dimos varios baños gloriosos y refrescantes. El agua estaba deliciosa. Regresamos a Atenas deslumbrados por la belleza de la isla.





lunes, 21 de junio de 2021

CHANIA

Chania era una ciudad histórica con encanto en la Isla de Creta, a orillas del mar Egeo. Tenía influencias venecianas y otomanas. Los venecianos llegaron en el s. XIV. En esa época floreció y fue conocida como la “Venecia del Este”. Posteriormente los turcos ocuparon la ciudad durante 250 años, desde 1646 a 1898. Más tarde, Chania fue la capital de la isla hasta 1971, y era la segunda mayor ciudad de Creta, después de Heraklion. 

El Puerto fue construido por los venecianos. En el Paseo Marítimo estaba el Faro y la hilera de casas con tono amarillo y crema predominantes, bordeados por tabernas. En primera línea había una Mezquita de los Jenízaros, con cúpulas redondeadas y sin minarete. Era el edificio otomano más antiguo de Creta, construida en el s. XVI. Dejó de funcionar como mezquita en 1923.

La Fortaleza Firkas era una enorme construcción de los venecianos, con largas murallas exteriores. Albergaba el Museo Naval, que exhibía una maqueta de la batalla de Creta, pero estaba cerrado por la fiesta del lunes de Pentecostés.



Nos metimos en el laberinto de calles coloridas que conservaban muchas casas señoriales venecianas y turcas, transformadas en coquetos restaurantes y hoteles con encanto. Las calles tenían muros amarillos y terracota, con rincones preciosos con plantas y flores. Las tabernas griegas con emparrados. ocupaban las esquinas y los patios, a cual más bonita, ofreciendo sombra y deliciosa gastronomía.




Paseamos por los barrios Topanas, Kastelli, el barrio turco Splantzia, o Hevraiki, el barrio judío con tiendas de antigüedades y una Sinagoga. Vimos la Catedral y descubrimos un sitio singular. Parecía un antiguo convento del que solo se había conservado la fachada sin techado, y en el interior habían instalado un restaurante Los troncos de árbol se adherían al muro adornado por verde hojarasca. A la sombra de los viejos muros se estaba estupendamente.

Al atardecer la hilera de casas del Puerto Veneciano se tiñó de tonalidades doradas y vimos ocultarse el sol.








domingo, 13 de junio de 2021

NAUPLIA

 


Desde Atenas fuimos en autobús hasta Náuplia, en la región del Peleponeso, en un trayecto de dos horas. Nàuplia (o Nafplio) es un bonito pueblo del Peloponeso, resguardado por una bahía y bajo la Fortaleza veneciana de Palamedes. Sus callejuelas tienen encanto, con casas venecianas, mansiones neoclásicas, museos y tabernas. Algunos muros están adornados por buganvillas o cubiertos de hiedra.




El nombre deriva del personaje mitológico de Nauplio, el hijo de Poseidón y Amimone, aunque otras tradiciones indican que Nauplio fue el fundador de la ciudad. Permaneció en manos de romanos y bizantinos hasta primeros del s. XIII. En el s. XIV fue vendida a los venecianos, en el s. XVI fue ocupada por los otomanos y en el s. XVII los venecianos la recuperaron. Todos dejaron su huella y no es extraño que se disputaran un lugar de tanta belleza. Los venecianos fortificaron la ciudad y construyeron el Castillo de Palamedes.


Paseamos por sus calles, viendo la Iglesia de San Nicolás y la Iglesia de San Jorge, por el Puerto y el litoral. En una isla rocosa en medio del mar está la Fortaleza Bourtzi, bastante imponente. Fue edificada por los venecianos en el s. XV. Decían que las almenas eran idénticas a las del Kremlim de Moscú, también construidas por los venecianos. Fue disuasoria para los piratas, en ella residieron verdugos y fue hotel de lujo. Quisimos ir a verla, pero los barcos no salían por el covid. Allí celebraban cada año un festival de música folklórica.



Visitamos la Fortaleza Veneciana de Palamedes del s. XVII, sobre una colina de 216m de altura. Había escalones para subir, pero con 38º no nos pareció buena idea y cogimos un taxi. Era una enorme ciudadela, con bastiones, patios y dependencias con arcos. Ofrecía vistas de la ciudad y del Golfo Argólico en el Mar Egeo. 






Por la noche elegimos una de las coquetas terrazas y cenamos ensalada griega con queso feta y tallarines con gambas, acompañado por vino blanco Retsina. Leímos que el sabor del vino tenía su origen en la práctica de sellar con resina del pino de Alepo las ánforas de vino. La gastronomía es otro motivo para disfrutar del viaje por Grecia.