Mostrando entradas con la etiqueta "selva tropical". Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta "selva tropical". Mostrar todas las entradas

sábado, 3 de diciembre de 2022

LES CHUTES DU CORBET

Las Chutes du Curbet estaban a 24km de la capital Point-a-Pitre, Las cascadas estaban dentro del Parque Nacional Guadalupe, en la parte de Basse Terre. El trayecto fue precioso, muy verde, con palmeras y alguna montaña. Todo estaba repleto de vegetación, hasta los troncos de los árboles estaban forrados de hojarasca verde.


Fuimos hasta la Primera Cascada, la más alta de las tres, con 115m de altura. Era el trayecto más largo, con un desnivel de 350m. El sendero era espectacular, bordeado por árboles de hojas gigantes, helechos, musgo, flores del paraíso. Pisábamos hojarasca seca, anaranjada y amarilla, y saltábamos entre las raíces gigantes de los árboles, que invadían el sendero, como tentáculos. Era una selva húmeda, con lianas colgantes.

Había tramos de pasarelas y escaleras de madera. Otros saltábamos entre las rocas y atravesamos riachuelos. El terreno estaba embarrado a veces y resultaba resbaladizo. Nos habían avisado y llevábamos calzado adecuado. El último tramo fue el más duro, con grandes rocas que subimos con ayuda de cuerdas y cables que habían colocado allí. Tardamos tres horas en llegar.



La Primera Cascada caía en un salto de 115m de altura, imponía. Nos pareció que tenía poco caudal. La pared central del salto era rojiza, por las rocas sulfurosas de la zona volcánica. El volcán La Soufriere estaba cerca. Pero todo el entorno y las paredes de roca estaban tapizadas por vegetación verde, como una alfombra mullida. A los pies había un pequeño estanque natural, que no llegaba a piscina. El sonido del agua nos envolvía. Nos sentamos en unas rocas y comimos algo contemplando la cascada. Era un paisaje espectacular.


miércoles, 4 de abril de 2018

LAS CASCADAS KUAN DE LAOS


Desde Luang Prabang fuimos en minivan a las Cascadas Tat Kuan, a solo 30km. Había otras cascadas más cercanas, las Tat Sae, a 15km, pero nos dijeron que llevaban menos caudal de agua.

Las Cascadas Tat Kuan eran una maravilla. Caían sobre piedra caliza y formaban piscinas naturales de agua con tonalidades verdosas y azul turquesa. El lecho de las piscinas era denso y arenoso, un lodo blanco con sedimentos que contribuían a dar al agua aquel color intenso.


Tenían varios niveles y nos fuimos bañando en las piscinas a medida que ascendíamos a la cascada principal, de 60m de caída, donde no estaba permitido el baño. Fuimos caminando por un bosque tropical, con árboles de raíces aéreas gigantes y trepamos por troncos de árboles caídos.

El entorno selvático era muy frondoso, con mangos, palmeras, papayas, tamarindos, bambús y alguna flor roja. En una de las piscinas había grupos de juncos con forma de abanico. 


El ambiente era cálido y húmedo, y apetecía el baño. Nos sumergimos en las piscinas naturales, el agua estaba bastante fría y los chorros de la cascada masajearon nuestra espalda. Fue una delicia, unas cascadas espectaculares.


En la parte baja de las cascadas había un Santuario de Osos Negros. Allí los rescataban de los cazadores furtivos y los cuidaban hasta devolverlos a su hábitat natural. Encontramos un oso tumbado, bastante grande, que nos miraba con mansedumbre y cierta tristeza. Una curiosidad que no esperábamos encontrar allí.



domingo, 1 de abril de 2018

EL ENCANTO DE LUANG PRABANG


Luang Prabang era una ciudad tropical entre montañas, al norte de Laos. Fue la primera capital del país. Se extendía a orillas del río Mekong y del río Nam Khane. La corriente bajaba con fuerza, con aguas marrones, entre la vegetación verde. 

Las casas de madera con balcones y tejadillos eran bajas, de dos pisos de altura, entre templos, palmeras y plataneros. Su arquitectura era una mezcla tradicional laosiana y colonial francesa. Toda la ciudad estaba ajardinada, con muchos árboles y plantas por todas partes. Era Patrimonio de la Humanidad.




Empezamos por el complejo de templos Wat Xieng Thong. Era el Monasterio Budista del s.XVI, el más famoso de la ciudad. El templo principal tenía doble techo triangular, inclinado hacia el suelo. Los muros exteriores tenían dibujos con mosaicos vidriados. Uno de ellos era un gran mosaico del árbol de la vida. Estaba rodeado de varias stupas de piedra dorada y otras de un blanco deslumbrante que destacaba entre las palmeras. 




En el interior había grandes columnas y un Buda dorado. En la llamada Capilla Roja por el color de sus paredes había un Buda reclinado de piedra negra. Otro Pabellón Dorado albergaba una gran barca dorada con siete cabezas de serpiente en la proa. La serpiente (Naga) era un dios protector. Alrededor figuras de Budas erguida, como un pequeño séquito de la barcaza.

Por los alrededores había multitud de templos, más de 50, con murales representando escenas de la vida laosiana del s. XIX, o escenas históricas como la visita de diplomáticos chinos y guerreros llegando por el río Mekong.







Luego tomamos la curva que formaba el Mekong, atravesamos un puente de bambú y seguimos paseando por la orilla del otro río, el Nam Khan, más estrecho pero igual de bonito, de aguas verdosas entre vegetación exuberante. El Mekong estaba bordeado de casas y bonitos restaurantes. En uno de ellos comimos pescado a la brasa y calamares con arroz frito, acompañado con cerveza Lao.




En la ciudad había tuk-tuks motorizados, la mayoría pintados de azul. Fue interesante la visita al Museo TAECS, de Artes Tradicionales y Etnología. Después fuimos al Palacio Real, construido en 1904 y de estilo laosiano con influencia colonial francesa. El Palacio Principal tenía muchos dorados en el tejado y en el interior, con paredes rojas con frescos. Muy recargado. Había habitaciones con mobiliario: comedor, librería y salones. En otro recinto se exhibía la colección de coches reales: un antiguo Lincoln y modelos americanos de carrocería impresionante por su longitud. También había un Citroen “tiburón”. Paseamos por los bonitos jardines del Palacio y curioseamos el mercado callejero nocturno que se montaba y desmontaba cada tarde ante el palacio.



Subimos a la Colina Phu Si, de unos cien metros de altura, para contemplar las vistas de la ciudad y los tejadillos de sus casas. Había que ascender 329 escalones de piedra. Al inicio unas mujeres vendían ofrendas de flores (dientes de león naranjas), y unos pajarillos enjaulados para liberarlos en la cima. El paisaje era tropical, el río Mekong y la ciudad estaban envueltos en niebla, pero no le restaba belleza.