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domingo, 10 de enero de 2016

MERCADOS Y FETICHES DE BENÍN

 


El Mercado de Fetiches de Cotonú nos impactó. Los puestos al aire libre tenían una amplia oferta: camaleones disecados, cabezas de mono y de perro, dentaduras de animales, manos de mono, serpientes, cabezas de tortuga, ratas, garras....Todo estaba reseco y renegrido, expuesto en cestas. También colgaban una especie de plumeros hecho con pelos de de animales. Un variado muestrario.

Los olores eran muy intensos, no aptos para olfatos sensibles, pero sí para viajeros curiosos como nosotros. Resultaba un tanto macabro y tenebroso. Mejor no imaginar los rituales de Vudú que se celebraban con aquella parafernalia. Nos recordó el Mercado de la Hechicería de la Paz en Bolivia, que vendía fetos disecados de llama, de todos los tamaños y colores, del dorado al negro, para bendecir las casas. 



Las calles de alrededor del mercado eran una locura de tráfico de motos, peatones y carros con mercancías. Se veían muchos plásticos y basuras acumuladas. Junto a un canal había chabolas con paredes de uralita oxidadas entre basuras. y las cáscaras de naranja y otros desechos cubrían el agua del canal. Las heridas de África.







Cerca estaban las peluquerías con sus letreros ilustrativos de modelos de cortes y peinados, con dibujos bastante naïfs. Nos encantan esas peluquerías africanas.




Otro mercado que nos gustó mucho en Benín fue el de Abomey, un mercado africano lleno de ajetreo y colorido. Las mujeres vestían sus trajes de estampados, con pañuelos a juego en la cabeza o mostrando sus peinados de trencitas. Algunas llevaban a sus pequeños a la espalda y otras carreaban palanganas en la cabeza. Una muchedumbre paseaba entre los puestos de vegetales, pescado seco, harinas y otros productos como el aceite de palma rojo. El día estaba gris, pero el lugar estaba lleno de color. Todos los mercados de Benín estaban repletos de gente y llenos de vida.






domingo, 3 de enero de 2016

EN PIRAGUA POR EL RÍO MONO

Desde Ouidah cogimos un taxi-brousse hasta Gran Popó. El taxi-brousse era el transporte local habitual en África Occidental; el nuestro lo cargaron con cajas de pescado en el maletero y el techo del vehículo, y durante el trayecto nos acompañó el olor a pescado. Pasamos por el Lago Aheme y el río Mono. En una hora llegamos al Grand Popó.


Nos alojamos en el hotel Sabores de África, frente a la playa. Era un bungalow circular rojo, verde y amarillo, con tejadillo cónico de paja. Estaba decorado con figuras y telas africanas y tenía cama con mosquitera. Muy coqueto.


En seguida nos pusimos el bañador y fuimos a explorar la playa de Grand Popó. En la playa había barcas de pescadores y cabañas entre palmeras. Quedaba algún viejo edificio colonial abandonado, que tuvo otros tiempos de esplendor. Los niños jugaban entre las barcas. El mar Atlántico del Golfo de Guinea tenía bastante oleaje y rompía con espuma en la orilla. 




Vimos como los pescadores sacaban las redes, estirando en hilera una larga cuerda. Las redes tenían una boya roja atada y se veía como se acercaban a la orilla lentamente por el peso de la captura, como una serpiente ondulante. Tardaron horas en sacar las redes.


Por la tarde cogimos una piragua de remo por el río Mono. Navegamos por una zona de manglares con sus raíces acuáticas, y pasamos entre algunos nenúfares flotantes. En los manglares atrapaban cangrejos y gambas. Nos enseñaron sus nansas, las cestas de mimbre de forma cónica para pescar las gambas. Tenían un orificio de entrada pequeño y como las gambas no sabían retroceder, se quedaban atrapadas.






Paramos en el pueblo de Hevé, sagrado para la religión animista y el vudú. Tenía fetiches a la entrada, salida y en las calles del pueblo, para que les protegiera de los malos espíritus. Eran figuras de piedra bastante amorfas, voluminosas, con caras con los ojos representados con cauris, algo inquietantes y tenebrosas.

En un árbol ataban telas de colores que representaban la tierra, el mal o la muerte. Nos despedimos de los espíritus protectores y fuimos al pueblo de Grand Popó, donde nos esperaba una ceremonia vudú.