Desde Mykonos cogimos un barco hasta la cercana isla de Delos, un corto trayecto de media hora. Delos era una de las islas más pequeñas de las Cícladas, y considerada la isla más sagrada de Grecia. Allí visitamos el yacimiento arqueológico de Delos, del periodo helenístico entre los años 200 y 100 a. C, y considerado Patrimonio de la Humanidad.
Las ruinas del yacimiento se extienden a los pies de una colina llamada
Monte Cinto, en cuya ladera está el Santuario de Apolo, un templo con columnas, con vistas del Mar Egeo. Según la mitología fue el lugar de nacimiento de Apolo y Artemisa. Destaca la Terraza de los leones, una hilera de cinco leones de piedra que custodian los templos y el Ágora de los Italianos.
En la zona quedan restos de estoas, que eran las salas con columnas de estilo dórico, capiteles y restos de ánforas. Según el oráculo nadie podía nacer ni morir en aquel lugar sagrado, y sólo los arqueólogos podían pernoctar en la isla. Pero también era el hogar de unos gatos curiosos, que paseaban a sus anchas entre las piedras antiguas.
En la parte derecha del yacimiento hay alguna estatua sin cabeza y sin brazos y la Casa de Dionisos, el dios del vino, que tiene una gran estancia con peristilo (las columnas alrededor del atrio), con un bonito mosaico central hecho con teselas. Muestra al dios Dioniso sobre un león.
Al lado está la Casa de las Máscaras, la casa de un mercader veneciano y un gran anfiteatro, con las gradas deterioradas. Saciados de historia y mitología regresamos con el barco a Mykonos. Otras islas griegas nos esperaban.
No hay comentarios:
Publicar un comentario