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martes, 24 de febrero de 2026

CAMERÚN: PIGMEOS Y RESERVA DJA


Contratamos la excursión a la Reserva de Fauna Dja, declarada Patrimonio de la Humanidad. Vamos con una guía Logan, y Baba, el chofer del Toyota. De camino, paramos para ver una aldea de pigmeos. La forman una pareja mayor, otras dos mujeres y seis niños. Las chozas son muy precarias, construidas con ramas entrelazadas y algún plástico. 

En el interior apenas tienen más que unos recipientes de plástico. Están cocinando una olla en el fuego al aire libre. Abren la olla y vemos arroz hirviendo.



Son amables y no les importa posar para las fotos. Realmente son de corta estatura, las mujeres especialmente. La guía les regala varias bolsas de vodka. No la vimos comprarlo y nos sorprende, son monodosis de alcohol de 45°. Habríamos preferido regalarles arroz u otro alimento.




Antes de entrar en la reserva vamos a presentar respetos a su Majestad Alberto, el rey o jefe tribal de la zona. Lo encontramos viendo la tele y se muestra amable.


Cruzamos el río Dja en un piragua a remo. Al otro lado está la Reserva Dja. Dicen que se pueden ver gorilas, aves y monos. Caminamos un par de horas por el bosque tropical y vemos grupos de mariposas blancas revoloteando y termiteros. Una hormiga o termita guerrera me muerde el pie con sus mandíbulas.


El sendero se adentra en una densa selva con altos árboles con lianas y troncos forrados de verde hojarasca. Una vegetación exuberante. Hay una intensa humedad que nos envuelve. No vemos animales, porque no son las horas mas adecuadas, pero la naturaleza nos entusiasma.



En el terreno cerca del río vemos tirados sobres de plástico de licor: vodka, pastís (de 45º!), crema irlandesa y vino tinto. Una lástima que se aficionen a los licores.


Cogemos otra canoa, esta vez a motor para bajar por el río Dja. Las orillas están repletas de densa vegetación con diferentes tonalidades de verde, que se refleja en la superficie del río. Las aguas son oscuras. Reina el silencio y solo vemos algún ave. Parece que estamos en "el corazón de las tinieblas" del libro de Conrad. Aunque el día está nublado es un paisaje de gran belleza. 





martes, 23 de mayo de 2023

EL LAGO DEL SOL Y DE LA LUNA

El Lago del Sol y de la Luna estaba situado en el centro de la isla de Taiwán, a 762m sobre el nivel del mar. Tenía un perímetro de 29km y era la superficie de agua más grande de Taiwán, también una de las más bonitas. Sus aguas verdosas reflejaban las montañas que lo rodeaban. 


Cogimos un barco desde Shuishe al Puerto de Itashao, donde nos alojamos en un hotel tipo cabaña. Paseamos por el camino costero, una pasarela de madera entre verde vegetación. Había muelles flotantes con barcos de pescadores amarrados y vimos algunos pescadores de caña. Después acababa el sendero y seguimos por la carretera, con muy poco tráfico. Hasta la carretera era bonita, desbordante de vegetación: helechos gigantes, juncos altísimos y árboles con lianas.



Visitamos el Xuan Zang Temple, con una gran puerta blanca con dos elefantes de piedra. Albergaba reliquias y estaba dedicado al dios Mono. Otro sendero nos llevó hasta la Pagoda Ci’en en una colina. Tenía ocho niveles con plantas octogonales. Desde arriba ofrecía magníficas vistas del lago. El Templo Wenwu estaba al otro lado del lago.





Otro día cogimos el Funicular, que ascendía un trayecto de 1,9km por la montaña en diez minutos. La subida era impresionante y ofrecía vistas del lago y de la montaña espectaculares. En la cima estaba la Formosa Aborigen Village, un museo al aire libre de las casas tradicionales taiwanesas. Eran casas de maderas de distintas formas, con tejados de cañizo y graneros. En el interior tenían la cocina con sus utensilios y calderos, la leñera y las camas de hombres y mujeres, simples esteras en bancos de madera. Las casas se adornaban con mandíbulas disecadas de ganado, una curiosidad.




En la aldea había un museo etnográfico grande muy interesante con trajes tradicionales, textiles, armas, joyas y objetos cotidianos diversos. El recinto de la aldea era enorme, se extendía por la ladera del monte entre senderos bordeados por palmeras y vegetación. Regresamos al lago al atardecer con el último funicular.



sábado, 20 de mayo de 2023

EL PARQUE NACIONAL KENTING

Kenting era una pequeña ciudad al sur de Taiwán, situada 1600km por debajo del Trópico de Cáncer. Eso se reflejaba en su entorno de naturaleza exuberante. Era conocida como el “Hawai taiwanés”, lugar de descanso de mucha población local.

Tenía varias playas frente al Mar de China Meridional. Paseamos por la larga playa de Kenting, de arena fina y dorada. Se veía desierta y sin bares ni chiringuitos. Hacía viento y lucía la bandera roja. Luego seguimos un camino bordeado de palmeras paralelo a la carretera, hasta South Bay en forma de media luna. Allí nos bañamos. Otra playa bonita era la Little Bay flanqueada por una montaña.

En el Arch Kenting, una puerta oriental de la ciudad, cogimos un bus amarillo hasta el Parque Nacional Kenting. Unos monos nos contemplaron desde las ramas de los árboles. En el Centro de Visitantes nos dieron un mapa y vimos una pequeña exposición. Caminamos solos por sus senderos en el bosque y por las pasarelas de madera. 


Los árboles tenían raíces aéreas que invadían el camino, rodeados de hojarasca. Otros crecían sobre las rocas, aferrándose con sus raíces a ellas. Había arces, banianos, higueras, algunas palmeras y una colección de cactus. Vimos el Arce Otoñal Gigante, de 15m de altura y un tronco de 3m de diámetro. 




Subimos a una torre con vistas al mar. Se veía la montaña Dajian, emblemática en Taiwán. Luego entramos en la Silver Dragon Cave, nos sorprendió lo grande que era. La recorrimos entre sus estrechas paredes con algo de iluminación y salimos al otro lado. Otra cueva más pequeña era la Fairy Cave. Después vimos la zona llamada Valley of Hanging Fig Roots, con raíces y lianas colgantes  por todas partes. Estuvimos unas tres horas en el parque.


          

Al salir fuimos al Faro Eluandi, era el único faro fortificado existente en el mundo, rodeado de un muro, ya que los indígenas de la zona atacaban al invasor chino. Era blanco en un bonito entorno muy verde, con vegetación y rodeado del mar azul. Paseamos por senderos y vimos cuervas, una pequeña garganta y un bosque con vistas al mar. Tomamos batidos de pulpa de mango recién hechos, muy ricos.


Por la noche paseamos por el Mercado nocturno de Kenting, con mucho ambiente. Los puestos estaban instalados en la calle principal y riadas de gente caminaban en ambas direcciones. Los puestos callejeros ofrecían pinchos de pulpo, calamar, carne, salchichas, mazorcas de maíz, albóndigas, bolas de patata dulce y de taro, helados, frutas y otros bocaditos no identificables. 


Los restaurantes de la calle principal tenían ostras, almejas, cangrejos y pescados en recipientes en la entrada, como reclamo. Cenamos almejas con salsa de ostras, riquísimas, gambas a la plancha y noodles fritos, y de postre una especie de churro relleno de chocolate. También había máquinas recreativas de pinball para niños. Familias enteras paseaban por el mercado, disfrutamos mucho del ambiente de Kenting.