viernes, 1 de enero de 2016

BENÍN: GANVIÉ Y SU MERCADO FLOTANTE

Ganvié fue nuestra primera etapa en el viaje por Benín. Era una población lacustre dentro del lago Nokoué, y sólo se podía acceder a ella en barco, desde el Puerto de Cotonú. Era conocida como la Venecia africana, y fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1996. Sus pobladores se establecieron en el lago en el s. XVI y XVII porque la religión del Dahomey prohibía a los guerreros entrar en el agua. El agua arrastraba plantas acuáticas flotantes, jacintos con la flor lila, y los palafitos se reflejaban en la superficie.





Su mercado flotante era un espectáculo de color. Lo recorrimos en una canoa motorizada, pero la mayoría eran canoas con pértiga, que manejaban las mujeres. Iban elegantemente vestidas con sus trajes de estampados multicolores, de estilo africano. También los niños llevaban las canoas con sus pértigas.

El cielo estaba cubierto por una neblina amarillenta, por la que se filtraban los rayos de sol. Nos dijeron que eran el Harmatán, el viento del desierto, cálido y polvoriento, que venía del norte. No era la mejor luz para las fotos, pero la escena era de gran belleza.





Casi no había terreno firme; todo eran palafitos flotantes. Los niños nos saludaban y las mujeres se ocupaban de sus tareas domésticas a la puerta de sus palafitos, entre palanganas y ropa tendida. Los cerdos correteaban entre las franjas de tierra, buscando entre las basuras. También se veían pequeñas cabras.

Los palafitos que servían de cuarto de baño eran anexos y tenían las paredes hechas con plásticos de bidones de gasolina. Paramos en el hotel Chez Raphael, otro palafito del que decían bromeando que tenía siete estrellas, porque el dueño lo había adornado con siete pináculos rematados con estrellas, como capricho. 



Desde allí contemplamos el mercado flotante, que cambiaba a cada momento, con las canoas entrecruzándose en una escena animada y colorista. Las canoas vendían sus productos, pescados, vegetales, frutas, galletas...algunos los llevaban en recipientes de plástico o tapados por lonetas. Había una Mezquita flotante con dos minaretes. Y vimos una estatua tallada en madera, representando una canoa con dos barqueros manejando sus pértigas.












Nos cruzamos con pequeñas embarcaciones cargadas de forraje para el ganado o cañizo para construir los tejados de los palafitos. Algunas llevaban velas de colores para impulsar las barcas. Nos gustó mucho el pueblo de palafitos de Ganvié, su animado y colorido mercado flotante, y sus gentes.





jueves, 10 de septiembre de 2015

RETRATOS DE BANGLADESH

  
 














MERCADOS FLOTANTES DE BANGLADESH



 

La llegada al mercado flotante de vegetales de Baithakhati fue espectacular. El río arrastraba verdes plantas acuáticas, entre las que se deslizaban las barcas. Era una escena ancestral, que transcurría como hacía siglos. El día estaba grisáceo y con neblina, y eso le añadía un aspecto más irreal. Nos vimos rodeados por grandes barcazas que exhibían en su fondo productos vegetales de todo tipo: calabazas, berenjenas, coliflores, pepinos, tomates…Los barqueros eran hombres, no había ni una sola mujer, ni siquiera entre los compradores.





Vestían de forma tradicional, faldones largos, el casquete musulmán o pañuelos enrollados en la cabeza, y lucían largas barbas canosas o rojizas, teñidas de alheña. Estaban de pie sobre las cubiertas, manejando sus pértigas para desplazarse, y todos miraban fijamente en dirección a nuestra barca. Cruzaban las manos a la espalda y algunos sonreían. Uno más joven me hizo una foto con su móvil. Aproveché para hacer una serie de retratos de rostros musulmanes.





Las embarcaciones estaban muy próximas y podía saltarse de una a otra. Una de las barcas vendía té y pastas tipo tortita con dulce de melaza. Mientras lo tomábamos nos hicieron unas cuantas fotografías. Éramos nosotros los observados. No había un solo turista y por la expectación que despertamos parecía que no se dejaban caer a menudo por allí. Estaban realmente sorprendidos.

Para redondear el día vimos el mercado de arroz de Banaripara, que era el que recomendaban las guías. Pero como el arroz estaba en sacos o en cestas no era tan vistoso y colorido como el mercado de vegetales.
Fue un privilegio y una sensación especial estar inmersos en medio del mercado flotante, como espectadores de su vida cotidiana.