lunes, 7 de marzo de 1988

GARGANTAS DEL TODRA Y DESIERTO


Las Gargantas del Todra son uno de los paisajes naturales más impresionantes de Marruecos. Un desfiladero con paredes de hasta 300 metros de altura, atravesado por el río Todra, que bajaba con poca agua. Caminamos entre las paredes admirando el paisaje pedregoso. Dormimos al pie de las gargantas. En 1988 viajé por primera vez a Marruecos (luego regresé en 1998 y en otras ocasiones) y he querido recuperar en este blog viejas fotos hechas en papel, aunque no tengan mucha calidad.



Los hombres tuaregs son un pueblo bereber de tradición nómada del Desierto del Sáhara. Vestían chilabas y turbantes azul índigo. Encontramos algunas mujeres bereberes y niños curiosos. Uno de los niños tocaba un instrumento de cuerda parecido a una guitarra, fabricado con una vieja lata, una muestra de imaginación.



El Desierto del Sáhara es el más grande del mundo, ocupando gran parte de África del Norte. Una enorme extensión de dunas de arena dorada, con algunos oasis surgidos de los acuíferos subterráneos. Sus dunas alcanzan una altura de hasta 193m. Subimos hasta las crestas de las dunas y caminamos en silencio por la arena mirando nuestras huellas. Un paisaje de gran belleza. 

Dormimos en el desierto en una jaima, la tienda tradicional, con bonitas y coloridas alfombras. Nuestro guía Mossa hizo fuego, cenamos cordero asado y tomamos los tres tés que marca la tradición: el primero amargo como la vida, el segundo dulce como el amor y el tercero suave como la muerte. Por la noche un grupo tocó tambores y disfrutamos de la música marroquí. Al amanecer nos levantamos temprano para contemplar la salida del sol entre las dunas.






Viaje y fotos realizados en 1988

martes, 15 de septiembre de 1987

SIDI BOU SAID


En 1987 viajamos a Túnez, haciendo ruta por Sidi Bou Said, Hammamet, Kairouan, el sitio arqueológico de Cartago y otros lugares de interés. Conservo algunas fotos en papel, de poca calidad con el deterioro del paso de los años.

Uno de los mejores recuerdos es el pueblo costero Sidi Bou Said, junto al azul mar Mediterráneo. Sus calles tienen casas de una blancura deslumbrante, con balcones, puertas y ventanas en arco, pintadas en azul turquesa, adornadas por plantas y buganvillas. 



Fue refugio de artistas, escritores y gente bohemia, que dejaron huella. Allí se instaló el ermitaño marroquí Abou Saïd Khalafa Ibn Yahya, para vivir su vida según las normas del sufismo. En las calles de su medina pueden verse los bonitos minaretes de múltiples mezquitas, como la Mezquita Alghfran.

En las tiendas del zoco venden coloridas alfombras, y hay orfebres y artesanos que trabajan el cobre y el latón, para elaborar platos decorativos o mesitas para tomar el té. Un buen lugar para disfrutar de un té con menta es el Café de las Delicias, o el Café des Nattes (Café de las Esteras), al final de la Rue Hedi Zarrouk. Se sube por unas escaleras blancas que antiguamente conducían a una mezquita construida en el s. XVIII. Pero Túnez tiene muchos más atractivos, tenemos que volver a este interesante y bonito país.







Viaje y fotos realizados en 1987