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domingo, 12 de abril de 2026

ESLOVAQUIA: BRATISLAVA


Bratislava, la capital de Eslovaquia ubicada a la orilla del Danubio, tiene un bonito centro histórico con calles empedradas y casas con buhardillas. Compramos la tarjeta Bratislava Card con transporte gratuito y entradas en todos los museos y atracciones. 

Entramos por la Puerta de San Miguel (Micjalska brána). Es una torre de 51m de altura, una de las cuatro puertas que tuvo la muralla de la ciudad. Se construyó en el s. XIV, y tiene una cúpula verde claro. Subimos a la torre para contemplar las vistas de la ciudad con sus tejadillos rojos inclinados.



Junto a la Torre está la Farmacia Red Crayfish, en una casa barroca del s. XVI. La antigua farmacia tiene frescos en los techos de bóveda, cajoncitos rotulados y recipientes de cerámica en los estantes con los remedios medicinales. Seguimos callejeando por el centro histórico. Los edificios están pintados en tonos pastel: amarillos, ocres, verdes y anaranjados. Hay plazoletas agradables con fuentes, y terrazas de cafés y restaurantes que invitan a sentarse un rato.





El Teatro Nacional Eslovaco es un edificio clásico imponente, de estilo neo renacentista. Fue diseñado por los arquitectos vieneses Fellner y Helmer, y se inauguró en 1886. En sus orígenes se utilizaban 800 lámparas de gas para iluminarlo y tenía capacidad para 1000 espectadores.


La Plaza Mayor (Hlavné námestie) está rodeada de bonitos edificios de estilos arquitectónicos,  gótico, renacentista y barroco, con una fuente de piedra en un lateral. 

El edificio principal con la torre es el Antiguo Ayuntamiento (Stará radnica), un complejo histórico del s. XIV, uno de los edificios de piedra más antiguos que se conservan en la ciudad. Conecta tres bonitas edificaciones, con un patio interior porticado. Subimos a la torre del Ayuntamiento que ofrece preciosas vistas de la ciudad y del Castillo en la colina. 





El Antiguo Ayuntamiento alberga el Museo de la Ciudad de Bratislava, dedicado a la historia de la capital eslovaca, con secciones sobre la nobleza, la vida social, los gremios y el comercio. Tiene salas con techos de bóveda con frescos, chimeneas de cerámica, y exhibe algunos trajes y objetos cotidianos como molinillos de cafés. Hay incluso un baño antiguo de madera, o una sala de juegos, con caballitos de madera, muñecas y cartas. 



La parte posterior del Ayuntamiento, con tejados verdes con tejas vidriadas, buhardillas y chimeneas, también es muy bonita. Cerca está el Palacio del Primado. Y otro edificio destacado es el presidencial Palacio Grassalkovich.



En la zona conocida como Fajnorovo Nábrežie, nombrada en honor al compositor y abogado eslovaco Štefan Fajnor, hay edificios notables. Nos gustó especialmente uno de arquitectura de estilo gótico, con sus techos de tejas rojas, torres picudas, buhardillas y chimeneas. Alberga la Escuela Secundaria Industrial de Ingeniería.


Hay varias estatuas repartidas por la ciudad, como la del "Hombre Trabajando", llamada Çumil, con el cuerpo saliendo de una alcantarilla, el "Soldado Napoleónico" en un banco, o el llamado Hombre del Sombrero", levantando un sombrero de copa. Es un recuerdo de un ciudadano que solía saludar a sus vecinos.




Bratislava conserva trolebuses y tranvías, la ciudad está atravesada por cables y la red de vías sobre las que circulan. Fuera del centro histórico hay edificios modernos como uno en forma de proa de barco o el de la Radio Eslovaca, en forma de pirámide invertida.




Al atardecer vamos al Puente de la Insurrección Nacional Eslovaca (o Puente SNP), el puente atirantado más grande del mundo. Subimos la torre en ascensor hasta el mirador, con magníficas vistas del Danubio y la ciudad de Bratislava.



Tenemos un encuentro curioso en la calle con robots humanoides de varios tipos. Son muy sociables y saludan a los paseantes con la mano.


Una de las noches dormimos en el Botel Gracia, un barco-hotel en las orillas del río Danubio, con un camarote bonito y acogedor. Y las otras noches nos alojamos en unos apartamentos en un edificio histórico.


Al día siguiente visitamos el Castillo de Bratislava sobre una colina. Destacan sus cuatro torres con cúpulas rojas, como los tejados. La estructura original es del s. X, su diseño actual se inspiró en otro edificio del s. XVIII, y se reconstruyó en 1968. 

Alberga el Museo de Historia, con salas de estuco blanco y adornos dorados. Hay esculturas, cerámicas, cuadros, catacumbas y salas dedicadas a los celtas. Allí se firmó la Constitución de Eslovaquia como país independiente, el 3 de septiembre de 1992, durante el proceso de disolución de la antigua Checoslovaquia.



Al salir del castillo visitamos el Museo de la Cultura Judía, dedicado a los judíos que poblaron la ciudad. Exhibe rollos de la Torá, candelabros de siete brazos (menorà) y artefactos de la liturgia. En la ciudad hay una Sinagoga Ortodoxa, con columnas en la fachada.


Ofrece buenas vistas de la ciudad, del río Danubio y el Puente. Paseamos por el jardín laberinto del Castillo, con algunas estatuas como la de una Medusa con su melena al viento. 




La Iglesia de Santa Isabel es conocida como Iglesia Azul, por el color de su fachada. Es de estilo modernista, con una torre redonda, diseñada por el arquitecto Ödon Lechner en 1913. Leímos que el interior también es azul, pero estaba cerrada. Bratislava es sin duda, una de las ciudades europeas con encanto, y merece una visita. Desde allí hicimos una excursión a la medieval Banska Stianivca.


domingo, 7 de septiembre de 2025

GOMEL, LA BIELORRUSIA ORIENTAL

Llegamos en tren a Gomel desde Minsk. El tren era de estilo soviético, con compartimentos con literas y literas en el pasillo. Y con una encargada por vagón. Nos recordó los trenes de la Ruta del Transiberiano.



Gomel es la segunda ciudad más importante de Bielorrusia. Está en la orilla derecha del río Sozh, cerca de la frontera con Ucrania y de la central Nuclear de Chernobil. Y es una ciudad interesante por sus propios atractivos.

La calle principal Sovietskaya tiene bonitos edificios clásicos con adornos de estucado en la fachada, pintados de colores crema, rosados y verde claro.


La calle desemboca en la plaza Lenina con una estatua de Lenin y con el edificio del Teatro de Arte Dramático. La ciudad conserva los antiguos trolebuses.

Visitamos la Iglesia de San Pedro y San Pablo, de fachada amarilla con un jardín lleno de flores. Los fieles encendían velas y rezaban. Detrás están las Capillas-tumbas de la familis Paskovich, los nobles locales. Las capillas son un torreón de ladrillo rojizo con mosaicos, rematado pot un pináculo y cinco cúpulas doradas. Una construcción de estilo ruso, preciosa y original.


Visitamos el impresionante Palacio Rumyantsev-Paskovich, de fachada amarilla y blanca, con columnas. Un auténtico lujo digno de zares. Salas con columnas, estatuas, frisos, grandes lámparas, suelos en madera tallada, vidrieras, etc. Había salas de reuniones, de música con un piano blanco, despacho, biblioteca, comedor y galerías con plantas.




El terreno fue donado al conde Rumyantsev por la emperatriz Catalina II. A finales del s. XVIII se completó el Palacio en estilo neoclásico. En 1934 fue comprado por Paskovich y lo reconstruyó. Además de ser riquísimos, el conde y su mujer se dedicaron a labores de filantropía y construyeron una escuela, farmacia y hospital.

Cerca está el Invernadero del Parque, creado sobre el invernadero de Paskovich. Ocupó el taller de una fabrica de azúcar. La estructura acristalada tiene varias especies subtropicales. 


Subimos los 200 escalones de la Torre de Observacion de 40m, que fue la chimenea de la antigua fábrica de azúcar. Ofrecía buenas vistas del Parque boscoso, el Palacio y el río Sozh.


Seguimos paseando por el parque y bajamos al río. Cogimos un barco por el río Sozh, un trayecto corto de 40 minutos. Pasamos bajo el puente del ferrocarril y desde el barco vimos la Torre de Observación. Las orillas están muy verdes y fue muy relajante.



Había ambiente festivo en la ciudad, con muchas familias paseando por la calle y por el Parque durante el día y por la noche. En la Plaza Lenina había música y merenderos, y en otros rincones del bosque tocaban grupos de música y la gente bailaba animadamente. Supimos que celebraban el 80 aniversario de la Victoria en la II Guerra Mundial.

Gomel fue una agradable sorpresa en la ruta por Bielorrusia y nuestra etapa final.