Llegamos a Santorini en ferry de la compañía Seajets desde Mykonos, en un trayecto de dos horas. Desembarcamos en el Puerto Viejo de Fira (o Thira), la capital de Santorini. La ciudad está en la parte alta y se puede subir con funicular, en burro o en bus.
Elegimos el bonito Hotel Leta en el centro de Fira, con paredes encaladas azul y blanco, y una piscina con un delfín de mosaicos en el fondo. Cerca están la Catedral Católica de San Juan Bautista y la Catedral Ortodoxa Metropolitana.
Por la tarde vamos en bus a Oia, a 11km. Oia es el pueblo maravilla de Santorini, con casas blancas escalonadas y con iglesias de cúpula azul asomando entre las azoteas. Callejeamos por el laberinto de calles, subiendo y bajando escaleras, y viendo las piscinas azul transparente de algunas casas y hoteles, encaradas al mar. Las casas descienden por la ladera hacia el mar.
Al día siguiente bajamos al puerto por el camino con 500 escalones, que también se puede bajar en burro. En el puerto cogemos el barco Poseidón para hacer una excursión por la Caldera del Volcán. El Poseidón es un barco bonito de madera de color miel, con altos mástiles.
Paramos en el Parque Natural Geológico Nea Kameni. Es un islote y un volcán activo con 8 erupciones, la última en 1950. Las erupciones formaron las Se ven piedras volcánicas negras y en alguna zona se huele el azufre de las fumarolas. Subimos al cono del volcán Nea Kameni, con vistas del mar azul intenso y de los acantilados con los pueblos blancos en la cima.
Luego vamos a las Hotsprings, las aguas termales de la Caldera. El barco ancla en la entrada de una cala con una ermita blanca. Se ve el cambio de color del agua, de verdosa a más rojiza por el lodo. Nos tiramos al agua y nadamos hasta la zona de aguas termales, más cálidas y con lodo pegajoso al fondo.
Paramos en la isla Thirasia para comer. La isla tiene un molino con las aspas girando, junto al mar. Al pie del molino está la terraza de un restaurante y nos instalamos allí. Pedimos ensalada griega con alcaparras, pepino, queso feta y tomates, y los buñuelos de tomate y calabacín típicos de Santorini. El pueblo está bastante arriba, subiendo escaleras.
La parte final de la excursión del barco es costear los acantilados de 400m de altura sobre los que está el pueblo de Oia. Verlo desde el mar es bonito. Es un contraste la blancura de las casas con la roca negra de los acantilados, desde lejos parecen cumbres nevadas.
Por la tarde paseamos por el camino costero de Fira al pueblo de Imerovigli, a 2km. En realidad los dos pueblos están casi unidos por una sucesión de casas blancas escalonadas. Las vistas del mar azul, la isla de Thirasia y las casas desde diferentes ángulos, son magníficas. Las terrazas blancas están salpicadas de pequeñas piscinas azules adornadas con cactus redondos, buganvillas y flores.
En Imerovigli está la Skaros Rock, un peñasco rocoso piramidal, acabado en forma rectangular, como el muro de un castillo, en medio de la Caldera. Unas fantásticas vistas.
Otro día vamos en bus hasta la Playa Roja, de guijarros, esta entre los acantilados rojizos por el óxido y piedra volcánica. Nos damos un baño delicioso en las aguas frescas. Desde allí vamos en barco a ver otras playas. Pasamos por Playa Blanca, llamada así no porque tuviera arena blanca, sino por los acantilados de piedra blanca. Es la que nos parece más bonita, con sus rocas calcáreas deslumbrantes y el mar azul. Nos quedamos en Playa Negra, de arena volcánica. Hay menos gente, dicen que es la mejor para el baño. Tiene arena gruesa negra y guijarros.
En la Isla Santorini también se conserva algún molino aislado, de blancura luminosa y erguido frente al mar Egeo, un vestigio de su pasado.




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