viernes, 14 de febrero de 2025
SAFARI EN EL P.N. MURCHINSON
miércoles, 30 de agosto de 2017
LA RESERVA NYONIÉ
Desde el Puerto Michel Marine de Libreville cogimos una barca hasta la Reserva Nyonié. Fue un trayecto corto, de una hora, pasando por zona de manglares con sus raíces acuáticas. En el muelle nos recogió un jeep abierto. El sendero era precioso. El campamento Chez Beti era un grupo de bungalows con porches, frente a una playa de arena blanca. Nos sentamos bajo la sombra de un mango y nos invitaron a un aperitivo de Martini blanco con olivas negras.
Por la tarde hicimos un pequeño safari. El paisaje era una mezcla de jungla y colinas alfombradas de verde. Encontramos garzas y varios elefantes, bastante huidizos, que se perdían en la vegetación. Y una manada de treinta búfalos de color rojizo. Paramos en una laguna, rodeada de selva e iluminada por la luz del atardecer. El guía apagó el motor y esperamos para ver a algún animal bebiendo. Pero aquella tarde no tenían mucha sed.
A la mañana
siguiente salimos de caminata por la selva. La selva se despertaba y caminábamos
por el sendero a ritmo ligero. Era nuestra última oportunidad para ver gorilas
en Gabón. Ente la hierba había unas formaciones curiosas de tierra parecidas a
champiñones, de dos palmos de altura. Eran termiteros. Toda la extensión estaba
salpicada de termiteros. Hicimos 13km en tres horas de marcha.
Junto a la pista encontramos un gran espejo entre la hojarasca. Los animales se paraban para ver su reflejo, y una cámara oculta en un tronco los fotografiaba. Pero sólo nos fotografiamos nosotros. En el hotel conocimos a Xavier Hubert Brierre, un fotógrafo francés que había fotografiado y grabado en vídeos a todo tipo de animales en la Reserva Nyonié: gorilas de espalda plateada, elefantes, búfalos y hasta panteras.
El sistema del fotógrafo Xavier Hubert fue colocar en la selva varios espejos grandes, como el que vimos, que distraían a los animales cuando topaban con ellos. Les sorprendía su reflejo y a veces pensaban que era otro de su especie. Había conseguido captar algún pangolín y hasta leopardos en la noche. Sus fotos adornaban las paredes del comedor del hotel. Xavier y su mujer Anne Marie, llevaban años yendo allí por temporadas. No tuvimos la suerte de ver ningún gorila, pero disfrutamos mucho del paisaje selvático de la reserva Nyonié.
viernes, 1 de abril de 2016
BARACOA Y EL P.N. HUMBOLDT
Baracoa era
una región del sureste de Cuba, fuera de los circuitos turísticos habituales. Quisimos conocer
la zona y pasamos tres días allí.
El plan del día
era visitar el Parque Nacional Humboldt, llamado así en honor del
naturalista y explorador alemán, que visitó el lugar por primera vez en 1801.
Era Patrimonio Mundial. Una furgoneta amarilla nos llevó a través de
pistas de gravilla. Atravesamos el río Toa y vimos el mar Caribe entre
cocoteros.
Tardamos una hora
y media en llegar al Balcón de Iberia, el punto de partida de la
excursión, una caminata de 7km por senderos, ascendiendo unos 400m. El tramo
inicial fue el más costoso por la subida y el calor. Pero íbamos con el guía
del parque e hicimos paradas para que Pedro nos explicase la flora y la fauna.
Vimos orquídeas, bromelias y plantas que vivían en simbiosis con sus parásitos.
Había lianas y árboles de raíces extendidas entre la hojarasca. Era un bosque húmedo tropical. Pedro comentó que Baracoa era la zona de Cuba con más lluvias, y que en aquel bosque en algún momento u otro llovía casi cada día.
Encontramos un
alacrán grande, varios lagartos verdosos camuflados entre las hojas, una oruga
tipo ciempiés gorda como una salchicha, una rana diminuta de 8mm y varios tipos
de aves: halcones o gavilanes y colibrís inquietos que no se dejaban
fotografiar.
Nos refrescamos
con un baño delicioso en el río Santa María, entre la verde vegetación.
Caminamos por el lecho pedregoso hasta una pequeña cascada. En el río hicimos
picnic y tomamos sándwiches de jamón, queso y atún, con plátano frito.
Luego nos bañamos en el mar, en la magnífica y tranquila Playa Maguana. Era preciosa, con cocoteros y el agua con franjas verde azuladas transparentes. Nos instalamos con el pareo bajo la sombra de una palmera y fuimos dándonos baños hasta que llegó la hora de irse. Regresamos contentos y muy satisfechos con la excursión al Parque Humboldt. Era una zona de Cuba que pocos turistas frecuentaban, pero que merecía mucho la pena.
viernes, 7 de agosto de 2015
LA VIDA SALVAJE DEL PARQUE NACIONAL DE CHOBE
Recorriendo el Parque
Nacional de Chobe en Bostwana, nos metimos por un sendero boscoso. No
parecía haber animales, y de repente a un lado de la pista, sobre la rama baja
de un árbol encontramos a un leopardo. Paramos en seco y retrocedimos un poco.
El leopardo bajo del árbol, pero no debimos parecerle una amenaza por se sentó
en el suelo. Era un precioso leopardo moteado, con los ojos claros
verdosos. Y nos miraba desafiante.
La zona de la ribera
del rio Chobe era verde, dorada y húmeda. Cerca del río había múltiples
lagunas donde iban los animales a beber. Vimos grupos numerosos de impalas
y elefantes jirafas, cebras, fagoceros, chacales, hipopótamos, cocodrilos,
gallinas de guinea, búfalos, kudus y leones.
Las jirafas se movían elegantemente con su parsimonia. Leímos que tenían un corazón de 9kg para poder bombear sangre hasta su cerebro. De ahí sus movimiento como en cámara lenta. Podían medir 6m de altura.
Vimos a los elefantes
comiendo hojas de las ramas y hierba que cogían del suelo. Primero arrancaban
las raíces de la tierra golpeando con sus patas. Bebían curvando la trompa y a
veces se echaban tierra por encima para refrescarse. El polvo y el barro les
protegían la piel del sol y de los insectos y parásitos. Movían las orejas,
que tenían un sistema de irrigación propio dado su gran perímetro, para
refrescarse. Varias hembras estaban embarazadas. La gestación duraba 22
meses.
Encontramos un
grupo de cuatro hembras con varios leones jóvenes y sus cachorros. Iban
caminando en hilera hacia el agua. Los seguimos desde muy cerca con el jeep,
viendo su piel dorada al sol. Nos ofrecieron el trasero como despedida y ni se
inmutaron por nuestra presencia. El atardecer lo tiño todo de una luz dorada y
en las extensiones de hierba verde y amarilla, entre lagunas, se esparcían
auténticas manadas de animales. Cientos de antílopes con jirafas, cebras y
elefantes eran los más abundantes.
Vimos babuinos
que se sentaban ante los excrementos secos de los elefantes y deshacían las
bolas para conseguir la semilla que defecaban entera. Encontramos grupos de
babuinos caminando a cuatro patas y cargando sus crías bajo el vientre o sobre
el lomo. Unos jugaban saltando por las ramas de los árboles y otros se sacaban
parásitos del pelaje.
Los bisontes lucían su montera característica con los cuernos. Eran un grupo numeroso, sentados a la sombra de un árbol y rumiando la hierba que comían.
Por las noches, en el silencio del campamento, oímos los rugidos de un león y la estampida de una manada de cebras, que pasó por detrás de la tienda. Nos despedimos del Parque Nacional de Chobe con un montón de imágenes en la cabeza, emocionados y admirados de su belleza y abundancia de animales.


















