Mostrando entradas con la etiqueta bodegas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta bodegas. Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de agosto de 2026

LA PEQUEÑA VADUZ

Vaduz es la capital del Principado de Liechtenstein. Llegamos con una combinación de tren y bus desde Zurich. Es una ciudad pequeña y tranquila, rodeada de montañas y verdor. La calle principal es la Städtle y es peatonal.

La Casa Roja es la vivienda más antigua, de origen medieval. Tiene una casa con tejados a dos aguas y el torreón de piedra anexo. Durante siglos perteneció al Monasterio de San Juan, hasta que en 1807 fue adquirida por la adinerada familia Rheinberg. Continúa en manos privadas y solo  puede verse el exterior, pero merece la pena acercarse a verla. 



El Rathaus es el Ayuntamiento, un bonito edificio de 1932, diseñado por el arquitecto Franz Roeckle.  Tiene una planta rectangular con múltiples ventanales, una torre adosada y ornamentos con frescos históricos. El único balcón tambíén está decorado con frescos. Ante el Ayuntamiento hay una estatua con tres caballos.




Otros edificios destacables son el Edificio del Gobierno, de fachada color crema, y el Registro Civil, junto a la Escuela de Música. Es de fachada amarilla, con entramados de madera y balcones cerrados.


Al lado está la Catedral de San Florín, de estilo neogótico. Tiene origen en una capilla medieval del s. XIV. La estructura principal tiene tres naves y fue construida en 1873 por el arquitecto Friedrich von Schmidt. 


La ciudad tiene varios museos. El Museo Postal esta en la calle peatonal Städtle y es de visita gratuita. Fue fundado en 1930 durante el reinado del príncipe Francisco I. Alberga una colección de sellos, tampones de madera y postales de época escritas. Junto a él están el Museo de la Cámara del Tesoro y el Museo Nacional de Liechtenstein.




La zona es rica en viñedos, que pueden verse en las calles de la misma Vaduz, entre bonitas casas alpinas. La Bodega el Príncipe de Liechtenstein (Hofkellerei) esta en un viñedo más alejado, en uno de los mejores terrenos vinícolas del valle del Rin.



Hay varias esculturas al aire libre repartidas por la ciudad.  Destaca la escultura "Mujer con espejo", una mujer reclinada obra de Fernando Botero; un astronauta con su escafandra o los tres caballos delante del Ayuntamiento.



El Castillo de Vaduz sobre una colina, puede verse desde cualquier rincón de la ciudad. En la calle Städtle hay una bonita maqueta del castillo con todos sus detalles. Fue construido en ls época medieval y con los años se añadieron dos alas, una renacentista y otra neoclásica. 

El castillo es residencia principesca desde 1939 y actualmente aloja al príncipe Hans Adam II, por lo que sólo puede verse desde el exterior. Se puede subir al mirador Känzile de la colina para contemplar las vistas de la ciudad.






martes, 13 de septiembre de 2022

LAS BODEGAS MOLDAVAS

 

La Bodega Cricova era la más conocida de Moldavia. Estaba a 50km de Chisinau, la capital. Su reino vinícola se contaba entre los mayores de Europa. Estaba instalada en una mina de roca caliza con 200km de túneles. De los 120 túneles de la bodega, unos 60km estaban jalonados de botellas. Eran cientos de túneles subterráneos con dos millones de botellas de vino, entró en el Libro Guiness de los Records. Personajes como Angela Merkel, John Kerry o Vladimir Putin tenían sus colecciones particulares de vino.


Entramos en los túneles con un tren eléctrico. Íbamos con una guía y el chofer para el tour en inglés, solo nosotros. Se notaba el frío, la temperatura era de 12º. Nos habían avisado e íbamos abrigados con forro polar y anorak. Bajamos a 15m de profundidad, aunque la bodega llegaba a 100m de profundidad.


Proyectaron una película con información y propaganda de las bodegas, equiparando el vino a néctar de dioses. Fue interesante. Después nos mostraron la Sala de Degustación, un derroche de fantasía con vidrieras de colores en paredes y techos de madera tallada con motivos alegóricos al vino (ánforas, prensas…) Una sala tenía una mesa con 50 sillas para recibir a grandes mandatarios. 


La sala que nos gustó más fue la Sala Submarina, con una gran vidriera de colores en el techo y varias peceras como ojos de buey, repartidas en las paredes de la sala circular. Allí hicimos nuestra degustación de tres tipos de vino, blanco, rosado y tinto.




Salimos tan contentos y satisfechos que decidimos visitar otra bodega. El día estaba gris y frío, y apetecía. Fuimos a la Bodega Milestii Mici. Era mayor todavía, pero menos turística. En la entrada había una fuente peculiar de la que brotaba vino, a través de los caños que eran botellas. También tenía 200km de túneles subterráneos del s. XV y 2 millones de botellas de vino en su colección, lo que la había hecho entrar en el Libro Guiness de los Records.





La recorrimos con un coche eléctrico y un guía de habla inglesa. Hacía más frío que en la otra bodega y nos dieron una manta. El cochecito circulaba por las calles de los túneles a bastante velocidad. Vimos los grandes toneles con capacidad de más de 200 litros y las calles con nichos de botellas almacenadas. El tour finalizó en la Sala de Degustación. El recorrido por las bodegas moldavas fue interesante y ameno.



miércoles, 18 de septiembre de 2013

BRINDIS EN GEORGIA


 
Un pequeño pueblo de tejadillos rojos y casas bajas, entre viñedos y altos cipreses. Podría ser la Toscana, pero estábamos en el Cáucaso, en Georgia. De Sinaghi decían que era la población más bonita de la región vinícola de Kakheti. Estaba repleta de arquitectura de los s. XVIII-XIX con aire italiano y conservaba restos de su antigua muralla. Las casas tenían balcones de madera labrada que formaban filigranas, eran como encajes de carpintería.
 




La zona estaba llena de bodegas que ofrecían degustación de vinos. Hasta los monjes tenían tradición de elaborar vino en las bodegas de sus monasterios, como la famosa Catedral de Alaverdi. Fue construida en el s. XI y con sus 50m. de altura fue la construcción más alta en Georgia durante milenios.  Todavía era el principal centro espiritual de la región de Kakheti. Estaba amurallada y rodeada de vides, pero las bodegas del monasterio no podían visitarse.





El vino fermentaba en los llamados qvevri, recipientes de arcilla subterráneos que podían alcanzar los tres metros de profundidad y almacenar el equivalente a 1300 botellas de vino. Como fuimos en la época de la vendimia tuvimos oportunidad de ver los viñedos repletos de racimos, y el pisado de las uvas en un tronco vaciado. Recogimos en una copa el primer mosto, de un fuerte sabor dulzón.


© Copyright 2014 Nuria Millet Gallego



miércoles, 9 de mayo de 2007

LAS BODEGAS DE BULGARIA




Melnik era el pueblo más pequeño de Bulgaria, con 300 habitantes, conocido por los vinos de la región. Además era una reserva arquitectónica y una auténtica ciudad museo. Era un bonito pueblo con una calle principal con casas a ambos lados del río, y unas pocas calles subiendo las colinas. La base de las casas estaba construida con piedra arenisca dorada y las plantas superiores estaban pintadas de blanco con balcones y marcos de ventanas de madera oscura. Los balcones estaban sostenidos por largas vigas de madera oblicuas, a modo de travesaños. Y los tejados eran de tejas rojas.

El entorno también era bonito, muy verde y rodeado de unos peñascos angulosos y picudos de piedra arenisca. Decían que esas formaciones naturales le daban un carácter daliniano.

 
Fuimos a visitar la Casa Kordopulov, la mansión de un mercader de vinos, construida en 1754, y restaurada al estilo del s.XIX. Era una casa enorme de altos techos de madera tallada, con vidrieras de colores y decorada con tejidos tradicionales búlgaros de gran colorido. Había una gran sala con alfombras y asientos bajos con cojines alrededor, que recordaba el estilo turco. Las fronteras de Turquía y Grecia estaban próximas, y se notaba la influencia del periodo de dominación turco, durante más de cuatro siglos. La casa tenía una bodega con túneles excavados a lo largo de 180 metros que recorrimos entre grandes toneles.




Después visitamos las Bodegas Mitkno, donde degustamos un vino envejecido en tonel de cedro. Lo acompañamos de tortas con queso fresco, olivas negras, miel y mermelada de higos. El bodeguero nos explicó que la madera de cedro y de castaño, cuyos nombres conocía en castellano, era la mejor para criar el vino. Por la noche cenamos en una vieja taberna a la luz de las velas y volvimos a degustar los caldos búlgaros. Un placer más del viaje por Bulgaria.

© Copyright 2007 Nuria Millet Gallego