Mostrando entradas con la etiqueta "río Nam Ou". Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta "río Nam Ou". Mostrar todas las entradas

martes, 10 de abril de 2018

LAS REGATAS DE NONG KHIAW


Nong Khiaw nos gustó nada más llegar. El pueblo estaba rodeado de montañas kársticas y distribuido a ambas orillas del río Nam Ou, unidas por un puente. El paisaje del entorno era muy verde, con abundante vegetación.

El día amaneció brumoso, pero al rato salió el sol y la niebla que envolvía el río y las montañas se disipó. Era un día festivo y celebraban una competición de regatas. Algunos grupos ya entrenaban en el río, con cánticos rítmicos. Las barcas eran alargadas y muy estilizadas, con capacidad para veinticinco remeros según contamos. Los equipos se distinguían por sus camisetas y gorros de colores amarillos, verdes, rojos y azules.





El día amaneció brumoso, pero al rato salió el sol y la niebla que envolvía el río y las montañas se disipó algo. Era un día festivo y celebraban una competición de regatas. Algunos grupos ya entrenaban en el río, con cánticos rítmicos. Las barcas eran alargadas y muy estilizadas, con capacidad para veinticinco remeros según contamos. Los equipos se distinguían por sus camisetas y gorros de colores amarillos, verdes, rojos y azules.

Paseamos por la orilla, viendo los reflejos de las montañas, peñascos y colinas. Paralelo al río había un mercadillo y feria. Había puestos donde reventar globos con dardos, y puntos para posar y hacerse fotos entre coronas de flores bastante naïfs. Las mesas de los restaurantes y chiringuitos con toldillos estaban preparadas. Se respiraba el ambiente de fiesta y expectación.



El inicio de la carrera estaba marcado por unas banderolas. Había un estrado para las autoridades y jueces, y algún policía vigilando. Veintiuna barcas esperaban la salida muy juntas y paralelas entre sí. Era un espectáculo cromático.

Sonó música por los altavoces, las autoridades cortaron la cinta inaugural y un grupo de globos se elevaron entre aplausos. Quedaba inaugurada la regata de Nong Khiaw! Luego hicieron la presentación de cada equipo y las barcas iban saliendo entre saludos y aplausos. Los remeros avanzaban coordinados y con energía, animados por los espectadores. Fue una competición reñida y disfrutamos mucho del espectáculo.





Unos monjes budistas de túnica azafrán hacían fotos desde el puente. Al atardecer nos retiramos a nuestro bungalow frente al río y desde el porche contemplamos la puesta de sol en Nang Khiaw.




domingo, 8 de abril de 2018

EL PUENTE COLGANTE DE MUANG KHUA

 


Después del trekking de las aldeas Akhas, fuimos en un minibús desde Phongsali hasta Muang Khua, en un trayecto de siete horas. La vegetación verde, con árboles y hojarasca, bordeaba la cinta de la sinuosa carretera.

Muang Khua era una pequeña y bonita aldea con encanto, entre palmeras, plataneros y casas de madera pintadas en color pastel. Se respiraba tranquiliadad. Estaba dividida por el río Nam Ou y la parte más bonita era la del puente colgante. El puente con tablones de madera era solo para peatones y se balanceaba al pasar. Vimos atravesarlo a varias mujeres con paraguas para el sol. 






Nos alojamos en una guesthouse a la orilla del río, una casa de madera colgada sobre pilotes. La cama tenía una mosquitera rosa y la ventana ofrecía una vista impagable sobre el río y el puente.

Paseamos por las orillas del rio, haciendo fotos de las barcas varadas con los niños jugando. Otros niños navegaban en una balsa de troncos, remando en el río. 







El pueblo tenía un mercado y un Templo Budista, donde encontramos a un pequeño monje de unos 10 años recitando sus rezos con un libro en el regazo. El templo era coqueto, lucía el sol y resaltaba la figura del pequeño monje con su túnica azafrán. 




Al día siguiente embarcamos hacia Nong Khiaw. La barca era azul, abierta en los laterales, y con un tejadillo de madera. El trayecto por el río Nam Ou se interrumpía por la construcción de una presa, así que lo hicimos en dos tramos Tardamos cuatro horas hasta Muan Ngoi Neua, donde estaba la construcción. Allí desembarcamos, cogimos un tuk-tuk hasta el otro lado de las obras y empalmamos con otra barca que en dos horas nos llevó hasta Nong Khiaw.

El trayecto fue espectacular, con altas montañas tras la jungla de las orillas. A tramos el río discurría por un desfiladero y el agua quedaba en sombra. Luego se abría y el sol lo bañaba todo. Los picos se reflejaban en la superficie del agua. Nos cruzamos con múltiples barcas que iban río arriba y nos saludaban.










viernes, 6 de abril de 2018

LAS ALDEAS AKHA

Desde Phongsali contratamos una excursión a las tribus de las colinas. Había 28 etnias diferentes en la provincia. Nosotros fuimos a aldeas de la minoría étnica Akha. Primero cogimos una barca por el río Nam Ou en un trayecto de una hora aproximadamente;  el río se abría ante nosotros con paredes de vegetación en ambas orillas, con fondo de montañas. La superficie del agua estaba lisa como un espejo.

Llegamos a un tramo con rápidos en el río y la barca no podía pasar. Los chinos habían construido una gran presa más arriba y desembarcamos en una aldea de cabañas. Una anciana nos preparó té y tallos de bambú asados; se pelaban como los calçots, eran tiernos, como los palmitos y sabían un punto amargo.






Desde la aldea emprendimos en trekking de cuatro horas y media. El primer tramo fue un bosque de bambús, había muchos cortados en el terreno. Luego empezamos a ascender. El paisaje era precioso, muy verde y montañoso, con algunas flores blancas. El sendero se abría paso entre la vegetación.

La llegada a la aldea Peryenxang fue espectacular. Estaba en la cima de la montaña y se veían unas cuantas cabañas con graneros y empalizadas entre hierba verde. En medio correteaban cerdos negros, gallinas y vacas. Los niños jugaban por allí y se agruparon para recibirnos entre risas. Dimos una vuelta por la aldea y saludamos a los vecinos con un “Sabaidee”.



 

Las mujeres Akha cargaban sus hijos a la espalda y se caracterizaban por sus tocados negros adornados con cadenas, bolas y monedas de plata. Las monedas eran de diversa procedencia, algunas chinas. Su vestimenta era negra con cenefas de colores, y sus rasgos de pómulos anchos. Cada tocado era diferente, recargado de plata, cadenillas y monedas. Las hacía muy especiales. 








Nos alojamos en la casa del jefe de la aldea, un chico joven de 31 años que tenía el cargo desde hacía siete años. Se ocupaba de los asuntos domésticos y de poner orden en las disputas de los vecinos. Nos informó de que el pueblo tenía 35 casas y 250 habitantes. En la casa también vivían tres mujeres, varios niños y el padre. Los dos hombres se pusieron a fumar una gran pipa de bambú.





Cenamos con la familia a la luz de un quinqué sopa de champiñones, arroz, verduras, noodles y el tubérculo taro, parecido a la patata. Hablamos un poco con ellos, a nivel básico, y nos acostamos temprano. Al poco oímos la lluvia cayendo con fuerza sobre el tejado.

Al día siguiente nos despertaron los cantos de los gallos. Pasamos el día caminando y viendo otras aldeas: Peryenxang Khao (Khao significa vieja) y Chakampa. Caminamos 16km. Una barca nos llevó hasta la presa y allí cogimos un bus hasta el pueblo de Hatsa. Por aquella zona las mujeres llevaban otros tocados coloridos y con forma puntiaguda. Luego tocó el regreso a Phongsali. Fue una excursión breve, pero curiosa y muy interesante.