Mostrando entradas con la etiqueta textiles. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta textiles. Mostrar todas las entradas

viernes, 12 de junio de 2026

TIMOR: LA ALDEA BENTENG NONE Y LAS CASCADAS

Cruzamos por tierra la frontera entre Timor Oriental y Timor Occidental, un largo viaje en las furgonetas Mikrolet, con múltiples paradas. Kupang es la capital de Timor Occidental. Desde allí pactamos precio con un taxista para ver la aldea Benteng None, a 126km, y unas cascadas en la zona.

Al llegar nos recibió un cartel de bienvenida a Benteng None. El pueblo lo forman diferentes chozas tradicionales de cañizo llamadas ume bubu. Son circulares, con tejado con forma de cúpula o colmena, sin ventanas y con pequeñas puertas de un metro de altura.


El pabellón central, techado y abierto, es el llamado lopo, el lugar de encuentro de la aldea. Tiene varios troncos con unas plataformas altas redondas, donde colocan la comida para protegerla.

En el lopo comunal se instalan unas mujeres alrededor de los troncos y nos muestran su artesanía: joyas (pulseras, collares y brazaletes), cuernos de madera negra tallados y cajas de bambú tallado. 



Las mujeres son bastante mayores y tienen la boca y los dientes enrojecidos por mascar nuez de betel, frecuente en estas latitudes. Mezclan el tabaco con la nuez de betel, de efecto estimulante. Nosotros llevamos tabaco para obsequiarles, y se lo damos al hijo del jefe de la aldea, que nos hizo de anfitrión. 

En un tronco cuelgan coloridos tejidos tradicionales que elaboran las mujeres llamados ikats. Hay algunos niños por allí, pero los hombres deben estar trabajando el campo. Nos dicen que viven unas 56 familias.



Entramos en el interior de una cabaña ume bubu, agachándonos por la pequeña puerta. Está bastante oscuro, vemos un fuego central, cajas con cacharros de cocina (tazas y platos) y un camastro de madera cubierto con una piel curtida.



En el pasado Benteng None fue un pueblo de antiguos cazadores de cabezas; hacía sólo dos generaciones que habían abandonado esa práctica. El último conflicto tuvo lugar en 1944

Al final de la aldea hay un barranco cubierto de maleza, y al borde un baniano de 300 años y tamarindos. En la zona hay un totem y allí se reunían los chamanes con los guerreros antes de salir a cazar cabezas. Vemos la plataforma de piedra donde se exhibían las cabezas de los enemigos y el ote naus, un pabellón bajo el que se guardaban las armas y lanzas, y donde los ancianos consultaban huevos de gallina para predecir los acontecimientos. Una mota de sangre en el huevo era señal de mala suerte y retrasaban el ataque.




Tras la aldea vamos a ver las Cascadas Air Terjun Oehala, cerca del pueblo de Soe. Caminamos por un sendero y descendemos unos escalones de piedra resbaladizos por el musgo. El entorno es muy verde, una arboleda densa con musgo creciendo en las rocas, cubriéndolo todo.

Las cascadas caen en siete niveles sobre grandes rocas como cuencos, formando balsas naturales. Hay varios niños por allí, que acaban de bañarse, nos saludan y bromean. Las familias locales suelen acudir a este bonito rincón para refrescarse.



domingo, 7 de junio de 2026

TIMOR-LESTE

Teníamos curiosidad por conocer el pequeño país de Timor-Leste o Timor Oriental, que se independizó de Indonesia en 2002. Llegamos en un vuelo de Air Dili (la aerolínea local) desde Singapur, un trayecto de 4h.

Dili es la capital de Timor-Leste, con casas bajas y calles amplias. Es agradable su paseo marítimo que llaman la Costanera, bordeado de palmeras, junto al azul mar de Timor. Vimos la línea de costa desde un ferry.



Visitamos el Mercado de tais, los tejidos tradicionales de algodón, hechos a mano y con tinturas naturales.  Aunque también hay otros mas económicos con materiales sintéticos. Los tejen las mujeres solo en temporada seca. 

Se utilizan en ceremonias importantes como nacimientos y funerales. Cuando alguien muere es tradición que se le entierre envuelto en un tai. Y se usan como faldas, vestidos, cinturones o cruzados en el cuerpo. Por su importancia cultural los tais fueron declarados Patrimonio de la Humanidad.



Circulan pequeñas y coloridas furgonetas locales que llaman Mikrolets, de 25 plazas. Algunos también las llaman en portugués aluguer. 

La arquitectura de Dili no es nada destacable, solo vimos alguna casa colonial aislada y el Palacio Presidencial. Hay alguna iglesia como la Catedral de la Concepción y la Iglesia San Motael.



El  Cristo Rey es un símbolo de la ciudad y un buen mirador. Se asciende por 570 escalones y pasando las 14 estaciones de un Vía Crucis. Y el Museo de la Resistencia muestra los 24 años de lucha contra la ocupación indonesia, desde la llegada de las tropas en 1975, hasta el referéndum de 1999 y las masacres que hubo en medio. No pudimos ver ninguno de los dos por falta de tiempo y los horarios no nos fueron favorables. Otra vez será.

Al día siguiente fuimos a Baucau en Mikrolet. El trayecto es de 123km y tardamos unas tres horas en recorrerlo.



Baucau es un pueblo-ciudad, es la segunda ciudad de Timor-Leste, con casas bajas entre vegetación tropical y ambiente tranquilo de pueblo. En el entorno hay palmeras, plataneros y grandes árboles con lianas colgantes. Se conservan algunas casas coloniales, del periodo colonial portugués, pero son pocas y hay que buscarlas. 

El Antiguo Mercado es una de ellas, con arcos en la fachada y dos plantas. Resultó destruido durante el conflicto indonesio, lo habían restaurado y pintado de amarillo, pero estaba cerrado con una verja.




La Pousada Baucau es otra de las casas coloniales bonitas, con doble escalinata, arcos y pintada de salmón rosado. Es un lugar histórico, fue construida en 1960 por un hombre de negocios portugués, Jose Ricardo. Se usó como fábrica de jabón, y durante la ocupación indonesia se usó como barracón militar. Después cambió el nombre a Hotel Flamboyán y se utilizó como centro de detención entre 1975 y 1979, cuando hubo muchos desaparecidos.

En la actualidad se ha transformado en un hotel con encanto. Nos instalamos en la sombra de su terraza ajardinada a tomar algo, descansar y escribir.




Otro día fuimos a la isla Atauro en el Ferry Succes, con salida los martes a las 8h y regreso el mismo día a las 15h, por 5$. Los jueves y sábados sale el Dragon Boat, y los sábados, cuando van más locales a pasar el día, también el Nakroma. El trayecto dura entre 2,5-3h. Avistamos la silueta de la isla, bastante montañosa, con verdes picos.




Al desembarcar vemos una bonita playa junto al Puerto. Paseamos por la costanera con palmeras. Y buscamos un lugar donde organizaran el snorkel y nos alquilaran la máscara con tubo y las aletas; lo encontramos en el Atauro Dive Resort. También organizan buceo con bombona. El tour con el barco y el material nos cuesta 65$ los dos.



El Atauro Dive Resort está frente al mar y tiene bonitas cabañas entre jardines. Cuesta 50$. Nuestro barquero se llama Marcelo y su barca es azul con dos maderos laterales estabilizadores, habituales en estas latitudes.



El agua es transparente color turquesa, con tonalidades azules y verdosas. La zona de inmersión está muy próxima a la costa. Nos sumergimos y entramos en el maravilloso mundo subacuático. Hay gran variedad de corales, los tubulares, ramificados, con forma de laberinto, valvas succionadoras, corales tipo esponja mullidos, etc.


Los peces abundan, nadan entre los corales y se esconden en las cavidades. Tienen gran colorido: amarillos, verdes, azules, naranjas con rayas negras. Vemos dos peces payaso rojos con rayas blancas, posados junto a una anemona. Los corales están a poca profundidad y se extienden por una franja del mar. Nadamos sobre ellos, recorriéndolos y bordeándolos, hasta la zona más profunda donde la pared se inclina. Nos alejamos de la barca, pero Marcelo nos vigila. 

Lástima que no llevamos cámara submarina, otras veces hemos utilizado una desechable de Fotoprix, con buenos resultados. Los peces y corales que vimos nos recuerdan el snorkel de Malaysia. Fue fantástico, volvimos eufóricos. Para nosotros isla Atauro es lo mejor de Timor-Leste. Estuvimos poco tiempo, pero recordaremos todos los lugares de Timor y la sonrisa de los timorenses.




domingo, 31 de agosto de 2025

PUEBLOS CÁUCASICOS: LAHIC


Lahic es un pueblo medieval del Cáucaso, en una región bastante aislada. Es conocido por su artesanos textiles y herreros. Nos alojamos en una casa del pueblo.

Los autobuses no llegan a Lahic. Desde Sheki cogimos una furgoneta colectiva hasta Ismaili, un trayecto de 124km, que recorrimos en dos horas.  En Ismaili pactamos un taxi hasta Lahic, la única manera de llegar.


Las casas tienen balcones de madera y las calles están empedradas. La calle principal es Hüseynov, con tiendas de artesanía con portones de madera a ambos lados, exhibiendo las mercancías colgadas. 

Las mujeres tejen y elaboran alfombras y calcetines, hechos de lana de oveja. Una de las tejedoras me sonrió y mostró todos sus dientes de oro. 


Nos gustaron especialmente las tiendas-taller de los herreros, con su yunque y martillo preparados. Un herrero joven labraba un caldero con sus herramientas. Fabricaban samovares para el té, platos labrados, vasijas, lámparas, braseros etc. Un batiburrillo de objetos amontonados. En una tienda vimos las típicas lámparas de Aladino, de latón dorado.





Otros artesanos fabrican gorros de piel de oveja para el frío, tipo rusos. Y también zamarras de piel de vaca, forradas de borreguito para los crudos inviernos.




Hay varias tiendas que ofrecen especias, hierbas y flores secas de colores para hacer infusiones y tés aromáticos. Huelen muy bien y tienen mucha variedad. Están agrupadas en sacos con sus carteles. Utilizamos el traductor de Google Lens para averiguar algunos nombres. Hay melisa, romero, tomillo, manzanilla y otras plantas locales sin traducción. También botes de conservas. 





Visitamos el Museo de Historia de Lahic. Tiene una colección de hallazgos históricos, aperos de labranza y objetos domésticos. En el centro de la habitación hay un gran fuelle  hecho de piel de búfalo y madera. Entre el mobiliario hay espejos, baúles, braseros, etc. Y otros objetos  como balanzas, calderos, samovares, trajes y gorros. También se exhiben espadas antiguas, lanzas y hasta un revolver. 


El pueblo tiene siete mezquitas y vimos algunas con sus bonitos minaretes. Al atardecer escuchamos el canto del muecín.


Paseando nos saludaban los lugareños, alguno preguntaba de que país éramos. Vimos un grupo de mujeres sentadas en un banco tomando la fresca como buenas vecinas, y nos permitieron fotografiarlas. Nos llevamos un buen recuerdo de Lahic.