domingo, 14 de junio de 2026
FLORES: EL VOLCÁN KELIMUTU Y SUS LAGOS DE CRÁTER
martes, 23 de mayo de 2023
EL LAGO DEL SOL Y DE LA LUNA
El
Lago del Sol y de la Luna estaba situado en el centro de la isla de
Taiwán, a 762m sobre el nivel del mar. Tenía un perímetro de 29km y era la
superficie de agua más grande de Taiwán, también una de las más bonitas. Sus
aguas verdosas reflejaban las montañas que lo rodeaban.
Cogimos
un barco desde Shuishe al Puerto de Itashao, donde nos alojamos
en un hotel tipo cabaña. Paseamos por el camino costero, una pasarela de madera
entre verde vegetación. Había muelles flotantes con barcos de pescadores
amarrados y vimos algunos pescadores de caña. Después acababa el sendero y
seguimos por la carretera, con muy poco tráfico. Hasta la carretera era bonita,
desbordante de vegetación: helechos gigantes, juncos altísimos y árboles con
lianas.
Otro día cogimos el Funicular, que ascendía un trayecto de 1,9km por la montaña en diez minutos. La subida era impresionante y ofrecía vistas del lago y de la montaña espectaculares. En la cima estaba la Formosa Aborigen Village, un museo al aire libre de las casas tradicionales taiwanesas. Eran casas de maderas de distintas formas, con tejados de cañizo y graneros. En el interior tenían la cocina con sus utensilios y calderos, la leñera y las camas de hombres y mujeres, simples esteras en bancos de madera. Las casas se adornaban con mandíbulas disecadas de ganado, una curiosidad.
En la aldea había un museo etnográfico grande muy interesante con trajes tradicionales, textiles, armas, joyas y objetos cotidianos diversos. El recinto de la aldea era enorme, se extendía por la ladera del monte entre senderos bordeados por palmeras y vegetación. Regresamos al lago al atardecer con el último funicular.
martes, 6 de diciembre de 2022
EL LAGO DEL P.N. MORNE TROIS PITONS
martes, 26 de abril de 2011
VOLCÁN EL ARENAL
Desde Monteverde fuimos a la Laguna Arenal, donde cogimos una barca hasta el pueblo La Fortuna. En la laguna podía verse al fondo el cono perfecto del Volcán Arenal, muy puntiagudo. Cruzamos la laguna de aguas tranquilas y limpias. En la orilla encontramos una garza blanca, dándonos la bienvenida. Nos dijeron que la garza se llamaba Samantha Carolina.
El volcán se distinguía al fondo de todas las calles del pueblo, una mole de presencia imponente. Dimos un paseo a caballo hasta la Catarata La Fortuna. Mi caballo se llamaba Tito. Nos dieron un casco, y nos enseñaron a jalarlo (frenarlo) y coger las riendas para dirigirlo. Si el caballo bajaba por desniveles, debíamos inclinar el cuerpo hacia atrás. Lecciones básicas. Con una mano cogíamos las riendas y con la otra nos agarrábamos a la silla de montar. En el camino cruzamos un par de riachuelos. El volcán vigilaba nuestro camino.
Al cabo de un rato
llegamos a la Catarata La Fortuna. A lo lejos se distinguía la
catarata entre la espesura. Bajamos bastantes escaleras, cruzamos un río por un
puente colgante y nos encontramos frente a la catarata de 70m de altura,
entre helechos y entorno selvático. El chorro caía espumoso y con fuerza en una
poza de aguas verdes. Nos bañamos en las aguas frescas, que aliviaron el calor
del camino. En el camino de regreso el caballo se volvió más díscolo y trotón,
tal vez por las ganas de llegar al establo.
Visitamos el Santuario
de plantas y mariposas. Había orquídeas, aves del paraíso y otras flores. En un recinto
cerrado estaban las mariposas, que solo dejaban de revolotear para probar el néctar dulce de los trozos de piña madura. En el camino de regreso el caballo
se volvió más díscolo y trotón, tal vez por las ganas de llegar al establo.
Al día siguiente
hicimos una caminata para acercarnos lo más posible al volcán, todo lo que
estaba permitido. En Costa Rica había más de 300 volcanes. El volcán El
Arenal tenía 4000 años de antigüedad y en ese periodo había erupcionado diez
veces, la última en 1990. Antes estaban permitidas las excursiones por la
ladera y se veía la lava. Pero fallecieron dos personas y un guía por las
emanaciones tóxicas, y se prohibió. Se veían fumarolas en el lateral derecho.
Caminamos por la jungla entre raíces de árboles y hojarasca, subimos tramos muy empinados. El ambiente era muy húmedo y bochornoso. Llegamos a un mirador con el imponente volcán frente a nosotros. Se distinguían la formación de piedras de lava que se acumulaban hasta que algún día cayeran en avalancha, como un alud de nieve. La ladera del volcán era una mezcla de cenizas y grupos de árboles verdes. Para volver seguimos el cauce de un río seco lleno de piedras de lava y cenizas. Se hizo de noche y sacamos las linternas. La caminata fue de dos horas y nos ganamos la cena.




























