viernes, 31 de diciembre de 2010

TÁNGER

 

Tánger, al norte de Marruecos, estaba bañada por el Atlántico y el Mediterráneo. Desde el Paseo Martítimo con edificios de fachada blanca y palmeras, había vistas del estrecho de Gibraltar y de la Mezquita del Puerto o Mezquita Lalla Abla, con su minarete de mosaicos. 

Pasear por las calles de La Medina y La Kasbah era un placer. La Kasbah es un espacio fortificado, quedaban partes de la antigua muralla. Cruzamos la Puerta Bab Kasbah y entramos en el laberinto de callejuelas con arcos. Tenía puertas de madera con adornos metálicos.






La ciudad atrajo a escritores como Paul Bowles, William Burroughs, Jack Kerouac, Tennessee Williams, pintores como Matisse y Delacroix, y otros muchos artistas. Tenía un ambiente y una luz especial.




En toda la ciudad hay numerosos cafetines y teterías con terrazas, donde tomar té moruno con menta. Como el Café Hafa de 1921, en una colina con terrazas escalonadas con vistas  al Mediterráneo.



Cerca estaba la necrópolis fenicia con más de 50 tumbas talladas en la roca. Cuando fuimos las tumbas estaban inundadas de agua, como pequeños estanques. Los tangerinos paseaban y se sentaban entre las rocas a contemplar el mar.

El Zoco Grande y el Zoco Chico tenían multitud de tiendas de especias, babuchas, textiles y coloridos vestidos de mujer. En el mercado nos gustaron especialmente los puestos de pescado.









domingo, 31 de octubre de 2010

CURIOSIDADES CHINAS



 
En nuestro viaje por China encontramos estas coloridas sillas de mimbre transportadoras de bebés. No eran muy ergonómicas, pero los niños parecían sentirse a gusto trasladándose en las espaldas de sus madres o abuelas.
 




Este era el equipo de incendios en épocas antiguas. Palas y cubos para el agua, para combatir el fuego, colocados con una cuidada simetría. Los encontramos en una de las casas museo, propiedad de un mercader rico, de la ciudad de Pingyao, que era Patrimonio de la Humanidad.

 

El Estadio Olímpico de Beijing (Pekin), conocido como El Nido por su estructura de entramado metálico de acero, que recuerda esa forma. Los recién casados se hacían fotos ante el estadio.



Una destilería de vinos y licor de arroz, con grandes tinajas de cerámica esmaltada con caracteres chinos. Encontramos muchas de ellas, esta es de la ciudad de Fenghuang.
 
 
 
Y para terminar, la sonrisa de las tejas milenarias de la ciudad de Xian, la de los guerreros de piedra. ¿Por qué sonreirán? Tal vez puedan ser un símbolo de la nueva China.
© Copyright 2010 Nuria Millet Gallego

miércoles, 27 de octubre de 2010

LOS PINÁCULOS DE ZHANGJIAJIE






La primera vez que vimos los picos desafiantes del Parque de Zhangjiajie nos pareció estar dentro de un sueño. El parque estaba formado por 230 picos rodeados de 300 peñascos rocosos. Era un paisaje único y las formaciones rocosas parecían el capricho de un dibujante. La roca cárstica tenía tonos dorados y grisáceos, con estratos. Los pinos se agarraban a las grietas, y además de en la cima crecían en las paredes verticales y en sitios inverosímiles. No pude evitar intentar dibujar las aristas de los picos. Había sido declarado Patrimonio de la Humanidad desde 1990.





Los picos aparecían envueltos entre las brumas, pero también los vimos con sol y cielo azul. Eran curiosos los nombres con los que habían sido bautizados: el Pico de los Cinco Dedos, Cinco Mujeres visitando al Generalísimo, los Dos Amantes, el Puente hacia el Cielo y muchos otros. Fuimos rodeando las cimas, de mirador en mirador, subiendo y bajando escaleras.

Había un Elevador, un ascensor de varios módulos verticales, que horadaba la roca. El teleférico, con cabinas para seis personas, era aún más impresionante que el Elevador. Estábamos suspendidos a cientos de metros por encima de la vegetación boscosa, y a veces parecía que la cabina iba a estrellarse contra un pico de lo cerca que pasábamos. Nos asombró la magnitud del paisaje y la altura desde la telecabina.





Dedicamos casi tres días para recorrer el parque. En la parte baja caminos empedrados atravesaban el bosque, entre cientos de turistas chinos. Las niñas se hacían fotos con coloridos vestidos tradicionales. Cuando decidimos subir escaleras hasta una plataforma fue cuando nos quedamos absolutamente solos. Creo que subimos unos 3800 escalones. Repusimos fuerzas comiendo castañas asadas mientras contemplábamos el paisaje.

En la entrada principal había una pantalla gigante que ofrecía imágenes del parque y de la película Avatar que se rodó allí. Descansamos abajo y nos despedimos de los impresionantes picos contemplando el baño de los monos en el río en un atardecer soleado. Fue uno de los lugares imposibles de olvidar.

 

© Copyright 2010 Nuria Millet Gallego

domingo, 24 de octubre de 2010

NAVEGANDO ENTRE LAS GARGANTAS DEL RÍO YANGTSÉ

  


 
A las siete de la tarde embarcamos en el Tao Jin, entre cientos de chinos. Salimos a la cubierta exterior de popa, nos sentamos en una mesa y nos sirvieron té. A nuestro alrededor los chinos comían cacahuetes, pollo y cerveza. Otros jugaban a cartas.
Zarpamos de Chongqing ya anochecido, la ciudad se iluminó y en sus rascacielos surgieron luces de fantasía. Por detrás de una colina vimos fuegos artificiales, como si celebraran la partida. El río Yangtsé o río Azul, de 600km de longitud, es el mayor de China y del continente asiático. También es el tercer río más largo del mundo, tras el Amazonas y el Nilo.



 
Durante los tres días (y tres noches) de travesía por el río Yangtsé hicimos varias paradas para visitar templos centenarios. Primero paramos en una montaña frente a la gran ciudad de Fengdú. Desembarcamos y a través de largas pasarelas metálicas ascendimos la montaña. El lugar era conocido como la "Ciudad Fantasma" por ser la morada de espíritus y fantasmas. Leímos que la ciudad se inundó en 2009.
Encontramos edificios con tejadillos, pabellones con puertas circulares y pagodas con incensarios de bronce, entre cuidados jardines. En el Palacio de los Fantasmas había estatuas de espíritus malignos, algunas atormentando a los infortunados humanos. Los jardines tenían cientos de macetas individuales con coloridas flores formando parterres y dibujos. Pensamos que con las nevadas y temperaturas frías, las macetas podían trasladarse a invernaderos para protegerlas. Lo bonito de la Ciudad Fantasma" eran sus construcciones de estilo chino y el entorno muy verde y dominando el río.


A las ocho de la tarde paramos en el Zhang Fei Temple, sobre una colina boscosa. Lo visitamos de noche, iluminado y lleno de misterio. En el interior albergaban esculturas de dioses y grandes tablillas de pizarra con caracteres chinos de calígrafos y poetas antiguos.



Otro día desembarcamos y un autobús nos llevó hasta el Templo Baidi Ching. Subimos muchas escaleras, entramos por una gran puerta amarilla decorada con pinturas murales y paseamos por pabellones y jardines. Lo bonito eran las edificaciones con tejadillos y pagodas. En el interior había esculturas pintadas que parecían de cartón piedra y reproducían escenas bélicas e históricas.
 


Pero lo más impresionante fue el paisaje. Las Tres Gargantas eran un desfiladero de paredes verticales de 900m de altura, repletas de verde vegetación. En Wushi cogimos una pequeña barca, cubierta con cañizo, para recorrer una garganta más estrecha en un afluente del Yangtsé. Las paredes eran de roca amarilla y gris y la vegetación aún era más abundante. 

Las hendiduras de la montaña estaban cubiertas por una hojarasca verde y mullida, que disfrazaba la profundidad de las grietas. El agua, que en el Yangtsé era marronosa, aquí era verde intenso. Ante nosotros las altas paredes parecían cerrar el curso del río, pero era un efecto óptico, y la barca giraba y seguía su paso.



 
En las paredes se veían grutas y cuevas, y las formas de los picos estaban esculpidas por los vientos con formas curiosas, de interés geológico. Habían construido largas pasarelas adosadas al acantilado, por encima del río. Paramos en un antiguo asentamiento, del que quedaba un templo y una fuente de agua fresca, que traía suerte a todos el que la bebía y se lavaba las manos o la cara en ella.

Desembarcamos en Yichang, el destino final. Nos despedimos del Tao Jin y en autobús fuimos hasta la Gran Presa del río Yangtsé. La consideraban el mayor proyecto de ingeniería desde la construcción de la Gran Muralla. Y probablemente lo sería, dada la complejidad y las dimensiones de su construcción. Con ese macroproyecto se evitaron muchas muertes que causaban las grandes inundaciones en la zona, pero había obligado a más de un millón de personas a desplazarse y supuso la desaparición de muchos pueblos. Aunque la belleza del paisaje de las Tres Gargantas y del curso del río Yangtsé permanecía.

© Copyright 2010 Nuria Millet Gallego