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martes, 14 de abril de 2026

ESLOVAQUIA: LA MEDIEVAL BANSKA STIANIVCA

Desde Bratislava hicimos una excursión a Banska Stianivca. Es una pequeña ciudad medieval en las montañas eslovacas, en un entorno boscoso. Está ubicada en una antigua caldera volcánica. Se enriqueció a partir del s. XIII gracias a la explotación minera. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1993.

Primero visitamos el Castillo Nuevo o Castillo de la Doncella, de muros blancos y cuatro bastiones redondeados con ventanucos. Se construyó en el periodo de amenaza turca en el s. XVI. El interior alberga varias exposiciones sobre la lucha contra los turcos. Se exhiben armas, cascos, cuadros, teteras y platos de latón, alfombras, tapices y otros objetos otomanos. 



Desde la colina del castillo hay unas magníficas vistas panorámicas de la ciudad, con sus coloridas casas y las torres de iglesias asomando entre los tejadillos rojos.




El Castillo Viejo está dentro de la ciudad, con muros de piedra desgastados, y también es impresionante. El interior tiene una galería de madera oscura que recorre el perímetro del castillo, con balcones y escaleras.





Luego callejeamos por la ciudad, con tranquilas calles empedradas. La nobleza alemana encargada de las minas en el s. XVIII construyó palacetes y casas burguesas en el centro histórico. Hay un Museo Eslovaco Minero, dedicado a la actividad que hizo que la población prosperara. Las casas tienen fachadas de estilos arquitectónicos renacentistas, góticos o barrocos. Y las fachadas están pintadas de tonos amarillos, verdes, rosados o anaranjados. 





 
La Plaza de la Santísima Trinidad es el centro de la ciudad, con forma triangular. En ella está la gran Columna de la Santísima Trinidad, también conocida como columna de la peste. Se construyó en el s. XVIII como agradecimiento por el fin de una epidemia. En realidad son varias columnas con esculturas. 

El Calvario sobre la colina Scharffenberg es otro lugar destacado. Es un complejo barroco formado por tres iglesias y capillas. Se asciende a la colina por un Vía Crucis con 17 estaciones decoradas con esculturas; pero tuvimos que coger el bus de vuelta a Bratislava y no pudimos ir, otra vez será. Hay varias iglesias en la población; la Iglesia de Santa Caterina, de estilo gótico con tejadillos verdes, es la que más nos gustó. Banska Stianivca nos pareció una bella ciudad eslovaca, de ambiente tranquilo.






miércoles, 13 de agosto de 2014

LA TALLIN MEDIEVAL

 

Tallin, la capital de Estonia, nos enamoró desde la primera impresión. Llegamos en ferry desde Helsinki, en un trayecto de dos horas y media. Empezamos a callejear y una de las primeras cosas que hicimos fue subir a la Torre del Ayuntamiento para contemplar las vistas de la ciudad: tejados rojos escalonados y asomando entre ellos decenas de agujas góticas de las iglesias, con el Mar Báltico y los grandes barcos al fondo. 

La Plaza del Ayuntamiento era preciosa. Tenía algunos edificios triangulares con remates de gabletes, como Bruselas o Brujas. Los colores predominantes de las fachadas eran amarillos y rosados. En la plaza había un mercadillo con artesanía y productos locales. En una de las esquinas estaba la que había sido la Farmacia (Apoteka) más antigua de Estonia, del s. XV, reconvertida en tienda de antigüedades. 



Merecía su categoría de Patrimonio de la Humanidad. Sus calles medievales adoquinadas y las casas de dos plantas con adornos de escayola en las fachadas, arcos y pasadizos, transportaban a otra época, era como adentrarse en el s. XV. Muchas eran casas de antiguos mercaderes y tenían patios medievales transformados en bares y restaurantes con encanto, entre flores y plantas. 



Subimos a otras dos torres, la Torre de Oleviste era la más alta, de 60m contando el pináculo. Subimos 257 escalones de piedra. Las vistas lo merecían. También subimos a la Torre Halleman, de 1410. Tenía unos 15m de altura. Por la escalera de caracol ascendimos a la parte superior de la muralla y recorrimos el pasadizo de madera cubierto. Las vistas desde allí eran preciosas, con más tejadillos, buhardillas y agujas de iglesias.


Atravesamos el Pasaje de Santa Catalina, con tiendas de artesanía a ambos lados. Había artesanos del vidrio de colores, de cerámica, cuero, joyas, textiles. Todas las tiendas ofrecían productos originales, estéticos y de calidad. Tenía un ambiente y decoración medieval y algunos de los vendedores iban vestidos de época. 






El barrio de Toompea estaba sobre una colina. Subimos junto a la muralla y sus torreones hasta llegar a la Catedral de San Alejandro Nevsky. Era una catedral ortodoxa rusa, de 1900, con cúpulas de cebolla. Recorrimos otro tramo de la muralla, encontrando cuatro torres alineadas con su caparazón cónico rojo. Una de ellas era la Kiek de Kok, que en alemán significaba “dar un vistazo a la cocina” porque desde los pisos superiores los mirones del medievo podían curiosear el interior de las casas que tenían a sus pies.

El barrio de Toompea estaba sobre una colina. Subimos junto a la muralla y sus torreones hasta llegar a la Catedral de San Alejandro Nevsky. Era una catedral ortodoxa rusa, de 1900, con cúpulas de cebolla. Recorrimos otro tramo de la muralla, encontrando cuatro torres alineadas con su caparazón cónico rojo. Una de ellas era la Kiek de Kok, que en alemán significaba “dar un vistazo a la cocina” porque desde los pisos superiores los mirones del medievo podían curiosear el interior de las casas que tenían a sus pies. 




Lo que más nos gustó del barrio de Toompea fueron sus miradores sobre la ciudad de Tallin. Ofrecían una panorámica de los tejados rojos inclinados con sus buhardillas, entre altas agujas y pináculos de las iglesias góticas, y las torres de caparazón rojo. Curioseamos las numerosas tiendas de antigüedades y artesanía, encontrando cosas preciosas y poco frecuentes. También entramos en varias iglesias, una curiosa fue la Iglesia de Ucrania.








Cenamos en el restaurante medieval Old Hansa, con mucho ambiente. Hasta el baño de madera tenía encanto. Probamos la cerveza negra con miel y la rubia con canela, servidas ambas en jarras de cerámica. Lo acompañamos con combinado de ahumados y salmón con judiones. Todo muy rico.



Fuimos al Hotel Viru, que había sido el único donde los turistas podían alojarse durante el régimen comunista. Fue el primer y único rascacielos de Tallin, construido en 1972. La antigua KGB montó su base de espionaje en el piso 23 del hotel y espiaba a los visitantes. Habían reformado el hotel y una parte era Museo de la KGB. Preguntamos para visitarlo, pero había que concertar cita previa. En la población de Tartu pudimos visitar otro Museo de la KGB. Y otro día visitamos el Parque Nacional Lahemaa desde Tallin.