domingo, 5 de enero de 2014

BRUJAS, REFLEJOS DE EUROPA

Durante la Edad Media Brujas fue una de las ciudades más prósperas de Europa, por el comercio a través de su red de canales. Era conocida como la “Venecia del Norte” por los canales que la atraviesan, comunicados por viejos puentes de piedra. Los edificios tradicionales tenían forma triangular escalonada con tejadillos rojos, muchos fueron la sede de los antiguos gremios.

Hacia 1500 entró en declive y cayó en el olvido durante cuatro siglos. Se conservó como una pequeña ciudad medieval cuya pobreza aliviaban hospicios, instituciones caritativas y una industria que elaboraba encajes. Uno de sus rincones más bonitos es el Muelle del Rosario rodeado por casas medievales que se reflejan en las tranquilas aguas.




Paseamos por el casco antiguo con preciosas calles empedradas entre los canales, por los que circulan algunos barcos y nadan cisnes blancos. Las viviendas típicas de Flandes tienen chimeneas y ventanas con postigos decorativos. La Plaza Grote Jan Van Eyck es una de las más bonitas. Fue una antigua aduana en la época medieval y conserva edificios como la Logia de los Burgueses y el Tolhuis. En la Plaza Burg está el Palacio de Justicia, el Ayuntamiento y la Basílica de la Santa Sangre.






La plaza principal es la Grote Markt, rodeada de casas gremiales de fachadas de colores, con la Torre  Belfort, el edificio Landhuis y la estatua de los héroes locales Jan Breydel y Pieter De Koninck. Subimos los 366 escalones de la Torre Campanario Belfort, construida en el s. XIII y vemos el engranaje del antiguo carillón. Desde allí contemplamos las bellas vistas de la ciudad con sus tejadillos y buhardillas.





La ciudad conserva restos de la antigua muralla, como la Kruisport (Puerta de la Cruz), con dos enormes torres redondas. Es una de las cuatro puertas de la muralla medieval del s. XIII. La estructura actual data de principios del s. XV. 


Los antiguos comercios como pastelerías y chocolaterías tienen encanto, y las cervecerías y restaurantes son muy apetecibles para disfrutar de las especialidades y gastronomía local. Probamos la carne estofada con cerveza (carbonade flamande), mejillones con patatas fritas (moules aves frites) y otros platos deliciosos. Además, la ciudad tiene varios museos interesantes como el Gruutusemuseum, ubicado en un palacio medieval del s. XV, que exhibe arte y objetos históricos.





Paseamos por la zona de los cuatro molinos de viento de Kruisvet. Uno de los molinos el Sint-Janshuismolen todavía está en funcionamiento y puede visitarse.



Disfrutamos de los reflejos diurnos. Los edificios y sus chimeneas se reflejan en las aguas tranquilas, entre las agujas góticas de los campanarios y los estilizados cisnes del llamado Lago del Amor.

Visitamos el Beginjhof de Brujas (Beguinaje), un recinto histórico fundado en el s. XIII. Está formado por casas blancas con tejados de ladrillo alrededor de un patio arbolado. En él vivió una comunidad de mujeres laicas emancipadas, dedicadas a la oración y labores como la fabricación de encajes. Llevaban una vida piadosa y célibe, envuelta en silencio. En la actualidad algunas monjas seguían viviendo allí. Entramos en una de las acogedoras viviendas, con chimenea y mobiliario antiguo. En todo el recinto se respiraba paz y tranquilidad.



 
También disfrutamos los reflejos nocturnos en la fría oscuridad. Brujas nos pareció una bella ciudad medieval, con historia y encanto.
A finales del s. XIX la ciudad empezó a restaurarse y renació llena de fantasía, misterio y belleza. Desde el año 2000 es Patrimonio de la Humanidad. Podría considerarse una metáfora de los tiempos presentes. La Vieja Europa ha alternado sus periodos de riqueza y penurias, de esplendor y decadencia. Y siempre que las guerras y la mano del hombre no la destruyan, renacerá y será un reducto de belleza. 

lunes, 23 de septiembre de 2013

TBLISI

 



Tblisi (o Tiflis) era la capital de Georgia, a orillas del río Kura. Las casas sobre la pared vertical del acantilado, asomando al río eran impresionantes. Seguimos el curso del río admirando las casas colgantes en la escarpada ladera.

Subimos en teleférico hasta la colina donde estaba la Fortaleza Nariqah del s.XVIII. La ascensión fue muy rápida. La murallas de la fortaleza se erguían sobre la cresta de la montaña, dominando la ciudad. Apenas se conservaban dos torreones. Al lado había una gran estatua de una mujer armada con una espada, como protegiendo la ciudad. Después de disfrutar de las vistas de la Catedral, de las numerosas iglesias y los tejadillos rojos con el río al fondo, bajamos por las escaleras hacia el centro.


Recorrimos la calle Rustaveli, admirando los edificios regios. Había comercios de lujo, cafés y restaurantes. Al principio estaba la Academia de las Ciencias con un mercadillo de puestos callejero con gorras, joyas, imanes, iconos y objetos religiosos. Otros de los edificios imponentes era la Ópera House, el Teatro Rustaveli y el Parlamento, con altas columnas. Llegamos a la Plaza Liberty, con una columna central con una estatua de San Jorge matando al dragón.






Callejeamos por el distrito medieval. Nos gustaron los balcones de madera labrada con filigranas, eran encajes de carpintería. Todos diferentes, pintados de colores crema, verde, azul, blanco. Otros eran de forja de hierro. Muchos edificios necesitaban una buena restauración, había paredes abombadas, escaleras torcidas y balcones ladeados, pero seguían siendo bellos. Encontramos una casa de madera verde con porches y vidrieras de colores que le daban una atmósfera especial.




La Torre del Reloj era una muestra de la arquitectura medieval. Estaba inclinada y apuntalada por una viga metálica. Tenía mosaicos de colores incrustados en su piedra. Al tocar la hora se abrían las compuertas del reloj y salía un angelote. Parecía de cuento.

Al pie de la Torre había un Teatro de Marionetas, un espectáculo con tradición en la ciudad. Vimos las cúpulas de los Baños Reales, reconstruidos con ladrillo rojo. Nos fijamos en los detalles de las fachadas antiguas como pomos, gárgolas, escaleras, y otros detalles ornamentales de la forja de hierro.








La ciudad también tenía una parte nueva como el puente ondulado que encontramos en un parque, todo un contraste, tradición y modernidad. Tblisi nos enamoró, una capital del Cáucaso muy interesante y especial.




jueves, 19 de septiembre de 2013

EL LABERINTO DE CUEVAS




La montaña estaba agujereada como un queso de gruyere. Vardzia fue una ciudad-cueva construida en el s. XII por el rey Giorgi III, y su hija la reina Tamar estableció allí un Monasterio. Llegó a tener trece pisos subterráneos y vivían 2000 monjes. Tenía 119 cuevas con 409 habitaciones, 13 iglesias y 25 bodegas de vino. Un terremoto en 1283 destruyó varias cuevas, y luego vinieron las sucesivas olas de invasores.

Era un laberinto de cuevas a distintos niveles, conectadas por escaleras de piedra y pasarelas. El interior de las cuevas no era demasiado grande. Los frescos de las paredes apenas se conservaban, pero si habían quedado numerosos nichos y hornacinas. En alguno de ellos los visitantes o los monjes habían dejado velas encendidas, que ennegrecían la piedra. También encontramos nidos de aves.


 
 
Pasamos por una galería subterránea de escalones y techos bajos y llegamos a una iglesia en el centro de la montaña. Era la Iglesia de la Asunción, con un pórtico con dos arcos de los que colgaban tres campanas. Un monje barbado abrió con su llave el portón de madera de la Iglesia. En ella se conservaban unos bonitos frescos murales y encontramos lo habitual en las iglesias ortodoxas: el altar cerrado, iconos, palmatorias de bronce, incensarios colgantes, libros…


 
Quise preguntarle al monje cuantos religiosos vivían en el Monasterio y le dije si hablaba inglés. Me contestó que no, pero cuando más tarde le pregunté el precio de unas velas me entendió perfectamente, y mirándome con cierta sorna me dijo claramente el precio en inglés.
Luego nos enteramos de que sólo vivían cinco monjes allí. Nos lo contó una monja joven a quien compramos un yogur cremoso muy rico elaborado por las monjas de otro monasterio cercano. Ellas tenían un huerto, cultivaban flores, y criaban truchas. Las monjas vivían tranquilas en aquel recinto repleto de flores, y eran más conversadoras, aun habiendo elegido aquella vida de retiro y aislamiento.



 
© Copyright 2014 Nuria Millet Gallego