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domingo, 31 de octubre de 2010

CURIOSIDADES CHINAS



 
En nuestro viaje por China encontramos estas coloridas sillas de mimbre transportadoras de bebés. No eran muy ergonómicas, pero los niños parecían sentirse a gusto trasladándose en las espaldas de sus madres o abuelas.
 




Este era el equipo de incendios en épocas antiguas. Palas y cubos para el agua, para combatir el fuego, colocados con una cuidada simetría. Los encontramos en una de las casas museo, propiedad de un mercader rico, de la ciudad de Pingyao, que era Patrimonio de la Humanidad.

 

El Estadio Olímpico de Beijing (Pekin), conocido como El Nido por su estructura de entramado metálico de acero, que recuerda esa forma. Los recién casados se hacían fotos ante el estadio.



Una destilería de vinos y licor de arroz, con grandes tinajas de cerámica esmaltada con caracteres chinos. Encontramos muchas de ellas, esta es de la ciudad de Fenghuang.
 
 
 
Y para terminar, la sonrisa de las tejas milenarias de la ciudad de Xian, la de los guerreros de piedra. ¿Por qué sonreirán? Tal vez puedan ser un símbolo de la nueva China.
© Copyright 2010 Nuria Millet Gallego

miércoles, 27 de octubre de 2010

LOS PINÁCULOS DE ZHANGJIAJIE






La primera vez que vimos los picos desafiantes del Parque de Zhangjiajie nos pareció estar dentro de un sueño. El parque estaba formado por 230 picos rodeados de 300 peñascos rocosos. Era un paisaje único y las formaciones rocosas parecían el capricho de un dibujante. La roca cárstica tenía tonos dorados y grisáceos, con estratos. Los pinos se agarraban a las grietas, y además de en la cima crecían en las paredes verticales y en sitios inverosímiles. No pude evitar intentar dibujar las aristas de los picos. Había sido declarado Patrimonio de la Humanidad desde 1990.





Los picos aparecían envueltos entre las brumas, pero también los vimos con sol y cielo azul. Eran curiosos los nombres con los que habían sido bautizados: el Pico de los Cinco Dedos, Cinco Mujeres visitando al Generalísimo, los Dos Amantes, el Puente hacia el Cielo y muchos otros. Fuimos rodeando las cimas, de mirador en mirador, subiendo y bajando escaleras.

Había un Elevador, un ascensor de varios módulos verticales, que horadaba la roca. El teleférico, con cabinas para seis personas, era aún más impresionante que el Elevador. Estábamos suspendidos a cientos de metros por encima de la vegetación boscosa, y a veces parecía que la cabina iba a estrellarse contra un pico de lo cerca que pasábamos. Nos asombró la magnitud del paisaje y la altura desde la telecabina.





Dedicamos casi tres días para recorrer el parque. En la parte baja caminos empedrados atravesaban el bosque, entre cientos de turistas chinos. Las niñas se hacían fotos con coloridos vestidos tradicionales. Cuando decidimos subir escaleras hasta una plataforma fue cuando nos quedamos absolutamente solos. Creo que subimos unos 3800 escalones. Repusimos fuerzas comiendo castañas asadas mientras contemplábamos el paisaje.

En la entrada principal había una pantalla gigante que ofrecía imágenes del parque y de la película Avatar que se rodó allí. Descansamos abajo y nos despedimos de los impresionantes picos contemplando el baño de los monos en el río en un atardecer soleado. Fue uno de los lugares imposibles de olvidar.

 

© Copyright 2010 Nuria Millet Gallego

domingo, 24 de octubre de 2010

NAVEGANDO ENTRE LAS GARGANTAS DEL RÍO YANGTSÉ

  


 
A las siete de la tarde embarcamos en el Tao Jin, entre cientos de chinos. Salimos a la cubierta exterior de popa, nos sentamos en una mesa y nos sirvieron té. A nuestro alrededor los chinos comían cacahuetes, pollo y cerveza. Otros jugaban a cartas.
Zarpamos de Chongqing ya anochecido, la ciudad se iluminó y en sus rascacielos surgieron luces de fantasía. Por detrás de una colina vimos fuegos artificiales, como si celebraran la partida. El río Yangtsé o río Azul, de 600km de longitud, es el mayor de China y del continente asiático. También es el tercer río más largo del mundo, tras el Amazonas y el Nilo.



 
Durante los tres días (y tres noches) de travesía por el río Yangtsé hicimos varias paradas para visitar templos centenarios. Primero paramos en una montaña frente a la gran ciudad de Fengdú. Desembarcamos y a través de largas pasarelas metálicas ascendimos la montaña. El lugar era conocido como la "Ciudad Fantasma" por ser la morada de espíritus y fantasmas. Leímos que la ciudad se inundó en 2009.
Encontramos edificios con tejadillos, pabellones con puertas circulares y pagodas con incensarios de bronce, entre cuidados jardines. En el Palacio de los Fantasmas había estatuas de espíritus malignos, algunas atormentando a los infortunados humanos. Los jardines tenían cientos de macetas individuales con coloridas flores formando parterres y dibujos. Pensamos que con las nevadas y temperaturas frías, las macetas podían trasladarse a invernaderos para protegerlas. Lo bonito de la Ciudad Fantasma" eran sus construcciones de estilo chino y el entorno muy verde y dominando el río.


A las ocho de la tarde paramos en el Zhang Fei Temple, sobre una colina boscosa. Lo visitamos de noche, iluminado y lleno de misterio. En el interior albergaban esculturas de dioses y grandes tablillas de pizarra con caracteres chinos de calígrafos y poetas antiguos.



Otro día desembarcamos y un autobús nos llevó hasta el Templo Baidi Ching. Subimos muchas escaleras, entramos por una gran puerta amarilla decorada con pinturas murales y paseamos por pabellones y jardines. Lo bonito eran las edificaciones con tejadillos y pagodas. En el interior había esculturas pintadas que parecían de cartón piedra y reproducían escenas bélicas e históricas.
 


Pero lo más impresionante fue el paisaje. Las Tres Gargantas eran un desfiladero de paredes verticales de 900m de altura, repletas de verde vegetación. En Wushi cogimos una pequeña barca, cubierta con cañizo, para recorrer una garganta más estrecha en un afluente del Yangtsé. Las paredes eran de roca amarilla y gris y la vegetación aún era más abundante. 

Las hendiduras de la montaña estaban cubiertas por una hojarasca verde y mullida, que disfrazaba la profundidad de las grietas. El agua, que en el Yangtsé era marronosa, aquí era verde intenso. Ante nosotros las altas paredes parecían cerrar el curso del río, pero era un efecto óptico, y la barca giraba y seguía su paso.



 
En las paredes se veían grutas y cuevas, y las formas de los picos estaban esculpidas por los vientos con formas curiosas, de interés geológico. Habían construido largas pasarelas adosadas al acantilado, por encima del río. Paramos en un antiguo asentamiento, del que quedaba un templo y una fuente de agua fresca, que traía suerte a todos el que la bebía y se lavaba las manos o la cara en ella.

Desembarcamos en Yichang, el destino final. Nos despedimos del Tao Jin y en autobús fuimos hasta la Gran Presa del río Yangtsé. La consideraban el mayor proyecto de ingeniería desde la construcción de la Gran Muralla. Y probablemente lo sería, dada la complejidad y las dimensiones de su construcción. Con ese macroproyecto se evitaron muchas muertes que causaban las grandes inundaciones en la zona, pero había obligado a más de un millón de personas a desplazarse y supuso la desaparición de muchos pueblos. Aunque la belleza del paisaje de las Tres Gargantas y del curso del río Yangtsé permanecía.

© Copyright 2010 Nuria Millet Gallego

LAS CUEVAS DE MAIJI SHAN

 




Un día gris y con llovizna partimos de Xian en tren hasta Tianshui. El trayecto duró unas tres horas, y al llegar, los dioses nos sonrieron y salió el sol. Las cuevas estaban excavadas en una gran montaña de roca rojiza. Varias pasarelas y escaleras en espiral permitían el acceso. El entorno estaba muy verde y la ascensión permitía ver el paisaje.

Había dos grupos de tres grandes figuras verticales de Buda. Las estatuas de las cuevas conservaban los pigmentos rojos, azules, ocres…eran las más cromáticas que habíamos visto hasta entonces. Vimos el proceso de elaboración de las estatuas: primero hacían un modelo esquemático con madera, después lo cubrían con cañas y finalmente lo recubrían con capas de arcilla y escayola.





Se inició su construcción en el s. IV, pero varias dinastías habían añadido esculturas. Se consideraban los complejos budistas más antiguos de China. Sobre su construcción leímos que no estaba claro si habían utilizado andamios de madera para acceder a tanta altura, o habían acumulado piedras.

En la parte alta había un corredor con nichos ocupados por varias figuras y protegidos por una cornisa de roca. Parte del corredor alto se había derrumbado, tras haber sufrido varios terremotos. La altura impresionaba y el fuerte viento provocaba ruidos en las escaleras. En las paredes terrosas los visitantes colocaban billetes pequeños de yuan, sostenidos por ramas. Tal vez en petición para que no sucedieran más terremotos o como ofrenda a los dioses para conseguir una vida mejor, peticiones que igualan a todos los creyentes en cualquier lugar del mundo.

 

© Copyright 2010 Nuria Millet Gallego

jueves, 14 de octubre de 2010

LOS OSOS PANDA CHINOS


 
Desde Chengdou fuimos en una furgoneta hasta la Reserva del Panda Gigante, a unos 10km. El Oso Panda está considerado uno de los mayores mamíferos del mundo. Sólo quedaban unos 200 ejemplares en zoos, según leímos. En sus orígenes la especie fue carnívora, como otros osos, pero se adaptó a la dieta de bambú. Dado su tamaño necesita grandes cantidades de bambú para cubrir sus necesidades nutricionales.





Nos adentramos en un camino boscoso. En algunos tramos las altas cañas de bambú se curvaban formando un arco de bóveda sobre nosotros. Vimos a los primeros ejemplares de Panda comiendo tallos de bambú, sentados en la hojarasca. Resultaban graciosos con sus movimientos lentos y algo torpes. Las orejas eran negras y alrededor de los ojos también tenían una mancha negra, como un parche. El pelaje era blanco con franjas negras en el lomo y las patas. Leímos que el color del pelaje era una adaptación al paisaje nevado.

Los vimos jugar entre ellos, abrazarse y rodar juntos, quedarse panza arriba y rascarse contra la corteza de los árboles o con sus garras. Trepaban por los troncos, pero procuraban economizar movimientos, ya que dormían unas dieciséis horas al día. Por eso era mejor ir a primera hora, tal como hicimos, para verlos más activos.


 
Visitamos la guardería de la reserva, donde tenían varias crías dormitando. Disponían de incubadoras y de todos los recursos. Nacían sonrosados y tan pequeños como una mano, al mes les crecía el pelo y a los seis meses ya comían. Parecía increíble que se desarrollaran hasta alcanzar su gran tamaño. Pero otras sorpresas mayores nos esperaban en China.
 
© Copyright 2010 Nuria Millet Gallego

viernes, 8 de octubre de 2010

EL GRAN BUDA DE LESHAN




 
Subimos escaleras de piedra por la montaña y aparecimos a la altura de la cabeza del Buda. De repente me encontré junto a una oreja de siete metros. El Buda de Leshan era impresionante, con sus 71m. de altitud, el más alto del mundo. Estaba esculpido en la pared de un acantilado en la confluencia de los ríos Dadu y Min. Era del s. IX y se construyó como protector de los pescadores. Considerado Patrimonio de la Humanidad, había sido restaurado en 1987 y su nariz, tal vez por ser más prominente y expuesta a la lluvia, estaba más oscura que el resto de la cara.





Estaba sentado con las manos sobre las rodillas y sus dedos medían 8,5m. El entorno era verde y húmedo, con abundante vegetación. En las paredes de roca rojiza crecía musgo esponjoso. La niebla lo envolvía y le añadía misterio. Bajamos hasta los pies del Buda por una escalera en zigzag, junto con cientos de chinos. Los barcos pasaban frente a él pero el día estaba bastante brumoso y dificultaba la visibilidad.

El Buda nos miró majestuoso desde su altura, con una sonrisa enigmática. Nos despedimos de él y continuamos el camino por la montaña ajardinada. Entre las cuevas del Parque Oriental nos esperaban las tres mil estatuas de Budas asiáticos, un capricho de los artistas chinos.

 

© Copyright 2010 Nuria Millet Gallego

miércoles, 6 de octubre de 2010

BOCADITOS CHINOS CALLEJEROS




 
De todos es sabido que la cocina china tradicional es toda una experiencia. Hay que degustar los platos con todos los sentidos. La cultura milenaria china se expresó en el arte y en la gastronomía, que para muchos, es otra forma de arte.
Quiero reunir aquí una muestra de los puestos callejeros que encontré. Me llamaron la atención las piruletas de crujientes camarones con cáscara incluida, y los pinchos de pequeños cangrejos, algo incómodos para comer por la calle.






El pato lacado, un plato imperial, también puede encontrarse en los puestecillos populares. Su color naranja intenso se debe a la salsa hecha de miel y soja, que aplican con un pincel. Aunque creo que los de la foto son muslitos de pollo preparados de forma similar.

Otra posibilidad eran los variados pinchos vegetales con tiras de pimientos, lechuga, zanahoria, setas y otras verduras. Los fideos chinos o noodles, y el arroz acompañan todos los platos.


 
 
 
Por aquí decimos que “todo lo que corre o vuela, a la cazuela”, pero en China habría que añadir todo lo que repta, salta, o todo bicho viviente. Paseando una noche encontramos toda una calle en la que uno de los platos estrella eran las orugas a la plancha, tostaditas y más gruesas que uno de mis dedos. Frescas, eso sí, porque no paraban de moverse en la bandeja.
Acabo con un plato de restaurante, de presentación exquisita: dados de pollo, calabacín y anacardos, acompañados de escarola con una flor lila, delicadeza de la casa.
Buen provecho!


 
© Copyright 2010 Nuria Millet Gallego